Ábrase a los Milagros

No le de lugar a la incredulidad

Por Joan Hunter

Uno de los aspectos más importantes de recibir y mantener un milagro es saber que “Jesucristo es el mismo ayer y hoy y por los siglos”(Hebreos 13:8). Debe creer que lo que Él hizo ayer, lo hará hoy y lo seguirá haciendo mañana. Revisamos treinta y siete milagros específicos narrados en los evangelios. Sin embargo, solo el hecho de aceptarlos y creerlos con su mente no es suficiente. Hasta que Dios no le dé una revelación fresca de estos milagros, las palabras siguen siendo solo información, nada más. Una vez que reciba el entendimiento espiritual de Dios, cobrarán vida dentro de usted.

Algunos eruditos cristianos creen y enseñan que los milagros de Jesús fueron acontecimientos asilados y limitados al tiempo del relato bíblico. Sin embargo, esta creencia contradice la verdad de Hebreos 13:8. Creo que sus milagros han estado tan activos cada día desde que hizo el primer milagro: convertir el agua en vino en la boda de Caná (Juan 2:1-11).

El problema no es que sus milagros hayan cesado sino que nosotros no hemos reconocido sus obras en el mundo. Pero sin lugar a duda, la poderosa mano de bendición está actuando a su alrededor, derramando milagro tras milagro.

¿Está Jesús aún ocupado trabajando entre su pueblo? Claro que sí. Los milagros suceden en todas partes. No están reservados para la Iglesia o para el liderazgo de ella. Y si Jesús vive en usted, entonces puede orar y ver los mismos resultados, sin importar dónde esté. Ya sea que estemos volando por el país en un reactor, en un submarino por las profundidades del océanos o en la jungla más espesa de la tierra, Dios oye nuestras oraciones y derrama bendiciones como respuesta. La gente es sanada de todo tipo de problemas: emocionales, físicos, mentales, económicos, etc., en toda la tierra. Sus bendiciones alcanzarán a sus hijos, donde quiera que estén.

Muchas personas me preguntan por qué parece más fácil para algunos países que para otros. Vemos los mismos milagros y sanidades en nuestros servicios, sin importar en qué parte del mundo estemos ministrando. Sin embargo, es cierto que en el mundo occidental siempre tenemos una solución “alternativa”. Tenemos hospitales, programas de seguros médicos, pastillas y otros remedios modernos que no están disponibles en el extranjero. Los enfermos en los países del Tercer Mundo creen que su única esperanza es Jesús y acuden a Él con desesperación, ¡y Él responde sanándoles! Tampoco tienden a ser vergonzosos  a la hora de compartir sus milagros con otros.

Nuestra oficina ministerial recibe cientos de testimonios cada mes de milagros por todo el mundo. Algunos ocurren inmediatamente, mientras que otros tardan más tiempo en manifestarse. Pero todos demuestran una gran verdad: todo el que busca, halla. Todo el que llama consigue pasar por la “puerta” que da acceso a las bendiciones de Dios (Mateo 7:7-8; Lucas 11:9). La libertad y la sanidad están disponibles en cada área de la vida, así que usted solo tiene que pedir.

¡Todos podemos!

Escuché sin quererlos una discusión entre unos cuantos empleados de nuestro ministerio, Joan Hunter Ministries, en la que alguien comenzó una frase: “Todos sabemos que no caminamos en…”. Yo interrumpí y terminé la frase: “… la misma unción y poder que yo”. Inmediatamente corregí esta falsa idea, explicando: “Primero, usted es creyente. Dios ha dado a todos los creyentes la unción y el poder para sanar a los enfermos. Segundo, usted está bajo la cobertura de este ministerio. Eso significa que camina y ora con la misma unción y poder con la que yo camino, ya sea en el trabajo o en casa”.

A los pocos días, la verdad de ese hecho quedó claramente demostrado. Una señora llamó a la oficina para orar. Estaba muy decidida a hablar conmigo y solo conmigo. Estaba convencida de que solo mis oraciones podrían ayudar en su situación. La persona voluntaria en el teléfono finalmente le convenció para aceptar que otra persona que no era yo orase por ella. Después la voluntaria explicó: “Comencé a orar por una espalda nueva. Pude ver la columna vertebral entrando en mi oficina a través del teléfono. De repente, la señora al otro lado del teléfono gritó: ‘¡Tengo una nueva columna! ¡Tengo una nueva columna!”.

Las líneas telefónicas solo las supervisan personas cualificadas en el ministerio. Ellas han recibido una enseñanza mía, han ministrado conmigo y están bajo una mentoría regular. Cada empleado termina una serie de clases de ordenación e impartición poco después de ser contratado. Todos caminamos en un espíritu de unidad total, multiplicando así la unción y el poder en el trabajo cuando ministramos a otros.

Los principios que enseñamos en nuestro ministerio no son distintos de los pasos que Jesús enseñó en La Biblia. ¡Esto significa que usted también es apto para ministrar sanidad a otros! Sí, Jesús se está moviendo en su iglesia: ¡en usted! Dios quiere usar a sus hijos: ¡a usted! ¿Está preparado? ¿Está listo? ¿Está dispuesto? Mientras avanzamos, exploraremos los requisitos bíblicos para recibir y ministrar los dones de Dios, incluyendo sanidades milagrosas.


Autor: Joan Hunter
Tomado del libro: Mantenimiento de milagros
Editorial: Whitaker

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