Vivir a Jesús

Y dejar el ruido de la religión de lado

Porque nosotros no solo nos diferenciamos por cómo pensamos, sino por cómo vivimos.

Por ShaneClaiborne

Si le preguntas a la mayoría de las personas en qué creen los cristianos, pueden decirte: “Creen que Jesús es el Hijo de Dios y que resucitó de los muertos”. Pero si le preguntas a la persona promedio cómo viven los cristianos, esta se queda callada. No le hemos mostrado al mundo otra forma de vivir. Los cristianos viven de la misma manera que todos los demás; solo esparcen un poco de Jesús en el camino. La doctrina no es atractiva, aun cuando sea cierta. Pocas personas están interesadas en una religión que no tiene nada que decirle al mundo y que lo único que ofrece es vida después de la muerte, cuando en realidad lo que las personas se preguntan es si hay vida antes de la muerte.

Tal como mi profesor Tony Campolo solía preguntar: “¿Seguirías a Jesús aun si no existiera un cielo y un infierno?”. No quiero que me mal interpreten porque también me emociona la vida después de la muerte. Allá celebraremos una fiesta como si no existiera el mañana (¡y no lo habrá!). Pero estoy convencido de que Jesús no vino a la Tierra solo para prepararnos para morir, sino también para enseñarnos a vivir. De lo contrario, mucha de la sabiduría de Jesús sería innecesaria después de la muerte ya que, después de todo ¿qué tan difícil podría ser amar a nuestros enemigos en el cielo? En Reino del cual Jesús habla tanto no es algo que esperamos que ocurra después de la muerte, sino algo que debemos personificar hoy. Jesús dice que el Reino está “en nosotros”, “entre nosotros”, “cerca”, y que debemos orar para que venga “en la Tierra como en el cielo”. No sorprende que a la iglesia primitiva se le conociera como el Camino. Era un camino hacia la vida que contrastaba de manera deslumbrante con el mundo. Los primeros cristianos eran íntegros por el hecho de que podían denunciar al imperio y al mismo tiempo decir: “Tenemos otra forma de vida. Si estás cansado de lo que el imperio te ofrece, te invitamos al Camino”.

Nosotros, los embajadores

Con el recuerdo de la invitación que la Madre Teresa siempre hiciera a quienes buscan con curiosidad, desde el principio hemos invitado a la gente a que “vengan y vean”. La única forma que conozco para invitar a la gente a unirse a la fe es que vengan y vean. Después de todo, no intento simplemente hacer que alguien firme una declaración doctrinal, sino que vengan y conozcan el amor, la gracia y la paz en la persona de Jesús y ahora en la persona del Cuerpo, la Iglesia de Cristo. Así que si alguien me pidiera que le presente a Jesús, yo le diría: “Ven y ve, déjame mostrarte a Jesús con todo y carne”. a Como lo dice el lema franciscano: “Predica el Evangelio siempre; cuando fuera necesario, usa palabras”. O como dice una revolucionaria monja católica de 70 años, nuestra hermana Margaret: “Intentamos gritar el Evangelio con nuestra vida”. Muchas personas con necesidad espiritual no han podido escuchar las palabras de los cristianos debido a que los cristianos han hecho un ruido horrible. En medio del ruido de la cristiandad, escuchar el suave susurro del Espíritu puede tornarse difícil.

¿La voz de los sin voz?

Hace poco, los miembros de The Simple Way[El camino simple] íbamos a hablar ante una congregación, y la persona a cargo de presentarnos dijo: “Estas personas son la voz de los sin voz”. Eso me dolió. Con amabilidad, los corregí ya que todos tenemos voz. Sé que muchas personas maravillosas han utilizado la antigua frase “la voz de los sin voz” (Oscar Romero, Madre Teresa e incluso el libro de Proverbios). No obstante, la frase suena rara.

Quizá somos muy prestos para presumir que las personas no pueden hablar por sí mismas. No somos la voz de los sin voz. La verdad es que allá afuera hay mucho ruido, y este ahoga nuestras suaves voces. Muchos han dejado de escuchar el llanto de su prójimo. Muchos se cubren los oídos con las manos para no escuchar el sufrimiento. Las instituciones se han alejado del llanto perturbador. Cuando Pablo dice en Romanos 8 que toda la creación gime por su liberación, añade: y no sólo ella, sino que también nosotros mismos, que tenemos las primicias del Espíritu, nosotros también gemimos dentro de nosotros mismos” (8:23). Este es el coro de generaciones de personas que, en apariencia, no tienen voz al cual nos hemos unido. Dios tiene un oído especial para sus gemidos sin importar quién más los escuche.

Es hermoso cuando los pobres dejan de ser solo un proyecto misionero y se convierten en amigos genuinos con quienes reímos, lloramos, soñamos y luchamos. Uno de mis versículos favoritos, en el contexto de que Jesús se prepara para dejar a sus discípulos, dice: “Ya no los llamo siervos (…) los he llamado amigos” (Juan 15:15). La servidumbre es un buen lugar para empezar, pero, en forma gradual, nos movemos hacia el amor mutuo y las relaciones genuinas. Quizá un día incluso podamos decir las palabras que Ruth le dijo a Noemí después de años de amistad: “porque a dondequiera que tú fueres, iré yo, y dondequiera que vivieres, viviré. Tu pueblo será mi pueblo, y tu Dios mi Dios.Donde tú murieres, moriré yo, y allí seré sepultada; así me haga Jehová, y aun me añada, que sólo la muerte hará separación entre nosotras dos”(Rut 1:16-17).

Ahí es donde las cosas se complican. Cuando las personas comienzan a ir más allá de la caridad para dirigirse hacia la justicia y solidaridad con los pobres y oprimidos, tal como Jesús lo hizo, se meten en problemas. Cuando entablamos amistad con personas que luchan, empezamos a preguntarnos por qué la gente es pobre, lo cual no es tan popular como la caridad. La caridad gana premios y aplausos, pero cuando te unes a los pobres te pueden matar. A las personas no las crucifican por dar caridad; a las personas las crucifican por vivir un amor que perturba el orden social, un amor que exige un mundo nuevo. A las personas no las crucifican por ayudar a los pobres, sino por unirse a ellos.

Por ShaneClaiborne
Tomado del libro:Revolución irresistible
Vida

Revolucion Irresistible

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