Una oración a Dios

Juntos, Señor, te pedimos

Oramos, como una sola carne, por nuestro país y por nosotros, como Iglesia.

Por Evangelina Daldi

Quisiera en esta oportunidad que todos ustedes, nuestros queridos lectores, se unan conmigo y que juntos clamemos al Señor. Creyendo en La Palabra de Dios, unámonos cada uno de nosotros, del lugar del país en el que estén leyendo este periódico para poner nuestra mirada en Jesucristo e interceder por nuestra querida Argentina.

“Señor Jesús, juntos todos, tu Pueblo, tu Iglesia, aquellos que creemos en ti y que vivimos sabiendo que solo tú eres el camino, la verdad y la vida, venimos delante de tu presencia para clamar por nuestro país. Te pedimos que perdones nuestros pecados. Perdona tanta maldad, tanta indiferencia, tanta desigualdad, tanto odio y tanta violencia. Perdona nuestra corrupción y nuestra soberbia. Perdónanos cuando dimos vuelta la cara y miramos hacia otro lado, cuando omitimos hacer el bien y establecer la paz. Perdona nuestra falta de compromiso con tu visión. Perdónanos por nuestra falta de pasión por alcanzar aquellas personas que aún no te conocen. Perdónanos por no ser ejemplo con nuestra vida de aquello que proclamamos con nuestros labios. Te pedimos que nos perdones las veces que nosotros mismos generamos divisiones, dolores, heridas, odios. Cuando otros cayeron por nuestra culpa. Y también rogamos tu perdón cuando hayamos nosotros albergado todas estas cosas en nuestro interior impidiendo así el fluir de tu gracia.

Te pedimos que nos limpies con tu preciosa sangre, y que nos des una nueva oportunidad para colocarnos en el centro de tu voluntad. Ayúdanos a ser esa luz irradiante que nos llamaste a ser. Que nuestro corazón se llene de tu amor, el único verdadero, eterno, sin fallas e incondicional para que seamos capaces de abrazar en honestidad a los lastimados, a los heridos, a los golpeados, a los homosexuales, a los travestis, a los abusados, a los adictos, a los ateos, a los de otra religión, a los inmigrantes y los refugiados, a los que no son de nuestra misma denominación, a los de la iglesia de la vuelta, al pastor que nos hirió, al líder que nunca reconoció nuestra labor en la obra. Al que nos hirió, al que nos defraudó, al que se burló de nosotros, al que nos humilló, al que nos robó, al que nos desea el mal y ataca a nuestra familia.

Te pedimos que abras nuestros ojos y nos des de una sensibilidad más “humana”, para que seamos más capaces de ponernos en el lugar del otro, y que así podamos ser capaces de sufrir con otros, capaces de perdonar, capaces de dar segundas y terceras y cuartas oportunidades¾tal como tú has hecho con nosotros¾.

Señor, capacita nuestras manos para hacer el trabajo que nos has llamado a hacer. Danos fuerza y valentía. Llénanos con tu presencia cada día de nuestra vida para que seamos más parecidos a ti, y así contagiar a cada persona que se cruce en nuestro camino. Que seamos capaces de romper las brechas que nos separan, que tengamos la real voluntad de ser un verdadero y único Cuerpo tuyo.

Padre, acércanos a tu corazón para recibir de tu amor y ser transformados. Sabemos que a menos que intervengas en nosotros y en nuestro país, no hay salida. Tú eres el único Mesías, nuestro Salvador, el único capaz de librarnos de la maldad y el pecado.

Oramos nuestro país. No solo te pedimos que acabes con el hambre, con la falta de justicia, con la pobreza, la miseria y con la inseguridad, sino que también te pedimos que nos des las herramientas para que nosotros podamos trabajar al respecto. Capacítanos a nosotros, tu Iglesia, para meternos en esos ámbitos y que no solo estemos ocupados en los templos.

Oramos por cada una de las provincias y las familias que las conforman. Establece tu Reino. Envía tus ángeles, y líbranos del mal. Reprendemos al diablo y sus obras. Jesucristo, pelea con nosotros y por nosotros.

Gracias, Padre. Gracias por cumplir cada una de tus promesas. Porque aún cuando te hemos dado la espalda, nos has amado y nos has perdonado. Porque tu gracia es tan inmensamente maravillosa que estamos seguros que no somos capaces de comprenderla completamente. Te amamos y te prometemos dedicar nuestra vida a servirte, a adorarte y a amarte por sobre todas las cosas. En el nombre de Jesús. Amén”.

Por Evangelina Daldi
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