Participación política de los evangélicos

Pensamientos y reflexiones sobre este tema tan importante

En un año electoral, reflexiones sobre nuestro rol en la arena política.

 Por Rubén Proietti

Un grupo de pastores nos reunimos a conversar acerca de los nuevos desafíos que enfrenta la Iglesia, y en particular el proceso creciente de inserción de creyentes en la actividad política.

Invitados por el Lic. Gastón Bruno (Ex Vicepresidente de ACIERA), y miembros de su equipo, el propósito principal fue responder algunas preguntas que de un modo cada vez más inquietante se formulan pastores y líderes frente a esta realidad.

Le pedí  a algunos de los participantes que escribieran sintéticamente sus aportes, para poder compartirlos en forma más amplia, y aquí les compartimos los pensamientos.

Presencia o influencia

Siempre en tiempos de elecciones se reaviva el tema de la participación política de los evangélicos. Esta preocupación puede responder a varias motivaciones: la intención de hacer algo para transformar la sociedad; la búsqueda de poder o de posicionar a la Iglesia evangélica en el contexto social, o simplemente procurar un espacio para obtener beneficios. La bondad o no de cada motivación es un capítulo abierto cuyo final se conocerá al pasar del tiempo.

Para el Dr. Norberto Saracco, la Iglesia evangélica ha crecido en presencia en los últimos años. Esto se ve tanto por el número creciente de evangélicos, como su presencia más visible en diferentes espacios sociales. Sin embargo, no debemos confundir presencia con influencia. Si bien hoy la presencia es mayor no lo es así su influencia. Cuando hablo de influencia pienso en qué cosas ha hecho la Iglesia que ha obligado a cambiar leyes o crear leyes más justas; o qué aspectos de la sociedad han sido afectados significativamente por las congregaciones. Con solo observar la situación social de países donde la Iglesia evangélica es casi mayoritaria en la población, veremos que su influencia, si la hubo, no ha sido proporcional a su presencia.

El Pr. Alejandro Rodríguez, a su vez, observa un tiempo de crecimiento de la influencia de la Iglesia en medio de la sociedad por la presencia de cristianos comprometidos en áreas de transformación. También un tiempo de mayor confrontación espiritual entre la luz y las tinieblas, de mayor relativismo y universalismo espiritual dentro de la Iglesia: “Todo es válido, todo es lo mismo, todos los caminos llevan a Dios…”. Alejandro también observa un tiempo de mayor seducción del poder corruptor hacia la Iglesia, que pretende establecer un vínculo transaccional, de intercambio espurio, basado en los intereses de mutua conveniencia.

El Dr. Marcelo Díaz, por su parte, afirma que estamos pagando el precio de muchas décadas de ausencia en política. Por años, la Iglesia consideró la política como mala palabra. Y hoy nos damos cuenta de que ese error dejó un espacio para que lo llenara gente de la peor clase moral. Pero Dios, que es amplio en misericordia, comenzó a animar a muchos creyentes a que se capacitaran y prepararan para horas como las actuales. Hay que obrar con prudencia y humildad, pero con autoridad espiritual firme, con la convicción de que Dios nos ha enviado a ese campo misionero.

¿Iglesias y política partidaria?

Para Saracco, la Iglesia como tal no está llamada a tener una participación política partidaria, ya sea apoyando a determinado partido político ni mucho menos intentando crear uno propio. El rol de la Iglesia es encarnar los valores del Reino de Dios y desde allí juzgar toda actividad social y política. Es decir, debe señalar en todo momento lo que “falta” de acuerdo al modelo del Reino. La justicia que falta, la verdad que falta, la integridad que falta, la libertad que falta, la defensa de la vida que falta, etc. Ningún sistema político por más bueno que sea representa la totalidad y plenitud de los valores del Reino de Dios. La predicación de un Evangelio integral debe ser el espejo donde debe mirarse toda acción social.

Para Rodríguez, existe un llamado a la Iglesia , pero no a las iglesias. Es decir, un llamado a la Iglesia singular, a hombres y mujeres de Dios que le sirvan, con sentido de misión en áreas de gobierno. Pero librando a la iglesia plural, como comunidad, de no alinearse ni involucrarse en actividades de la política partidaria. Y agrega:“¡Estamos pero no somos! Estamos en el mundo, pero no somos de este mundo. ¡Nuestra ciudadanía esta en los cielos! No somos de izquierda ni de derecha. ¡Somos de arriba! Los creyentes pueden ser parte de variadas estructuras políticas, sin poner su identidad y valor en tal o cual sector partidario”.

Guillermo Fernández, especialista en planificación estratégica territorial, aporta que “a los creyentes no nos une una ideología política en particular”. Y que por lo tanto, si las ideologías humanas no nos unen, tampoco deben separarnos. Todas las ideas políticas son humanas, y encierran perspectivas interesantes. Y es menester que los que tienen llamado de Dios a servir en la política, puedan optar por espacios con ideologías o plataformas diversas. Lo que no puede ocurrir es que los hijos e hijas de Dios nos dividamos por ideologías humanas. El llamado es divino. Y tanto en un espacio político u otro, hace falta que mujeres y hombres de Dios intervengan para ser luz y sal como Jesús lo encomendó.

Marcelo Díaz agrega que debemos asumir que ningún creyente representa a la Iglesia de Cristo de la Argentina, ni parcial ni mucho menos totalmente. No existe eso de “represento a los evangélicos argentinos”. Sucede que la Iglesia no puede involucrarse en política porque la ella está para otra misión, mucho más amplia en tu totalidad. Sí, afirmo, que todo creyente, llamado por Dios a tal tarea, puede involucrarse en el campo de la política, y desde allí sembrar el Reino. Sus valores son eternamente superiores a los de cualquier ideología política. Es por eso que es inadmisible, a mi modo de ver, que creyentes que participan de distintos partidos, hayan permitido que esa militancia sea causa de división. Si obramos con madurez, deberíamos poder sentarnosa conversar y orar juntos, no importa si mi hermano milita en el partido que representa políticamente lo opuesto de mi posición. Si los creyentes no damos ejemplo de unidad, nada podemos esperar de los que no lo son. La idea es ser diferentes.

¿Y los creyentes evangélicos deben, pueden, involucrarse en partidos políticos? El Dr. Saracco responde un firme sí. “La participación política de personas cristianas es otra cosa diferente. A estos, tanto en la política como en cualquier otra profesión, se les demanda ser fieles testigos de Jesús y su Reino de amor, justicia y verdad. Debemos alentar y apoyar la formación de personas con este compromiso. Ellas deberán insertarse en una agrupación política que a su entender mejor los represente. Quizás formarán una línea interna dentro de un determinado partido con un aporte especial en determinados asuntos o énfasis. O, formarán su propio partido.

Marcelo Díaz agrega que lo mas importante es que haya cristianos maduros y capacitados, en todos los partidos. Por eso es que debemos madurar y apoyar a estos hermanos que, con respaldo ético y espiritual, y que están bajo cobertura pastoral, entienden que el Señor les ha llamado a participar en la política partidaria argentina.

Guillermo Fernández también sostiene que es menester para los misioneros en política ser hallados fieles e íntegros. En un sentido amplio, su vida familiar, su economía, su vida espiritual, sus relaciones sociales deben reflejar la vida cristiana que enseña La Biblia. De ese modo, será posible “reconciliar todo” con Dios, incluso la política, a través de mujeres y hombres portadores de un espíritu superior de amor, poder y dominio propio.

Diferentes roles

Alejandro Rodríguez afirma: “Profetizamos sobre acciones de los gobernantes y no sobre estructuras de gobierno”. Como Iglesia, tenemos una voz profética, basada en un corazón compasivo, no justiciero ni vengador. Confrontamos las posturas de nuestros dirigentes con la verdad bíblica. Así, ni la presencia institucional evangélica, ni mucho menos un partido político evangélico, no son garantía de transformación espiritual. No fuimos llamados a buscar el poder, como un valor a obtener; no buscamos el beneficio, sino el servicio. El poder evangélico podrá ser tan corrupto y corruptible como cualquier otro.

Para Saracco, vale decir que no hay una ideología política “bíblica” ni “evangélica”. Hay principios y valores. Nada más. La Biblia no nos dice cómo administrar la salud púbica o como pagar la deuda externa o cómo operar con la cotización del dólar. Esta evaluación de las ideologías y sus propuestas y de las maneras del manejo del poder no las hace solo el que participa en la política y opta por determinado espacio, sino que también lo hace cada ciudadano en el momento de votar. Por esta razón ningún evangélico que participe en política puede ni debe atribuirse la representación de “los evangélicos”, ni hablar en nombre de ellos, ya que otros de la misma fe pueden tener opciones diferentes igualmente válidas. Por lo tanto, en este punto es necesario comprender que toda agrupación política requiere al menos de dos elementos básicos: una ideología que articule sus políticas y una capacidad para construir poder, que es el fin de la participaciónpolítica partidaria, y es legitimo. Comprendemos que muchas son las ideologías y muchas las maneras de construir poder. Por eso quien se inserte en una corriente política deberá evaluar estas opciones que siempre serán imperfectas.

Marcelo Díaz adicionalmente considera que no hay partido político perfecto. Hay oportunidades de sembrar una influencia espiritual poderosa. Y eso no puede desaprovecharse. Por supuesto que no estamos de acuerdo en un 100% con las plataformas ideológicas partidarias, pero lejos de alejarnos y no comprometernos, creo que la idea de Dios de ser sal y luz nos empuja a participar y provocar cambios sustanciales, que redunden en bendiciones para nuestra patria.

Ideas finales

Saracco: “Rogamos que Dios nos libre de toda búsqueda mezquina de poder y que Dios ilumine a aquellos que han elegido como vocación poner sus dones y capacidades al servicio de la transformación y construcción de la sociedad”.

Rodríguez: “Meditando en Juan 4:35, vemos la confrontación entre el “ustedes dicen” y  el “yo les digo” de Jesús; entre el “todavía falta” y el “levanten sus ojos”.  Al levantar la mirada, nuestra perspectiva del tiempo  y las circunstancias que nos tocan vivir, será muy diferente a la que nos brindan nuestros propios criterios. Estamos reflexionando hacia dónde vamos. Es por eso que reconocemos: ‘Conocer, amar, transformar”. No podemos transformar lo que no amamos y no podemos amar lo que no conocemos. Si no comprendemos la identidad de nuestra sociedad, no podremos amarla y no tendremos autoridad espiritual para producir transformación.

Guillermo Fernández:“Quisiera incorporar como un tema central de este proceso, el financiamiento de la política, y de aquellos que se insertan en este campo misionero. Las prácticas  habituales obedecen en nuestro contexto a la utilización al menos oscura y oculta de fondos públicos para financiar a los diversos partidos. Más grave y no menos usual, es el uso de la obra pública  de un modo no transparente para obtener ingentes sumas de dinero que financien a la política de un modo ilegítimo. Y el peor de los escenarios, pero vigente y en crecimiento, es aquel donde se utilizan para las campañas políticas dineros lavados del narcotráfico, y otras prácticas  ilegales. Frente a tales escenarios, debemos asumir como personas llamadas a ser idóneas y honestas, el desafío de construir diseños de financiación política creativos, comprometidos, y operativos para producir la transformación del sistema que esperamos.

Por Rubén Proietti
Presidente de ACIERA

 

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