Llenos del Espíritu Santo

Para que seamos transformados en Él

Así es de la única manera que podremos cambiar nuestros temperamentos y debilidades.

Por Tim Lahaye

El secreto para lograr la transformación del temperamento se esconde en la plenitud del Espíritu Santo, no en una sola ocasión, sino sobre bases permanentes. Grande ha sido la desilusión de muchos creyentes que pensaron, erróneamente, que el ser lleno con el Espíritu era una experiencia que se producía de una sola vez y para siempre. Efesios 5:18 nos ordena a ser llenos una y otra vez del Espíritu. Una traducción literal diría: No se emborrachen con vino, que lleva al desenfreno. Al contrario, sean llenos del Espíritu”.Es decir, debemos estar en una permanente actitud de plenitud del Espíritu. Se establece así un paralelo con la exhortación de Gálatas 5:16: “Así que les digo: Vivan por el Espíritu, y no seguirán los deseos de la naturaleza pecaminosa”. La obediencia a la carne es la manifestación externa de que no estamos internamente llenos con el Espíritu. La cura para esta tendencia temperamental es “andar en el Espíritu” que no es lo mismo que estar llenos con el Espíritu. Hay una relación de dependencia pero no son expresiones sinónimas.

¿Cómo?

En mi libro El temperamento controlado por el Espíritu dediqué un capítulo a la plenitud del Espíritu. En resumen, los cinco pasos que hay que dar para ser llenos del Espíritu son:

  1. Examínese y confiese todos sus pecados conocidos (1 Juan 1:9).
  2. Sométase completamente a Dios (Romanos 6:11-13).
  3. Pida ser lleno del Espíritu (Lucas 11:13).
  4. Tómele la palabra a Dios y crea que está lleno (Romanos 14:23).
  5. Dele las gracias por haberlo llenado y repita el procedimiento cada vez que esté consciente de haber pecado (1 Tesalonicenses 5:18).

Algunos objetan que es demasiado simple; que la plenitud del Espíritu tiene que obedecer a un proceso mucho más complejo. Nosotros preguntamos: ¿por qué? ¿Acaso resultó difícil obedecer el mandamiento del Señor cuando dijo que nos era necesario nacer de nuevo? A. B. Simpson solía decir: “El ser llenos del Espíritu es tan fácil como respirar: espirar e inspirar”.

Una de las razones por las cuales algunos cristianos se resisten a creer que han sido llenos del Espíritu es que no ven un cambio inmediato en sus vidas, o el cambio logrado ha sido de corta duración. En cuanto a esto hay dos factores que son importante señalar: el temperamento y el hábito no actúan conjuntamente. Las debilidades de nuestro temperamento han creado fuertes hábitos que involuntariamente recurren. En el preciso instante en que penetra el pecado termina la plenitud, y el cristiano desilusionado saca la conclusión de que en el caso de él no surte efecto.

Todas las personas deben comprender que nuestros sentimientos nacen de nuestros mecanismos pensantes. Sentimos en forma negativa cuando hemos pensado negativamente. Una típica ilustración la hallamos en la experiencia de la lujuria. Un joven estudiante que habló conmigo para consultarme, confesó su “irresistible deseo sexual”. Su deseo eran tan imperioso que temía atacar a una mujer en un oscuro callejón. Le preocupaba sobremanera el temor de convertirse en un “anormal” o, peor aún, en un pervertido.

Investigando un poco sus mecanismos descubrí lo siguiente: le gustaba ver películas y revistas pornográficas, y admitió que se imaginaba en el papel de los personajes. ¿Es de extrañarse que desarrollara imperiosos deseos sexuales que podrían llevarlo a cometer algún acto criminal? Como el joven profesaba ser cristiano, confesó sus pecados mentales y pidió ser lleno del Espíritu Santo. Al principio disminuyeron sus excesivos impulsos sexuales, pero antes de terminar el día me llamó desesperado ya que habían retornado. No me sorprendió en lo más mínimo. La primera muchacha bonita, y provocativa que vio le despertó la lujuria, lo cual contristó al Espíritu Santo y el joven sintió gozo con sus antiguos sentimientos. Le faltaba aprender que sus fuertes sentimientos sexuales disminuirían en intensidad cuando su mente fuera renovada por nuevos mecanismos de sanos y limpios pensamientos.

No podemos llenar nuestras mentes de inmundicia y al mismo tiempo gozar de una sensación de limpieza. Pero esta es la razón pro la que muchos cristianos “no ven nada malo” en ciertos pecados. Han concurrido por tanto tiempo en actitudes mentales pecaminosas, que los actos les parecen normales. Tenemos que aprender a no confiar en los sentimientos contrariamente a lo que afirma la gente de la nueva ética. Los sentimientos son de fiar solamente cuando se basan en la verdad y la justicia. El Pueblo de Dios debe llenar sus mentes con La Palabra para que sus sentimientos concuerden con la pureza de Dios. Cuando mi joven amigo finalmente llevó “cautivo todo pensamiento a la obediencia de Cristo”, sus sentimientos se pusieron a tono.

Lo mismo le ocurrirá con los sentimientos de aquel eterno cultor de la duda, cuando es lleno del Espíritu, pero le tomará tiempo sentirse finalmente seguro. Si cada vez que surgen sus dudas o su incredulidad mira al Señor en busca de misericordia y de su perdón, gradualmente comprobará que el Señor le da la certeza que anhela. Pero si persiste en sus pensamientos negativos o de duda y los justifica diciendo “siempre he sido así”, se quedará. Además, puede empeorar pues el Espíritu Santo al incurrir en este pecado, grabándolo en su mente con rasgos cada vez más profundos. Si pudiera aprobar mentalmente tales promesas de La Escritura como la que tenemos en Filipenses 4:13, poco a poco “palparía” esa seguridad. La fe no es otra cosa que tomarle la palabra a Dios y actuar según sus promesas.

Por Tim Lahaye
Tomado del libro:Temperamentos transformados
Unilit

Temperamentos Transformados

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