Tenemos lo necesario

No hace falta nada más para agradar al Señor

No se compare con nadie más. Dios mismo le ha dado las capacidades para deleitarse en usted.

Por John Bevere

Mis primeros años de ministerio estuvieron enfocados en los adolescentes. Como pastor de jóvenes, aprendí mucho sobre la paternidad y las dinámicas de familia. Una cosa que observaba repetidamente y que me rompía el corazón era cómo algunos jóvenes sencillamente no podían agradar a sus padres. No importaba lo que hicieran o lo mucho que lo intentaban, esos muchachos no estaban a la altura de las expectativas de sus padres (con más frecuencia de las del padre).

Pronto descubrí un patrón. Aquellos jóvenes frustrados seguían intentando agradar, pero finalmente, después de repetidos fracasos, tiraban la toalla y se metían en una espiral descendente hacia una vida descuidada y libertina. Desilusionados, se sentían desesperanzados. Si los padres les hubieran dado a sus hijos un apoyo más positivo, podrían haberse evitado muchos descarrilamientos.

¿Y con respecto a nuestro Padre celestial? ¿Podemos realmente agradar a Alguien que no tiene errores? Oigamos al apóstol Pedro: Su divino poder, al darnos el conocimiento de aquel que nos llamó por su propia gloria y potencia, nos ha concedido todas las cosas que necesitamos para vivir como Dios manda(2 Pedro 1:3).

Ahí está nuestra respuesta: tenemos todo lo necesario para vivir una vida que agrade a nuestro Padre celestial. Por tanto, desde el principio, establezca esto en su corazón y no deje nunca que este conocimiento lo abandone. Dios es Aquel que habló estas palabras por medio de Pedro. Su Palabra es verdad y es inmutable. Nunca, en ningún momento, acepte la mentira de que usted no tiene lo necesario para agradar a Dios. ¡El hecho es que sí lo tiene!

Muchos creyentes miran a ciertos cristianos, especialmente grandes líderes, y piensan que ellos nunca podrían estar a su altura o dar tanto deleite a los ojos de Dios como el apóstol Juan, Pablo, Billy Graham, Oral Roberts, la Madre Teresa o cualquier otra persona a la que admiran. ¡Lo cierto es que nadie tiene mayor capacidad de agradar a Dios que usted!

Nunca olvide tampoco esta afirmación: ciertamente, usted tiene la capacidad de agradar a Dios, pero le corresponde utilizar el poder y practicarlo.

Dios espera que seamos fieles en lo que Él nos ha dado, y Él no capacita por igual a cada uno de sus hijos. ¡Qué estupendo sería si los cristianos creyeran firmemente esta verdad! Está clara en la parábola de los talentos. A un sirviente se le dieron cinco talentos, a otro se le dieron dos y a otro se le dio uno. La Escritura dice concretamente que se nos han otorgado dones “a cada uno según su capacidad” (Mateo 25:15). Al igual que nuestros hijos, cada sirviente en la parábola tenía diferentes niveles de capacidades. Al pensar en esto debemos también tener en mente las palabras de Pablo: “¿Quién te distingue de los demás? ¿Qué tienes que no hayas recibido? Y si lo recibiste, ¿por qué presumes como si no te lo hubieran dado?” (1 Corintios 4:7).

Siempre debemos prestar atención a lo que nos ha sido dado por Dios. La capacidad de una persona para escribir, enseñar, predicar, cantar, componer música, diseñar, administrar, organizar, liderar, relacionarse bien con la gente, y otras muchas, es un regalo dado por Dios. Si yo tengo eso en mente, me guarda de las mortales trampas del orgullo o la envidia: orgullo al pensar que yo soy mejor que otros, y envidia al codiciar lo que otra persona tiene.

Regresando a la parábola de los talentos, el hombre al que se le dieron cinco talentos trabajó con diligencia y terminó con diez. El hombre al que se le dieron dos talentos trabajó con la misma diligencia, pero terminó solo con cuatro. Aunque el primer hombre terminó con seis talentos más que el otro (resultados mucho mejores), ambos fueron recompensados igualmente. Puede usted oír el agrado en la voz de su señor: “¡Hiciste bien, siervo bueno y fiel! En lo poco has sido fiel; te pondré a cargo de mucho más. ¡Ven a compartir la felicidad de tu señor!” (Mateo 25: 21 o 23).

Observemos la inusual referencia del pasaje aquí: “versículo 21 o 23. Los dos versículos son idénticos. Yo no creo que esto sea un accidente. Dios está haciendo hincapié en un punto muy importante: el versículo 21 fue para el hombre que ganó diez; el versículo 21 fue para el hombre que terminó con cuatro, menos de la mitad del total del primer hombre. Sin embargo, el deleite y el agrado del señor por ambos sirvientes fueron idénticos. Jesús dice: “En cambio, el que no la conoce y hace algo que merezca castigo, recibirá pocos golpes. A todo el que se le ha dado mucho, se le exigirá mucho; y al que se le ha confiado mucho, se le pedirá aun más” (Lucas 12:48).

Si usted se compara con un líder admirado, un familiar o un amigo, entonces puede que se quede corto. El hecho es que Dios probablemente le diese a esa persona más dones, más capacidad, más talentos que a usted. Oiga las palabras de Pablo: “Por la gracia que se me ha dado, les digo a todos ustedes: Nadie tenga un concepto de sí más alto que el que debe tener, sino más bien piense de sí mismo con moderación, según la medida de fe que Dios le haya dado. Pues así como cada uno de nosotros tiene un solo cuerpo con muchos miembros, y no todos estos miembros desempeñan la misma función,también nosotros, siendo muchos, formamos un solo cuerpo en Cristo, y cada miembro está unido a todos los demás. Tenemos dones diferentes, según la gracia que se nos ha dado. Si el don de alguien es el de profecía, que lo use en proporción con su fe(Romanos 12: 3-6).

Usted fue perfectamente creado por Dios para funcionar en el Reino, y tiene los dones y las capacidades para cumplir su tarea concreta. Por tanto, con respecto a lo que tenemos, no podemos comparar nuestros resultados con los de otros. Sin embargo, con respecto a lo que hacemos con lo que tenemos seremos juzgados, y en esto damos deleite, o falta de él, a nuestro Padre celestial.

Permítame decirlo de otro modo. Si el sirviente de los dos talentos hubiera comparado sus dos talentos con el que tenía cinco, se habría quedado corto. Sin embargo, ambos sirvientes duplicaron aquello con lo que comenzaron. Ambos fueron igualmente fieles con lo que se les había dado y deleitaron igualmente a su señor.

Si bien hay talentos concretos que no todos tenemos, en las áreas generales de la vida, todos hemos recibido lo mismo. La Escritura nos dice que cada uno de nosotros tiene la mente de Cristo, la armadura de Dios, el nombre de Jesús, una fe básica, las promesas de Dios, su amor… y la lista continúa.

La parábola de los talentos revela cómo Dios nos equipa de modo diferente en áreas de llamados o tareas específicas.

Por John Bevere
Tomado del libro: Extraoridnario
Casa Creación

Extraordinario

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