Nuevo tiempo para la Argentina

Una palabra profunda para nuestra nación en este año

Por Carlos Mraida

Dios nos da la tarea de discernir los tiempos. Estamos en un nuevo tiempo en la Argentina. Y tenemos que aprender a discernir ese nuevo tiempo, y nuestro rol como Iglesia y como creyentes.

Voy a hacer una sencilla lectura pastoral-profética de la historia. Una lectura profética porque cada etapa es como una ola. Para que haya una ola tiene que soplar el viento que agite la superficie del agua. Y la ola se propaga porque la energía se transmite con ella. La ola no regresa al mismo punto. Si no a uno un poco más adelantado. Necesitamos en esta nueva etapa que otra vez el Espíritu Santo sople su viento y establezca una nueva ola. No empezará en el lugar ni de la forma de los 80. Ni volverá a los 2000. Sino que empezará donde hoy estamos para generar un nuevo avance de su Reino. La energía del poder del Espíritu hará que su obra se propague en nuestra nación. El Espíritu Santo soplará y generará una nueva ola que traerá el avivamiento con transformación que esperamos. Y una lectura pastoral porque necesitamos aprender a nadar en la nueva ola.

 

Dios y la historia

Lo primero que debemos entender y afirmar es que Dios interviene soberanamente en la historia. No siempre como a nosotros nos gustaría que lo haga. Porque nuestra visión es absolutamente limitada, egoísta y pasajera. Todo lo que sucede ocurre bajo el control absoluto y soberano del Señor del tiempo y de la tierra. Nada escapa de su control.Los cristianos por lo tanto, reconocemos que en cada circunstancia, en cada evento –bueno o malo, sublime o trágico–Dios siempre está obrando.Así, lo que nosotros vemos como negativo en un determinado momento de la historia es solo nuestra percepción. Pero si adoptamos el punto de vista de Dios, esos “acontecimientos negativos” forman parte de un plan divino más amplio.

Lo segundo que debemos entender y afirmar es que todo lo que sucede es orquestado por Dios con un propósito santo y eterno. Él nunca obra por capricho o sin propósito. Nada es resultado del azar o “del destino”.

Su soberanía nos asegura que todo lo que sucede es significativo porque sucede para promover el avance de su propósito eterno. Así que continuamente nosotros tenemos que hacer el ejercicio de no quedarnos solo con los acontecimientos, sino ver hacia dónde Dios dirige su obrar en medio de esos sucesos.

Lo tercero que debemos entender y afirmar es que todo lo que sucede en la historia Dios lo hace apuntar hacia la persona de Jesucristo. Efesios 1:9-10 dice: Él nos hizo conocer el misterio de su voluntad conforme al buen propósito que de antemano estableció en Cristo, para llevarlo a cabo cuando se cumpliera el tiempo: reunir en él todas las cosas, tanto las del cielo como las de la tierra”. La historia tiene una dirección de progreso tendiente a un fin previsto por Dios, y es la reunión de todas las cosas en Cristo Jesús, el Señor de la historia.

 

Mi lectura

La lectura de la historia reciente de nuestro país que voy a hacer no tendrá como intención la interpretación política, porque no corresponde que yo use este medio, porque soy un pastor y no un politólogo y porque la información con la que contamos es absolutamente limitada. Porque como afirmó Michel Foucault, generalmente la historia la escriben los vencedores, y al hacerlo suprimen la percepción de los que piensan diferente o son derrotados. Así que según sea la historia que leamos será nuestra interpretación. Pero la lectura que haré en estas líneas, es de tipo pastoral y profética, y la única intención que tiene es tratar de ayudarte pastoralmente a vivir este tiempo, y ver lo que Dios quiere hacer con nosotros como Iglesia en este país en este tiempo.

Para ello voy a hacer un paralelismo con el antiguo Israel. En su historia, uno ve tres etapas en sus comienzos, y voy a compararla con los últimos 32 años de la historia argentina, porque es la que nos tocó vivir a la mayoría de nosotros. Obviamente este paralelismo es absolutamente arbitrario y subjetivo. La primera etapa de la historia de Israel es la de Egipto, la segunda es la del desierto, y la tercera es la de Canaán.

 

Egipto-Argentina 1983 a 2001

La primera etapa es la de Egipto. Y fue una etapa humanamente hablando negativa porque fue el tiempo de la esclavitud, de la opresión del imperio de turno sobre el pueblo de Dios. Sin embargo, cuando uno entiende que Dios siempre guía los procesos históricos para bien de su pueblo y de la humanidad toda, entonces puede ver que en medio de esa situación absolutamente negativa, Él hacealgo que conduce al bien de su Pueblo. Dios no perdió el control de la historia, no se lo cedió al faraón, sino que por encima de lo humano Él conducía la historia hacia su propósito.

Quiero comparar la etapa de Egipto con el inicio de la democracia hasta fines del siglo pasado en la Argentina y comienzos de este siglo. Egipto, antes de ser símbolo de esclavitud, fue símbolo de provisión de Dios para José y su familia. José introduce a Israel a Egipto para sobrevivir al hambre de toda la tierra.

Empezamos nuestra reciente historia democrática creyendo que “con la democracia, se cura, se come y se educa”. Así entró José a Egipto para responder a las necesidades básicas de su familia. Pero de pronto llegamos al 2001, con una crisis en la que muchos no tenían para comer, un altísimo porcentaje de la nación estaba sin trabajo, por debajo de la línea de la pobreza y sin cobertura de algún tipo.

¿Por qué Egipto, que fue provisión, se convirtió en esclavitud? La razón que yo creo es que el proceso lo lideró un esclavo. José fue un líder extraordinario, llegó a ser el número dos del faraón, pero fue un esclavo. Entró como esclavo y lo que enseñó a su gente fue a sobrevivir en lo material. Le enseñó al faraón a administrar para los tiempos de escasez, pero luego,como alguien que tiene mentalidad de esclavo, cuando tuvo poder trató a los demás como esclavos. Y usureramente explotó al pueblo quitándole el ganado, las tierras y aún hizo que la gente entregara a su hijos como esclavos en el tiempo de hambre (Génesis 47). Y como todo lo que se siembra se cosecha, el poder de Egipto que explotó a la gente en los tiempos de José,también explotaría luego a los hijos de José.

Cuando creemos que el centro de la vida de una nación es solo cómo respondemos a las necesidades básicas y nada más, caemos en la esclavitud. Y allí lo único que cuenta es aprender a sobrevivir. El famoso “dame dos” de la época revelaba únicamente esa mentalidad de carenciados. Y así vivimos en la década de los 90 y principios de este siglo, tratando de sobrevivir a la crisis. Pero no todo es negativo en los tiempos de crisis. Allí Dios interviene. Fueron los años de salvación del mayor número de personas de toda la historia de la Argentina. Porque cuando los hombres viven tiempos de crisis son más conscientes que nunca que necesitan de Dios. Igual ocurrió en Egipto. Lo maravilloso del tiempo en Egipto fue que se produjo el Éxodo, la intervención salvadora de Dios para su pueblo.

Las crisis nos enseñan muchas cosas. Solo quiero destacar dos:nos obligan a aprender a sobrevivir y nos enseñan el poder nefasto del individualismo. Porque nos dice que la lucha por la supervivencia, es la del más fuerte, del sálvese quien pueda, de salvarme yo a costa de los demás, sin darnos cuenta que es solo más esclavitud. Para que pudieran experimentar el Éxodo salvador, fue necesario que ese rejunte de esclavos se convirtiera en un pueblo. Por eso dice La Biblia que Dios hizo del no pueblo, un Pueblo. Antes de ello, a pesar de ser muchos, de asustar a los egipcios por su número creciente, seguían siendo esclavos.

Así nos pasó a nosotros. Vivimos tiempos maravillosos de salvación de cientos de miles. Nuestro número creció al punto de “asustar” y llamar la atención a los extraños. Pero por tener una espiritualidad individualista, tuvimos muchos individuos que fácilmente fueron presa de Satanás. La década del 90 fue la década de la privatización, de la economía desencarnada, del individualismo del sálvese quien pueda y también de una fe privatizada, individualista, desencarnada, sin cuerpo, sin discernir la realidad de que somos un cuerpo, un pueblo. Pero Dios estaba escribiendo su historia, y nunca dejaremos de agradecer por esos años de salvación, crecimiento, expansión, de Éxodo.

 

El desierto-Argentina 2002 al 2015

Lo que siguió a Egipto fue la etapa del desierto. Normalmente creemos que el desierto es algo absolutamente malo en la historia. Pero no. El desierto fue la etapa en la que el pueblo de Dios confrontó su incredulidad con la capacidad de creer. En la que su líder tuvo que aprender a activar la palabra de fe para que ocurrieran los milagros. Fue la etapa donde ellos debían aprender a creerle a Dios. A conocer a un Dios de amor y esperar su provisión. Y fue el lugar en donde tuvieron que vivir cuarenta años y recibieron la provisión del cielo. Maná, codornices, agua de la roca, ropa que nunca se gastaba. Ellos no hicieron nada por tener todo eso, era provisión de arriba.

Es muy fácil juzgar a aquel pueblo por su dependencia casi mágica, pero cuando estás en el desierto no hay muchas otras alternativas: te mueres o recibes provisión de arriba. Quiero comparar esta etapa desde una perspectiva exclusivamente pastoral, a la que hemos vivido desde el 2002 cuando el presidente Duhalde asumió en medio de una crisis terminal de nuestra nación, hasta nuestros días. Fueron años donde los argentinos tuvimos que recibir provisión de arriba. Cuando los porcentajes de desempleo escalaron a niveles récords, cuando más de la mitad de los argentinos cayó por debajo del nivel de pobreza, y casi un 30% en la indigencia, cuando la moneda ya no existía como tal,sino que había varias cuasi monedas… cuando estás en un desierto se necesita provisión de arriba.

Hoy tenemos una imagen negativa de los subsidios, planes sociales, etc., pero sin ellos, hubiera sido imposible que muchísimos de nuestros compatriotas sobrevivan. Todavía hoy hay un sector importante de la población que necesita recibir provisión de arriba, por eso la promesa de campaña de todos los candidatos fue mantener los planes, mientras se genera más trabajo. Incluso los subsidios los recibimos todos, no solo el que tenía un plan social y estaba más necesitado. Todos fuimos subsidiados hasta hoy.

Pero el peligro del desierto es que uno se acostumbra a recibir la provisión de arriba.A todos nos gusta pagar menos aunque sepamos que nunca se paga menos, que lo que a uno no le cobran por un lado, se lo cobran por el otro, por inflación, por impuestos o por lo que sea. Pero a todos nos gusta que nos den. Sabemos que vivir subsidiados no es lo mejor. La palabra subsidio está compuesta por dos vocablos latinos:sub,debajo; sidiare, estar sentado. Es decir, vivir subsididados es vivir por debajo. Cuando uno recibe de arriba vive por debajo.

Sabemos que no es lo mejor, pero comparado con lo vivido anteriormente, es mucho mejor que lo conocido. Así sucedió con el pueblo de Israel. Estar en un desierto no es lindo para nadie, pero comparado con la esclavitud de Egipto es mucho mejor. Y como la generación del desierto es la que conoció lo peor, sabe que el maná es aburrido, que las codornices salen por las narices, pero también sabe que es mejor que lo conocido. El gran problema es confundir lo pasajero con lo definitivo. Tenían que pasar por el desierto, pero ellos se instalaron.

Fue una etapa necesaria para satisfacer necesidades individuales básicas, comida, agua, ropa, pero sin transcendencia. Todos clamaban por maná, por codornices, por agua. Nadie clamó por algo que trascendiera esas necesidades básicas. No habían superado la mentalidad de esclavos de Egipto. Y porque no tenían trascendencia, ninguno excepto Josué y Caleb, salieron del desierto. A ninguno le faltó lo básico, ninguno tuvo más que lo básico.

En Egipto eran el no pueblo. En el desierto ya eran pueblo, pero todavía no eran nación. Todavía estaban en la etapa en la que no hay conciencia colectiva de que son un cuerpo. En esa etapa, todavía hay enfrentamientos dentro del mismo pueblo y con su líder.

Algo parecido nos pasó como Iglesia en la Argentina. Después del gran crecimiento de finales del siglo pasado, nos establecimos, nos acomodamos, pero no trascendimos. Nació una nueva generación, pero gran parte de la generación ganada la perdimos en el desierto. Dos de cada tres creyentes evangélicos no se congregan. Y sabemos por La Palabra, que si no hacemos algo por ellos, están en el proceso en el que el diablo los lleve a la muerte espiritual. A que mueran en el desierto.

Muchos de ellos están lejos de la Iglesia porque las pruebas de la vida los decepcionó. Creyeron que todo sería maná de arriba. Les enseñamos a esperar milagros, pero no les enseñamos qué hacer cuando por alguna razón ese milagro no ocurría. Desarrollaron una fe mágica, y ahora algunos de ellos la experimentan en cultos satánicos.

A otros se los devoró Mamón, porque cuando uno se centra en un dios que responde a las necesidades individuales, y no en un Dios que quiere una relación personal con nosotros y para quien vivimos, el materialismo de este mundo, las riquezas y los afanes de este siglo, terminan comiendo la semilla.

Otros se apartaron porque como recibieron una fe privatizada e individualista, nunca se integraron al Cuerpo que es la Iglesia, y fueron succionados por relaciones del mundo y el miedo a experimentar soledad, rechazo, burla.

Otros se apartaron porque en el desierto no solo Moisés es líder, también Aarón, María y los de Coré. Y algunos fueron abusados, maltratados, ignorados, heridos por el liderazgo, por los hermanos, por la iglesia.

Pero Dios no abdicó del trono, y nos trae a conciencia de su dolor como Padre, y nos dijo el año pasado que está conduciendo esta etapa de la historia hacia el retorno de miles y miles a la casa del Padre, que el avivamiento que viene será primeramente de las ovejas de su pueblo que a su vez traerán con ellos a los que no conocieron al Señor. Cuando uno tiene una lectura cristiana de la historia, es decir, como un proceso guiado por Dios para su propósito, entonces cada etapa, a pesar de lo malo, tiene su favor de Dios.

 

Canaán-Argentina 2015 en adelante

Entramos a una nueva etapa. Permítanme llamarla Canaán. No la llamo la tierra prometida porque a nivel país, que sea o no una tierra donde fluya leche y miel dependerá de lo que el actual y los próximos gobierno y nosotros los ciudadanos hagamos con nuestro país. Y a nivel Iglesia también. Canaán significó para diez de los espías no tierra prometida sino tierra de derrota, de temor de frustración. Pero para los que como Josué y Caleb le creyeron y obedecieron a Dios, Canaán significó tierra que fluyó leche y miel. Así que dependerá de nosotros. Entonces, vamos a llamar a la tercera etapa Canaán. Y es la que empezamos a vivir ahora.

Lo primero que debemos aprender en Canaán es que se acabó la provisión de arriba. Dice La Palabra: Desde ese momento dejó de caer maná, y durante todo ese año el pueblo se alimentó de los frutos de la tierra” (Josué 5:12).Entramos en años donde poco a poco se acabarán a nivel mayoritario los subsidios, las ayudas, la provisión “de arriba”, donde debemos aprender a comer los frutos de la tierra de Canaán.

 

El nuevo aprendizaje

Cada etapa de la vida tiene un aprendizaje. En Egipto y en la época de la crisis, el adiestramiento consistió en aprender a sobrevivir en medio de la crisis. En la etapa del desierto y en los años del salir de la crisis, hubo que aprender a creer a vivir un día a la vez y a recibir la provisión de arriba.

Canaán requiere un nuevo aprendizaje. Hoy tenemos que aprender que no habrá provisión de “arriba” y que la comida será el resultado del trabajo de la tierra. Este será tiempo en que la Iglesia deberá enseñarle a la gente la cultura del trabajo. Ella no es solo aprender a trabajar para los que hace años viven de planes. Es mucho más.

La cultura del trabajo en la etapa que viene será aprender a trabajar con excelencia, con esfuerzo, será la capacidad de emprender, de competir. Porque lo que viene será entrar en ese mundo difícil, duro, de muchas posibilidades, pero donde para avanzar no habrá maná, ni codornices, ni agua de la roca, sino esfuerzo, trabajo, fruto de la tierra.

Me imagino lo duro que habrá sido para ellos. Dice:Desde ese momento dejó de caer maná”. Y dice: “nunca más tuvieron maná” (RVR60). Pero, ¡cuidado! No fue ajuste salvaje. Porque afirma que todos comieron del fruto de la tierra de Canaán. Para la Argentina Canaán será tierra prometida, si los gobernantes logran que todos coman del fruto de la tierra producto de su trabajo. De lo contrario Canaán será el inicio de otra vuelta de calesita que nos lleve al nuevo cautiverio. La historia nos dice que no fue Egipto, sino Babilonia, la nueva esclavitud.

Iglesia que no le enseñe a su gente a vivir en Canaán, que no le enseñe la cultura del trabajo, verá sufrir a su gente. Creyentes que no entiendan las señales de los tiempos y que quieran vivir en Canaán como se vivía en el desierto, van a sufrir mucho, y se desilusionarán con Dios, porque el maná cesó y nunca más vino.

El libro de la tierra de Canaán es el libro de Josué. Y el paso de lo individual a lo colectivo está muy marcado, muy enfatizado. La razón es que aquel pueblo que salió de Egipto como un rejunte de esclavos, como el no pueblo, y que en el cruce del Mar Rojo y luego en el desierto empezaron a ser un pueblo, ahora tenían que convertirse en nación.

Este tiene que ser el tiempo del abandono del individualismo tan típico y tan letal para nuestra historia, el abandono del sectarismo en donde la parte siempre pudo más que el todo, y consolidar nuestro sentido de nación en un proyecto nacional superador. Convertirnosenuna genera-ción que genera-nación. Poder establecer un proyecto serio a largo plazo, que establezca políticas de estado que respondan al sentir de la sociedad y no tan solo medidas espasmódicas de los gobiernos de turno.

 

Algunas enseñanzas

 

Cada creyente un miembro del Cuerpo

Para nosotros como Iglesia de Jesucristo en la Argentina, también hay aprendizaje.Al menos yo veo las siguientes lecciones a aprender.

La primera es que cuando el pueblo de Dios entró a Canaán, la gran tentación fue que se convirtiera a los valores y al estilo de vida de los pueblos que la habitaban. La Iglesia como comunidad debe mostrar otro estilo de vida. Debe abandonar definitivamente el evangelio privatizado, individualista que ha deteriorado tanto la vida de la Iglesia, permitiendo la mentira de que puede vivirse en relación con Dios sin Iglesia.

Debemos pasar de rejunte de creyentes con mentalidad individualista a ser nación santa, pueblo adquirido por Dios con una misión. Es tiempo de revalorizar a la esposa de Cristo, de amar a la Iglesia como Cristo la ama, de servirla, apoyarla, cambiarla y mejorarla. La tan golpeada, menoscabada Iglesia, sigue siendo el plan de Dios para la humanidad. No existe crecimiento personal sin estar bien unido y concertado al Cuerpo (Efesios 4.15-16).

 

Cada creyente un siervo de Dios

Debemos aprender a vivir en Canaán para que sea tierra que verdaderamente fluya leche y miel. El desierto es el lugar de vivir para cubrir las necesidades básicas sin trascendencia. El mundo en el que vivimos, el sistema en el que nos movemos y nos moveremos nos empujará a eso, a una vida hiperindividualista, narcisista y sin trascendencia.

El Evangelio es contra cultura. Al tiempo que le enseñamos a la gente a vivir en el nuevo tiempo, a saber trabajar y esforzarse, también tenemos que enseñarle a ser libres del sistema y a que la vida de cada uno tenga trascendencia y vuelo.

Que cada creyente aprenda a trabajar en el mundo pero sabiendo que no es de este mundo, que no es propiedad del sistema, y que debe también aprender a vivir con trascendencia. Vivir para aquellas cosas que dan sentido y propósito a la vida, que son tesoros que no pueden destruir la polilla y el orín. Porque donde esté el tesoro de cada uno allí estará el corazón. El único tesoro que provoca pasión por la vida, es vivir para Dios y para su Reino. Sabiendo que si buscamos primeramente eso todo lo demás nos será añadido.

Aprender la cultura del trabajo en Canaán, no significa ser no esclavos. Porque en Egipto también se trabajaba duro pero se era esclavo. Significa poder aprovechar las oportunidades que hay en la nueva tierra para ser libres de la esclavitud del sistema y poder vivir con plenitud, alegría, sirviendo y desarrollando nuestro propósito.

 

Cada creyente, un hermano mayor con corazón de Padre

Ese servicio tiene un destinatario: las personas perdidas, los creyentes que están lejos y los que no conocen a Cristo. Nosotros no conquistamos territorios, sino que establecemos el Reino de Dios en las personas. Eso empieza con una recuperación del valor de cada vida, de cada persona. Es el tiempo de valorar a cada hermano, de recuperar al perdido.

En el llamamiento de los discípulos se nos muestra dos acciones fundamentales. La primera es la de Simón Pedro y Andrés. Ellos tiraban las redes. La segunda es la de Jacobo y Juan, ellos remendaban las redes.

Dios lo llamó a Pedro con una pesca milagrosa, y le confirma su llamamiento con otra. La gran diferencia entre la pesca milagrosa de Lucas 5 y la de Juan 21 es que en laprimera la red se rompió, pero en la segunda pescaron 153 pescados, y a pesar de la cantidad, la red no se rompió. Es el tiempo en que revisemos las redes, nuestros sistemas para que no se rompan, para que la gente no se vaya de la Iglesia. Algunos de nuestras estructuras y programas son expulsivas para la gente.

Dios nos dio la tarea de echar las redes, y cientos de personas a lo largo del año 2015 volvieron al Padre. Pero ahora nos da la tarea de remendar las redes, para que cuando las echemos nuevamente, no se pierda lo que alcanzamos. Porque más que nunca Dios quiere que seamos hermanos mayores con corazón como el del Padre que tiene carga por los que están lejos y que sale a buscarlos.

 

Cada creyente un guerrero que rescata al perdido

Canaán es tierra de combate. Dice Josué 1:19 dice que “todo lo tomaron en guerra”. Pero Dios les dio victoria en todo. Tanto en lo personal, en lo laboral, como en tu servicio a Dios, habrá combate, y precisamente por esto es que experimentarás victoria.

¡Sigue guerreando por tus seres queridos! Dios prometió y Dios cumplirá. Se entregarán a Cristo y volverán a la Casa del Padre. Arrebátale el botín al tirano y rescata a tu ser querido que no conoce a Cristo y a todo hermano y hermana que esté lejos.

 

Conclusión

Canaán tiene el potencial de ser tierra prometida, tierra del cumplimiento de las promesas de Dios. Y ni una sola de las buenas promesas del Señor a favor de Israel dejó de cumplirse, sino que cada una se cumplió al pie de la letra”(Josué 21.45).

Este 2016 entramos a la etapa de Canaán, de las promesas que se cumplen. El Señor les dio descanso en todo el territorio, cumpliendo así la promesa hecha años atrás a sus antepasados. Ninguno de sus enemigos pudo hacer frente a los israelitas, pues el Señor entregó en sus manos a cada uno de los que se les oponían”(21.44).

Dios nos dará victoria sobre todos los enemigos.Al ser parte de lo que Dios hará allí, comprometidos con la Iglesia, sirviendo a Dios, como hermanos mayores con corazón de Padre, guerreando y arrebatándole a Dios la vida de los que están lejos, veremos cómo Dios derrota a los enemigos.

Y lo mismo veremos en nuestra vida personal y familiar. Dice La Palabra que Josué despidió a cada tribu después de haber conquistado la tierra. Aun los que ya tenían su tierra asegurada del otro lado del Jordán, quisieron ser parte del esfuerzo conjunto y de lo que Dios quería hacer. Y cuando el propósito de Dios se había cumplido, Josué los despidió para que disfruten de su familia (22:8).

¡Dios tiene botín para todos los que seremos parte de su obrar en Canaán!El nuevo tiempo, pero sobre todo las promesas de lo que Dios hará allí requieren de nosotros un nuevo compromiso. El Señor a través de Josué desafió al pueblo: ahora ustedes entréguense al Señor y sírvanle fielmente… Pero si a ustedes les parece mal servir al Señor, elijan ustedes mismos a quiénes van a servir” (24:14-15).Porque en Canaán servís a Dios o servirás al sistema. Josué tomó la iniciativa y dijo: Por mi parte, mi familia y yo serviremos al Señor”(24:15). Y el pueblo respondió a Josué: “nosotros también serviremos al Señor, porque él es nuestro Dios”(24:24).

Si nuestra respuesta es la misma, entonces la etapa que se inicia será etapa de cumplimiento de todas sus promesas de avivamiento, de retorno de los que están lejos, de bendición para tu vida y familia. Entramos en la etapa en que todas las buenas promesas que el Señor nos ha hecho, empiezan a cumplirse, y donde pronto diremos: “Todo se cumplió”. Amén.

 

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