Los padres son maestros

La escuela no reemplaza la educación de los padres

Nuestros hijos aprenden no solo cuando están en el colegio. Mayormente lo hacen cuando están en la casa y observan a sus padres.

Por Gary Chapman & Ross Campbell

Los padres son los primeros y más importantes maestros. Los investigadores ahora están de acuerdo en que el mejor tiempo para estimular las capacidades básicas de aprendizaje de un niño es antes de los 6 años. El doctor Burton White, fundador y director del Proyecto Preescolar de Harvard, dice: “Para que una persona desarrolle sus posibilidades a plena capacidad, necesita tener una experiencia educacional de primera clase durante los primeros tres años de su vida”. Y los sociólogos y educadores, convencidos de que semejante estímulo de los infantes puede producir capacidades de aprendizaje, han creado programas preparados para ayudar, durante sus primeros años preescolares, a los niños de minorías y con incapacidades.

Sí, nosotros los padres somos los maestros primarios. Y una de nuestras primeras ayudas en la enseñanza es la disciplina. También la disciplina adecuada, administrada con amor, puede dar lugar al aprendizaje. La disciplina es una guía hacia la madurez; consideremos ahora la otra mitad de la idea clásica de disciplina: enseñar a nuestros hijos la verdadera disciplina puede ayudar a desarrollar la inteligencia y las capacidades sociales de un niño, que le servirán toda su vida.

En años recientes ha crecido la percepción de la importancia del aprendizaje en la infancia, subrayando nuestra misión crucial como padres en el desarrollo de la inteligencia de nuestros hijos. Esto no significa que tengas que darle lecciones formales a tu pequeño, sino que debes tratar de comprender el impulso innato de tu hijo a aprender y explorar, y después satisfacer la urgente necesidad que tiene su cerebro de desarrollar estímulos sensibles y experiencias agradables de aprendizaje.

Muchos padres observan a sus hijos ocupados primeramente en jugar y piensan que el aprendizaje puede postergarse hasta el primer grado. Pero a los niños les encanta aprender. Nacen con una sed innata de aprender que permanece fuerte… a menos que los adultos se la extirpen aburriéndolos, golpeándolos, enseñándoles errores o desalentándolos. Una observación cuidadosa de los bebés y pequeños revela que la mayor parte de su actividad no es un mero juego. Más bien, nuestros chiquilines siempre luchan por aprender algo nuevo, una nueva habilidad, tanto si es voltearse boca abajo, como si es gatear, tocar y examinar el mundo que los rodea.

Una vez que aprenden a hablar, su mente se llena de preguntas, y los de 3 y 4 años pueden hacer docenas de ellas cada día. Cuando llegan a la etapa de imitar y simulan ser adultos, rara vez imitan adultos que juegan. Más bien imitan adultos que trabajan. Si observas las actividades de tu hija por un solo día y preguntas: “¿Qué parece hacerla más feliz? ¿Qué retiene su atención durante más tiempo?”, probablemente sea alguna actividad que está aprendiendo.

Aprender en casa

Lo ideal es que el desarrollo intelectual de los niños tenga lugar en el hogar. Los niños descubren la vida a través de sus cinco sentidos. Un hogar rico en estímulos auditivos, visuales, gustativos, táctiles y olfativos, alimentará su deseo natural de descubrir y aprender. El desarrollo del lenguaje depende en gran medida del estímulo verbal que los niños reciban de los adultos en esos primeros años. Por lo tanto, hablarles y alentarlos a decir palabras contribuye a su deseo natural de aprender. Parte de ese proceso es alabar sus esfuerzos por pronunciar palabras y corregir los intentos que hacen. En este medio verbal tan rico, crece su vocabulario y se desarrolla su capacidad de formar oraciones. Más tarde aprender a emplear esta capacidad para expresar emociones, pensamientos y deseos.

Lo que es cierto en el desarrollo verbal, también lo es en todos los otros campos del crecimiento intelectual. Si el hogar no proporciona esta clase de estímulo intelectual básico, es probable que el niño presente deficiencias en su aprendizaje posterior, y el pronóstico para su desarrollo educacional es pobre. Los programas escolares ofrecen solo una compensación pequeña para remediar un medio doméstico sin estímulos.

Un entorno y una actitud agradables ayudarán a nuestros hijos a aprender en el hogar. Los hijos son más emocionales que cognoscitivos; recuerdan sensaciones mejor que hechos. Esto significa que para tus hijos es más fácil recordar cómo se sintieron en una cierta situación, que los detalles del suceso. Por ejemplo, un niño que escucha un cuento recordará exactamente cómo se sentía, mucho después de haber olvidado la lección.

Tu hijo puede olvidar detalles, pero recordará al maestro. Es tu enseñanza, esto significa tratarla con respeto, bondad y asegurarte de que nunca la criticarás ni humillarás. Cuando una enseñanza es aburrida o degradante, un niño la rechazará, incluso si es la mejor, sobre todo si implica moralidad o ética. Si respetas a tu hijo, te respetará a ti y a tu punto de vista.

Tú eres la clave de que tu hijo aprenda, desde la infancia en adelante, todos los años del aprendizaje formal. El aprender es una proeza compleja, influida por muchos factores. Uno de los más fuertes es tu participación.

Por Gary Chapman & Ross Campbell
Tomado del libro:Los 5 lenguajes del amor de los niños
Unilit

Los Cinco Lenguajes del Amor de los Niños- Serie Favoritos (Ed. Bolsillo)

 

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