¿Por qué no desarrollamos amistades verdaderas?

Abrámonos a disfrutar de el don de la amistad

Porque tener amigos no es tan común como uno puede creer.

 Por J. Lee Grady

El mes pasado, dos amigos cercanos, Mat y Santiago, condujeronpor largas horas desde Carolina del Sur y Alabama para orar junto a mí acerca de decisiones importantes que debía enfrentar. No me pidieron dinero, nafta o comida. No me cobraron una suma de dinero por sus honorarios de consultoría. Ellos solo querían hacer lo que los amigos hacen: sacrifican su tiempo para ofrecer amor, consuelo y apoyo. Ellos saben que haría lo mismo por ellos.

He aprendido que los buenos amigos son más valiosos que el dinero, la fama o una carrera exitosa. Sin embargo, muchos cristianos que conozco “hacen agua” en el áreas de las relaciones interpersonales. Mucha gente que he conocido ¾incluso pastores¾ admiten no tener amigos. Y muchas iglesias están llenas de personas solitarias que están hambrientas de amigos pero que no saben hacer ni uno.

La Iglesia contemporánea no siempre tiene como valor importante las relaciones interpersonales. A pesar de que el Nuevo Testamente nos ordena: “… ámense de todo corazón los unos a los otros” (1 Pedro 1:22), hemos desarrollado una “fría cultura empresarial”. Nos conformamos con reunir gente en los edificios para los servicios y luego guiarlos hacia la salida. Nuestra mayor preocupación es que ellos ocupen un asiento y escuchen el sermón. Pero, ¿se conectan con los demás? Incluso en congregaciones que tratan de nutrir las relaciones, solo una porción de gente se involucra en pequeños grupos.

Personalmente no creo que veamos el poder del avivamiento del Nuevo Testamento o que este vaya a impactar hasta que reclamemos fervientemente el amor del Nuevo Testamento. Pero esa realidad de amor no es posible sin una sanidad profunda y serios ajustes en la actitud. Aquí hay cinco de las razones más serias por las que los cristianos tienen problemas en el área de las relaciones:

 

  1. Centrarse en uno mismo. Jesús definió el amor cuando dijo: “Nadie tiene amor más grande que el dar la vida por sus amigos” (Juan 15:13). La verdadera amistad siempre es sacrificial. Solemos pretender la amistad bajo nuestros términos; queremos ser amados, animados y confortados. Pero si deseamos ese tipo de amor, debemos estar dispuestos a darle a alguien más el primer lugar. El predicador británico Charles Spurgeon escribió: “Cualquier hombre puede desear egoístamente tener un Jonatán; pero está en el camino correcto quien desea hallar un David para quien él pueda ser un Jonatán”.
  2. Falta de transparencia. Hoy en día mucha gente vive con secretos. Somos expertos en disimular. Escondemos nuestro dolor privado detrás de máscaras y armaduras. Caemos en una rutina donde nos volvemos “políticamente correctos” diciendo las palabras que hay que decir,y así hacemos que la vida de iglesia se torne vacía y superficial, sin pura honestidad. La verdadera amistad se quita la armadura, revela su vergüenza, comparte su corazón y confiesa los pecados los unos con los otros (Santiago 5:16). Este es el camino hacia la verdadera sanidad.
  3. Pablo le dijo a los efesios: Más bien, sean bondadosos y compasivos unos con otros, y perdónense mutuamente, así como Dios los perdonó a ustedes en Cristo” (4:32). Aún hoy, muchos cristianos viven con resentimiento. No se dan cuenta de que las personas que viven con odio terminan envenenándose a ellas mismos, y hacen imposible que se desarrollen amistades cercanas. La amargura te volverá poco (o nada) amigable, y la gente te evitará por ser tóxico. Debemos aprender a prestar cuidadosa atención a nuestros corazones y arrancar todo rencor al instante que se arraiga en nuestra vida.
  4. Baja autoestima. Jesús nos dijo que amáramos a nuestro prójimo como a nosotros mismos (Marcos 12:31). Pero nuestro amor por otros no avanza mucho cuando no creemos que tengamos algo que ofrecer en una relación. Mucha gente no tiene confianza para alcanzar y hacer amigos porque no creen merecer ser amados. El autodesprecio puede ser causado por el abuso, falta de amor paternal, bullying u otros factores. Si tienes problemas para amarte, debes estar dispuesto a quitarte la armadura y buscar ayuda. Busca entre las personas que están a tu alrededor. ¡Dios ha preparado alguien para orar contigo!
  5. Miedo al rechazo. Conocí personas que se alejaron de congregaciones por haber sido traicionadas. Algunas hasta dejaron el ministerio porque sus amigos les dieron la espalda. Su actitud es: “Nunca más voy a permitir que alguien me lastime”. ¿Pero vale la pena cerrarle la puerta a la posibilidad de la amistad solo por haber tenido una o dos malas experiencias? Proverbios 18:24 dice: “Hay amigos que llevan a la ruina, y hay amigos más fieles que un hermano”. Mis amigos leales han compensado por lejos cualquier decepción que pude tener. La amistad es un riesgo que vale la pena correr.

Cuando Jesús trajo el Reino de los cielos a la Tierra, Él estableció a un grupo de seguidores que fueron conocidos como sus amigos. (Juan 15:15). El Señor los llamó a que lo sigan, a que sean sus discípulos, pero también a que estén conectados el uno con el otro en una profunda comunidad. Nuestra conexión vertical con Cristo hace posible una conexión horizontal con nuestros hermanos y hermanas.

No dejes que nada te detenga de gozar de relaciones saludables.

Por J. Lee Grady
Editor de la revista Charisma
Puedes encontrarlo en su sitio web www.themordecaiproject.com

 

 

 

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