Amanece un nuevo comienzo

Dele al Señor las primicias

Por Mario Guzmán

El rey David después de haber pecado es confrontado por el profeta, se arrepiente y ora de esta manera: “Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, y renueva un espíritu recto dentro de mí” (Salmos 51:10).Llegó un punto en la vida de David que reconoció que necesitaba un corazón nuevo y limpio. ¿Por qué no lo había pedido antes? Porque David sabía que le costaría mucho. Él conocía que Dios podía crear un corazón nuevo y limpio dándole sepultura al corazón sucio, pero para que haya un nuevo comienzo le debemos de dar fin a lo existente. En la muerte de las cosas se encuentran los nuevos comienzos y en los nuevos comienzos está el poder de la creación.

Muchos de nosotros deseamos grandes cosas para nuestra vida, nuestra familia y ministerios, pero no estamos dispuestos a darle sepultura a áreas que carcomen nuestro ser interior. David, siendo rey y con un sinnúmero de responsabilidades, no tenía un corazón limpio. En ese mismo escenario podríamos estar nosotros como esposo, esposa, padres, ministro o líder sin tener un corazón correcto ante lo que somos, hacemos y tenemos. Para que el poder de Dios se manifieste en nosotros debemos morir a nuestras emociones, sentimientos, religiosidad, costumbres y tradiciones. En el principio nosotros no éramos y Dios creó, ahora podemos desaparecer para que Él cree en nosotros un corazón limpio. La muerte anuncia un nuevo principio y la creación de grandes cosas. El poder creativo de Dios añadirá todo lo que nos falte cuando detenemos todo y volvemos a iniciar.

Pertenecíamos a un equipo misionero en España, y después de varios años el equipo comenzó a desintegrarse. Quedamos mi esposa y yo con nuestra hija de 1 año. Estábamos decididos a regresar a Puerto Rico, pero después de orar fervientemente por dirección, el Señor nos reveló que lo que sucedía era parte de un proceso en nosotros. La realidad es que ese proceso nos desarmó por completo. Tuvimos que morir a nuestros deseos y a nuestra vida. Pero a la vez que moríamos a nosotros mismos Dios fue acelerando su obra en nosotros. Comenzamos a experimentar un crecimiento sin precedente y definitivamente hubo una detonación espiritual en nosotros. Era mayor lo que Dios nos tenía preparado para después del proceso. Pudimos vivir la definición de morir a nosotros mismos.

En cada fin nace un comienzo. Debemos provocar el fin de muchas cosas para que tengan lugar los comienzos que tanto hemos esperado y necesitado.

La primicia es lo primero de una cosecha. Las cosas que tengamos pueden convertirse en primicias o en el sobrante. Cuando logramos convertirlas en primicias tenemos la seguridad que sobre ellas estará el favor de Dios y el poder de crear lo que haga falta. Jesús enseñó a sus discípulos a dedicarle a Dios lo primero (Mateo 6:33). Cuando le entregamos la primicia de nuestra vida, Él añade lo que nos falte y si lo que nos falta no existe, Él lo crea y lo añade. El sistema y la filosofía del mundo está dirigida a buscar las añadiduras, pero en el sistema del Reino de Dios las añadiduras siguen a los que dan sus primicias al Rey.

Honra al Señor con tus riquezas y con los primeros frutos de tus cosechas. Así tus graneros se llenarán a reventar y tus bodegas rebosarán de vino nuevo (Proverbios 3:9-10).

El deseo de Dios es que nuestros graneros estén llenos, y esto es el resultado de nuestras primicias. Esta promesa no va dirigida a la siembra, sino al granero. El milagro de la abundancia lo provocan las primicias. La multiplicación no se refleja en la siembra sino después. “Bienaventurado el que no vio y creyó”. Dar honra primero a Dios con nuestros bienes es un privilegio. El enfoque del autor no está en la cantidad ofrecida sino en el orden, en las prioridades y en creer. Dios recompensa nuestra fe y el lugar que le demos a Él.

De Baal Salisá llegó alguien que le llevaba al hombre de Dios pan de los primeros frutos: veinte panes de cebada y espigas de trigo fresco. Eliseo le dijo a su criado: ‘Dale de comer a la gente’. ‘¿Cómo voy a alimentar a cien personas con esto?’, replicó el criado. Pero Eliseo insistió: ‘Dale de comer a la gente, pues así dice el Señor: ‘Comerán y habrá de sobra’’. Entonces el criado les sirvió el pan y, conforme a la palabra del Señor, la gente comió y hubo de sobra (2 Reyes 4:42-44).

Este hombre de Baal Salisá provocó una creación de nuevos panes al convertirlos en primicias. Este hombre sabía el código de la creación y de la multiplicación. Sabía que Dios creaba en el principio y convirtió las sobras de otros en primicias. Muchas de las cosas que el Señor nos confía tienen la capacidad de convertirse en primicias para Él. Si logramos convertirlas en primicias veremos una provisión milagrosa al igual que este hombre de Baal Salisá. Dios mismo nos dirige para que entreguemos primicias a Él con la intención de multiplicar el fruto de nuestras manos. Él siempre estará interesado en las primicias de lo que nos da. El Señor nos llevará una y otra vez a entregar las primicias, no porque Él las necesita sino porque nos quiere bendecir. Él nos dirigirá a grandes bendiciones; Él nos dirigirá a entregarle lo primero.

La oración es poderosa, pero la oración de mañana desata una unción creativa. El salmista expresó: proclamar tu gran amor por la mañana, y tu fidelidad por la noche (Salmos 92:2).Cuando oramos antes de hacer cualquier cosa estamos ofreciendo primicias del día a Dios. Al principio del día anunciamos su misericordia y en la noche será inevitable decir: “Dios ha sido fiel”. ¿Qué ocurre durante el día? El favor de Dios se manifiesta en ese día de primicias.

En Egipto el Señor habló con Moisés y Aarón. Les dijo: Este mes será para ustedes el más importante, pues será el primer mes del año’” (Éxodo 12:1-2).En este momento Dios inicia un año nuevo, preparando al pueblo para la pascua. En otras palabras, el Señor decía prepárense para despedir el año. Mañana será otro día, otro mes y otro año.

Hay momentos en nuestra vida que Dios nos dice así. Cuando Él decide que termine un año o una temporada en nuestra vida, Él lo hace. Así que debemos prepararnos para una nueva temporada y el principio de otra. Antes de crear algo en nuestra vida, Dios provocará la sepultura de áreas de la misma.

Al establecer prioridades estableceremos el principio de creación. Nuestra vida, familia y ministerios necesitan el poder creativo de Dios para alcanzar madurez y altura espiritual. Al establecer prioridades le daremos fin al desorden y a las consecuencias del mismo, preparando un tiempo de refrigerio. Dios quiere manifestar las primicias del Espíritu Santo en nosotros y en todo nuestro entorno (Romanos 8:23).

Entreguemos a Dios nuestro estilo de vida para obtener uno mejor. Estableciendo prioridades llegaremos más lejos en menos tiempo, preservando la pasión y fuerzas. ¡Establezcamos el “principio” de grandes cosas!

 

Por Mario Guzmán
Tomado del libro: Prioridades
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