Listos para el combate

El Señor nos ha preparado herramientas poderosas

Si vestimos la armadura que Dios nos ha dado, no habrá ataque que nos venza.

Por Billy JoeDaugherty

Dios no nos hizo indefensos en este mundo. No lanzamos piedras ni usamos armas para convencer, ni nos quedamos cruzados de brazos y aceptamos todo lo que nos digan. Nuestra artillería no es visible a simple vista, pero es más poderosa que cualquier arma ahí afuera. Cuando saquemos la armadura que nos dio el Señor, la haremos brillar ya que somos conocidos por cambiar las situaciones y destruir por completo los planes del enemigo. Dios nos dice en Efesios 6:11 que para combatir al adversario, debemos colocarnos toda la armadura.

La armadura de Dios es un uniforme muy evidente para el diablo. Quizá usted no quiera estar en el combate; quizá prefiera que le sellen el pasaporte al cielo y acabar con eso. No obstante, Dios tiene trabajo para usted, lo habilitó para que lo haga y se aseguró de que triunfará. El mismo hecho de haberlo comprado con su sangre lo hace un blanco inmediato de los ataques del enemigo. De modo que es sabio que entienda cómo usar la armadura que Dios le dio para que gane las batallas que se libran a su alrededor.

El cinturón de la verdad

Su primera pieza de la armadura es el cinturón de la verdad (Efesios 6:14). Este sostiene en su lugar el uniforme del soldado alrededor de su cintura. Puede sujetar más fácilmente las balas y la munición cuando se libra la batalla, lo cual le proporciona un acceso más rápido que una mochila a la espalda. Los soldados tienen que disparar tan rápido como sea posible si quieren ganar la batalla. La Palabra de Dios es la verdad (Juan 17:17). Cuando libra una batalla de temor, no tiene tiempo de sentarse con su Biblia, tomar sorbos de café y hacer despreocupadamente un estudio de La Palabra sobre el temor. Si ha estado en una situación que hizo que su mundo se sacudiera o se estremeciera, sabe que debe tener algo en su interior para combatir los pensamientos y sentimientos que experimenta. Lo que sale de su boca es decisivo en esos momentos.

No espere un revés importante para ir a La Palabra de Dios. Tómese continuamente el tiempo de escucharla y comience a poner en práctica todo. Comience a estar firme en la fe por la sanidad y la salud.

La coraza de justicia

La coraza se coloca sobre el pecho del soldado para proteger su corazón y sus órganos vitales. Por lo general, se hacía de un metal pesado para que las balas no penetraran. Como cristiano, su justicia es como un chaleco antibalas contra los planes del enemigo. Él quiere robarle su reputación con Dios para hacerle sentir que el error o el pecado de ayer fueron su perdición total. Trata de meterse con esa pieza hasta que quiera quitársela. Los sentimientos de indignidad y fracaso lo abruman hasta el punto que solo quiere abandonar la lucha. No deje engañarse por esa táctica del enemigo. Su defensa está en 1 Juan 1:9: Si confesamos nuestros pecados, Dios, que es fiel y justo, nos los perdonará y nos limpiará de toda maldad”. Usted supera las acusaciones del enemigo cuando abraza la justicia de Cristo por la fe y se coloca firme una vez más. Puede acercarse “confiadamente al trono de la gracia para recibir misericordia y hallar la gracia que nos ayude en el momento que más la necesitemos” (Hebreos 4:16).

Su calzado

Los soldados no pueden darse el lujo de tomarse tiempo para atender heridas leves, ni mucho menos ridículas como pisar una piedra. Es por eso que uno no encuentra soldados en sandalias. Lo que encontrará en sus pies son botas con punteras protectoras para los dedos de los pies, sólidas, con cordones y una suela gruesa de protección.

Efesios 6:15 dice que debemos calzar nuestros “pies con el apresto del evangelio de la paz” (RVR60). El apresto del evangelio de la paz está relacionado con estar preparado para predicar las Buenas Nuevas en cualquier lugar que nos encontremos: Jesús murió, resucitó y ascendió al cielo, de modo que las personas que creen son salvas. ¿Está listo para compartir improvisadamente su fe? Esto forma parte de su armadura contra el enemigo. Si él puede apagar su mensaje, lo ha detenido en seco. No avanzará más porque estará “descalzo”.

Practique caminar con las botas y comparta con regularidad se fe con los demás. De esta forma podrá avanzar en la batalla y no retirarse ante el enemigo. ¿Está listo para dar de beber a otros del agua que lo libró? Comience a decir: estoy preparado para presentar defensa ante todo hombre o mujer que demande razón de la esperanza que hay en mí.

Escudo de la fe

También debemos tomar “el escudo de la fe, con el cual pueden apagar todas las flechas encendidas del maligno”. El escudo del soldado era la primera capa de defensa de su armadura. Lo sujetaba para desviar las flechas del enemigo antes de que alcanzaran su cuerpo. El escudo era a veces tan grande como el mismo hombre. Este, para los cristianos que lo usamos en combate, se levanta al escuchar La Palabra de Dios (Romanos 10:17). Otro modo de decir esto es que debemos escuchar a cada instante La Palabra. No solo los domingos o en el culto entre semana. Escúchela al mismo tiempo que la pronuncia en voz alta mientras lee. Esto produce una certeza en su corazón de que es verdad y le permite oponer poderosa resistencia a cualquier adversario o situación aterradora.

El escudo de la fe lo hará superar lo que parece una derrota certera en medio del caos y la confusión. Así que levante su escudo de la fe y siga adelante. Comience a decir: “Camino por fe, no por vista” y “Mi fe es la victoria que venció al mundo” (1 Juan 5:4).

El yelmo de la salvación

El yelmo protege el centro de mando de todo el cuerpo. El cerebro, con sus partes intrincadas y vulnerables, da órdenes a cada célula del cuerpo para que realice tareas simples y complejas. “Está al frente”, por así decirlo, de modo que debe estar bien protegido. El yelmo de la salvación funciona de forma similar: protege su proceso mental y hace que su mente esté cuerda en medio de la batalla que enfrente. La salvación protege su mente cuando vuelan las balas del temor y del pánico. Puede ponerse firme sin ser intimidado a pesar de lo que suceda a su alrededor porque su mente está protegida. Comience a decir: “Tengo la mente de Cristo” (1 Corintios 2:16), “Las armas de mi milicia no son físicas sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas” (2 Corintios 10:4), “Derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo” (2 Corintios 10:5).

No salga de su casa sin el yelmo. Existe para resguardarlo el momentos de angustia y desilusión, y lo regresa a la realidad de Aquel que lucha en su representación.

La espada del Espíritu

Hemos visto hasta ahora la lista de armas que lo ayudarán a defenderse en la batalla, pero necesita tener un arma ofensiva para ganar. Se dará cuenta de que toda arma que se menciona tiene que ver con La Palabra de Dios. Somos indefensos sin ella. No obstante, así como la armadura tiene diferentes elementos, La Palabra de Dios funciona de diferentes formas como parte de su armadura. La espada del Espíritu es La Palabra de Dios que pronuncia con su boca para resistir y vencer la obra del enemigo (Efesios 6:17).

Orar en el Espíritu

Se libera gran poder cuando se ora en el espíritu o en lenguas. Primera de Corintios 14:13 dice: “Porque si yo oro en lenguas, mi espíritu ora, pero mi entendimiento no se beneficia en nada”. Esta es la esencia del poder de orar en lenguas. Su mente solo puede discernir hasta cierto punto lo que ocurre en una situación. Sus cinco sentidos le interpretan a su mente lo que puede estar mal, pero no pueden discernir siempre cuál es la fuente o raíz.

Hablar en lenguas es la comunicación directa con el Espíritu de Dios; es algo bíblico y poderoso. Romanos 8:26 nos dice que el Espíritu nos ayuda eficazmente en las situaciones cuando quizá no sabemos cómo pedir como conviene. No es de extrañar que esta pieza en particular del armamento se haya visto tan atacada no solo por el mundo sino por cierta parte de la Iglesia.

La sangre

Hay poder en la sangre de Jesús. Él dijo: “Esto es mi sangre del pacto, que es derramada por muchos para el perdón de pecados” (Mateo 26:28). Así como la sangre impregna cada parte de una célula en la naturaleza, lo mismo ocurre en el Espíritu cuando invocamos su sangre, que nos llena con su presencia y nos recuerda del poder de su sacrificio. El efecto espiritual es que la sangre de Jesús nos limpia de pecado.

Levítico 17:11 y muchos otros versículos de Las Escrituras nos dicen que la vida está en la sangre. Somos redimidos mediante la sangre del Cordero de Dios. Esto quiere decir que su sangre pagó por nosotros. Se debía expiar nuestro pecado, y su sacrificio, como un cordero inocente que va al matadero, proporciona nuestra redención. Así como la sangre de los animales sacrificados se derramaba sobre el propiciatorio en el Lugar Santísimo del Tabernáculo, su sangre se derramó por nosotros en el propiciatorio del cielo.

El nombre

Otra arma para llevar a diario a la batalla es el nombre de Jesús. Los milagros y la expulsión de demonios fueron hechos frecuentes mientras Jesús caminó por la Tierra. Las personas reconocieron que este hombre tenía poder sobre el mundo oculto. Jesús les dio autoridad a sus seguidores por medio de su nombre (Lucas 10:17-20). Les dio poder a sus discípulos sobre Satanás a través del uso de su nombre cuando resucitó de entre los muertos y se les apareció (Marcos 16:15-20; Mateo 28:18-20). Esto es aplicable a todas las generaciones siguientes que también le creen. Su nombre todavía tiene el mismo poder. El cielo y el infierno tiemblan con el nombre de Jesús.

Invoque el nombre de Jesús cuando se enfrente a situaciones que se salen de su capacidad natural. Si no sabe cómo hacerlo, solo comience a decir: “Jesús, Jesús, Jesús, Jesús”. Disipará sus temores y calmará sus nervios. Hará que su mente piense con más claridad y tranquilidad. Use este poderoso nombre en la batalla.

Someterse a Dios

Usted solo puede tener la autoridad de Dios cuando se somete a Él. El centurión romano que quiso que Jesús sanara a su criado supo que Él tenía autoridad sobre la enfermedad. Le dijo al Señor, tal como se registra en Mateo 8:9: “Porque yo mismo soy un hombre sujeto a órdenes superiores, y además tengo soldados bajo mi autoridad. Le digo a uno: ‘Ve’ , y va, y al otro: ‘Ven’ , y viene. Le digo a mi siervo: ‘Haz esto’ , y lo hace”. El hombre reconoció que Jesús estaba bajo la autoridad de Dios y totalmente sometido a Él, y le era obediente a su Padre. El centurión supo que Dios respaldaría cualquier cosa que dijera su Hijo, así como el gobierno romano respaldaba cualquier palabra que él le ordenaba a sus soldados y criados. Santiago 4:7 nos dice: “Sométanse a Dios”. Antes de oponer resistencia al diablo, asegúrese de hacer lo que el Señor le mandó. La obediencia es un requisito para ejercer su dominio. Acérquese a Dios con humildad y viva en sumisión a las autoridades que Él puso a su alrededor, a medida que se somete a su señorío.

Resistir al diablo

“Resistir” significa “mantenerse firme contra algo o alguien”. Rechace las mentiras del enemigo con todo su ser. Jesús nos dejó un ejemplo de cómo oponer resistencia al diablo. El Señor respondió las tres veces con “escrito está”, y luego citó La Palabra de Dios para negar las insinuaciones del enemigo mientras era tentado después de su tiempo de ayuno (Mateo 4:4-10).

Diga en voz alta los versículos de Las Escrituras contra los pensamientos y tentaciones. No es suficiente pensar en La Biblia para combatir los ataques.Debe dominar su mente cuando se encuentre en una situación aterradora. En lugar de expresar lo que parece ser inevitable, pronuncie lo que dice La Palabra de Dios y experimente su liberación.

El poder de la alabanza

El área final de su armadura es el poder de la alabanza. Su alabanza en medio de la tormenta —a pesar de lo que ocurra a su alrededor— hará que el enemigo se desoriente. Este no entiende cómo usted puede alabar a Dios cuando todo lo que usted enfrenta es un informe negativo tras otro. Le da rienda suelta al poder por medio de su alabanza. ¡No importa cómo lo haga, solo cante, tararee, susurre o alabe a gritos a Dios! En cualquier circunstancia que se encuentre tendrá artillería más que suficiente para enfrentar la batalla.

¡Póngase la armadura y sea fuerte con el poder del Señor! Su Espíritu le mostrará cuáles armas debe usar en el momento oportuno y encontrará la libertad que Dios preparó para su vida.

Por Billy JoeDaugherty
Tomado del libro:No tema. Dios prometió cuidarlo
Desafío

No Tema, Dios prometio Cuidarlo

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