¡La vida merece ser bien vivida!

Porque nuestro Dios es la fuente de toda nuestra existencia

Si alguien se encuentra amargado o decepcionado con la vida, ¡es hora de mirar al Señor!

Por Norman Vincent Peale

Parecería que muchas personas en nuestros días están descontentas con la vida y consigo mismas. Ahora bien, hay muchos motivos para estar descontentos con la civilización contemporánea, pero eso no es lo que tengo en mente en este momento. Por supuesto, si no hubiera constantemente en cada generación subsiguiente un descontento creativo, las cosas se volverían estacionarias y sin progreso. No obstante, el descontento de muchas personas en la actualidad es mayor porque contiene tonos patológicos. Existe una exasperación generalizada, que va desde la irritación y el fastidio común hasta los drásticos fracasos de la vida. Incalculables miles de personas buscan mejores maneras de tener mejores días. Como ejemplo del aspecto dramático de todo esto —y podría agregar también el aspecto patético—, tengo una nota escrita a máquina que encontró uno de mis feligreses en la acera.

Esto es lo que dice: “El rey “heroína” es mi pastor, siempre lo querré, hace que me arrastre por las alcantarillas. Me lleva por las aguas atribuladas. Destruye mi alma”. Ahora bien, quienquiera que haya escrito eso tenía, podríamos decir, una buena cantidad de ingenio gráfico y trágico. Y en el lado de atrás estaba lo siguiente, escrito a mano: “Verdaderamente este es mi salmo. Soy una mujer joven, de 25 años, y durante el último año y medio he deambulado por la pesadilla de la droga. Quiero dejar de drogarme y lo intento, pero no puedo. La cárcel no pudo curarme. La hospitalización tampoco me ayudó por mucho tiempo. El médico le dijo a mi familia que habría sido si la persona que hizo que me involucrara por primera vez con la droga hubiera tomado una pistola y me hubiera volado los sesos. Y, por Dios, desearía que lo hubiera hecho. Mi Dios, cómo lo desearía”.

Esto representa a miles de personas de nuestros días que, como nunca escucharon un consejo útil acerca de cómo vivir la vida y disfrutarla, han tomado el camino que lleva a un solo final: la muerte. Este, por supuesto, es un ejemplo super dramático. Pero hay muchas personas a nuestro alrededor que anhelan días mejores: más paz, bondad, felicidad, amor, hermandad; y que constantemente buscan y desean con nostalgia mejores maneras de tener mejores días. ¿Cómo se pueden tener mejores días? ¿Desea una respuesta acerca de cómo se debe vivir? Hay un lugar para encontrarla, en las páginas de La Santa Biblia. Es un libro que está vivo; tiene vitalidad, emoción, entusiasmo, grandeza y vida en todas las páginas. Y los escritores de La Biblia supieron cómo “decir las cosas como son”. Mucho antes de que se inventara esta frase moderna, los escritores de La Biblia dijeron las cosas como son. Entonces, ¿cómo tener días realmente buenos? Es muy simple. En 1 Pedro, en el tercer capítulo, encontrará esta declaración: “El que quiera amar la vida y gozar de días felices, que refrene su lengua de hablar el mal y sus labios de proferir engaños; que se aparte del mal y haga el bien; que busque la paz y la siga”(vv.10-11).

Allí está, tómelo o déjelo, dice La Biblia. Es una cosa o la otra. Si desea ser feliz, si desea tener días buenos, apártese del mal y haga el bien. El mal es algo malo, y cuando usted hace cosas malas, todo sale mal; pero el bien es algo bueno, y cuando hace cosas buenas, todo sale bien. La Biblia, que es un libro franco, honesto y grande, indica que se debe hacer lo que ella dice, pero advierte que no es nada fácil ni evasivo. Simplemente, dice lo que va a suceder si usted elige hacer el mal: “Los ojos del Señor están sobre los justos, y sus oídos, atentos a sus oraciones; el rostro del Señor está contra los que hacen el mal, para borrar de la tierra su memoria” (Salmo 34:15-16). Suena anticuado, ¿verdad? Bueno, es de esa manera.

Recuerde que La Biblia no dice que no habrá dolor, angustia, problemas, dificultades y disgustos, pero promete felicidad interior y días buenos. Entonces, para tener mejores días, guarde todo esto en su mente. Las siguientes son algunas sugerencias para lograrlo. En primer lugar, viva con honradez. ¿Cuántas personas viven con absoluta honradez? ¿Alguna vez ha sido completamente honrado consigo mismo? ¿Alguna vez se ha dicho toda la verdad acerca de sí mismo? ¿Alguna vez se ha enfrentado no con quien usted cree que es, sino con quien es en realidad? ¿Cuánto tiempo ha pasado desde que hizo una valoración de sus fortalezas y debilidades? ¿Sabe si se está deteriorando o está creciendo? ¿Es una persona mejor, más segura de sí misma, más culta de lo que hace diez años? ¿O es peor que era hace diez años? La honradez es el primer principio para tener mejores días.

Algo muy bueno que puede hacer es sentarse a solas y preguntarse: “¿Cuál es mi peor debilidad?”. No le pregunte a su esposa cuál es su principal debilidad. Probablemente ella nombrará cinco o seis. No le pregunte a su esposo. Podrían surgir algunas. Solo pregúntese a sí mismo: “¿Cuál es mi principal defecto?”. Cuando lo encuentre, analícelo. Allí lo tiene. Probablemente, lo haya tenido durante años. Quizás sea aquello que le ha impedido tener mejores días. Pero una vez que lo identifique y que lo enfrente con sinceridad, puede decidir qué va a hacer con él, con la ayuda del Señor Jesucristo. Una persona que sea realmente honesta consigo misma, que haya identificado sus defectos y los haya entregado a Dios puede hacer algo con ellos. Y cuando el verdadero defecto esté fuera de su camino, ¡qué gloriosos mejores días podrá tener! La persona más maravillosa del mundo es una persona absolutamente honesta (aunque a veces no sea la persona más agradable del mundo). Y cuando pueda ayudar a otro ser humano a ser honesto consigo mismo, estará en camino de lograr que algo le suceda también a él.

Por ejemplo, tuve un pequeño intercambio de cartas con un médico que vive cerca de Nashville, Tennessee. Ahora es un viejo amigo mío, y esta es la manera en la que comenzó nuestra amistad. Me envió una carta. Yo escribía una columna envió que aparecía en unos doscientos periódicos de todo el país, y él aparentemente había leído mi columna. Escribió lo siguiente: “Estimado doctor Peale: He leído todos los artículos que usted escribió en mi periódico local y me pregunto cuántas personas están más descontentas y desorientadas con sus vidas después de leerlos. El problema es que usted dice que siempre que algo sale mal, todo lo que debe hacerse es orar por eso y tener fe, y todo saldrá bien. Ahora bien, no estoy de acuerdo con usted. Creo que en esta vida uno tiene suerte o no la tiene, y que muchas personas que no la tienen, de haberla tenido, les podría haber ido igual de bien, o aun mejor, que a las personas que sí son afortunadas. No pienso ni creo que ningún Ser Supremo tenga algo que ver. Usted y sus palabras llevan a uno a pensar que la oración y la fe pueden hacer absolutamente todo, y quiero decirle que esas son tonterías, y usted lo sabe. Lo saludo atentamente”.

Ahora bien, esto es lo que usted podría llamar una carta pesada, y cuando la leí no me gustó demasiado. Pero luego me puse a pensar que allí había un hombre honesto. Esta carta fue escrita el 18 de agosto y no la respondí hasta el 25 de agosto. A veces, es buena idea no responder una carta como esa de buenas a primeras; es mejor esperar un poco. Así que, después de orar por esto, le escribí lo siguiente: “Estimado doctor: Fue muy agradable que me escribiera. Si bien usted se ofende por mis artículos y se opone  agresivamente a ellos, a pesar de eso me alegró tener noticias suyas. Nunca he sido el tipo de personas a las que les agradan “los que dicen amén a todo”. En realidad, prefiero recibir la clase de carta que usted escribió a una llena de elogios. Solo quisiera que sepa, doctor, que creo absolutamente en lo que escribo. No me baso en una teoría, sino en hechos que he observado y experimentado en forma personal. Usted es un hombre científico, y le garantizo que si pone estos principios en práctica con una mente abierta y una actitud objetiva, también funcionarán para usted. Le envío saludos cordiales y quedo a su disposición para lo que necesite”.

Luego desarrollamos una agradable correspondencia. Entonces, una noche fui a Nashville y di un discurso en un auditorio de esa ciudad. Después de eso, al volver a casa, recibí la siguiente carta: “Estimado doctor Peale: Tenía que enviarle una breve carta y la escribí en medio de las visitas de mis pacientes. Estuve en Nashville anoche y tuve el placer de escuchar su conferencia. Quería conocerlo, pero llegué demasiado tarde, ya que llevé a algunas personas a Alcohólicos Anónimos y nos fuimos demasiado tarde como para que intentara verlo. He puesto en práctica esta cosa llamada poder y fe, y créame cuando le digo que funciona. Algunos de los resultados que se obtienen son absolutamente increíbles. No puedo creer algunas de las cosas que han sucedido; aun así, sucedieron. Solo quería enviarle esta nota para decirle que la oración y la fe funcionan absolutamente bien. Lo saludo atentamente”.

Bueno, quizás haya tenido mejor éxito con este hombre que con algunos otros. Pero lo que quiero destacar es que, aunque tuvo una actitud hostil, era evidente que era sincero. No estaba satisfecho, conocía sus defectos. Quería ser una persona diferente. Buscaba algo mejor, y se puso a la defensiva porque se sintió desafiado. Reconocí esta honestidad, e hizo que me resultara por eso una persona agradable; en realidad, lo amé por esto. Al presentarle a Jesucristo, él comenzó a abandonar el mal y a hacer el bien, y encontró mejores maneras de tener mejores días.

Entonces, la sugerencia número uno es que sea absolutamente honesto. Lo siguiente que debe hacer es no tener ningún estereotipo. ¿Qué queremos decir con esto?Simplemente que todos los seres humanos son personas completamente libres dentro del gran área del amor de Dios. Pero a medida que crecemos y pasamos de la primera infancia a la niñez, la juventud y la edad adulta,nos unimos como una masa. Se nos enseña a hablar del mismo modo, a pensar del mismo modo, actuar del mismo modo, y el resultado es que la personalidad cantarina que busca crecer se ve atrofiada y frustrada. Tendemos a convertirnos en aquello que leemos en los periódicos olo que vemos en la televisión. Tomamos la jerga del día.Nos vestimos según el estilo que piensa algún personaje de París para poder vender más ropa. En un tiempo,tuvimos faldas largas que llegaban hasta el piso. Luego tuvimos minifaldas que llegaban hasta el codo. No obstante,tienen que seguir variando los estilos para poder vender más artículos; entonces, a continuación, viene el énfasis en la maxifalda. Lo mismo sucede con la ropa de hombre; corbatas anchas, pantalones angostos, camisas coloridas, todos seguimos la moda dócilmente.

Es una lástima que los seres humanos a quienes el Dios todopoderoso diseñó para que fueran libres se conviertan en víctimas de esta tendencia. En realidad, no importa mucho lo que haya alrededor de su cuello o en su cuerpo, ni si su cabello es largo o corto, siempre y cuando sea una expresión de su individualidad y no un lugar común supeditado a algo que se ponga en conflicto con la personalidad que Dios quiso que usted tuviera para que fuera libre. Entonces, si quiere tener mejores días, una manera de obtenerlos es siendo usted mismo de manera firme y libre, como un hijo de Dios. Dios es un gran individualista.No es un zopenco. Podría haber sellado unmontón de rostros como las tapas de las botellas de Coca-Cola, pero nos dio a cada uno de nosotros una individualidad diferente de la de cualquier otra persona.

Esto es lo que todos buscamos en lo profundo de nuestro ser: salir del escondite de nuestras máscaras y serlas personas liberadas que Dios quiso que seamos. Ustedes un espíritu libre. No debe permitir que nada lo sujete;ni su debilidad, ni sus decepciones ni sus prejuicios. Debe desplegar sus alas y vivir en libertad. Debe proponerse tener mejores días.

Vida buena

Hace algún tiempo, después de dar un discurso algo entusiasta acerca de este mundo maravilloso y esta vida gloriosa,y cómo todo en general es tan bueno como yo lo vea, se me acercó un evidentemente poco convencional representante de la generación joven, quien me dijo:

—¡No me haga reír! ¿Qué hay de bueno en la vida?

Nunca me dio la oportunidad de responder le, porque que hacen que la vida sea buena para aquellos que pueden verlas y apropiarse de ellas. Lo que este mundo significa para usted y para mí —y a través de nosotros para otras personas— depende, en gran medida, de nuestra actitud hacia todo, de nuestra mentalidad, del espíritu con el que la enfrentamos.

En el Salmo 36:9, se encuentra la afirmación: “Porque en ti está la fuente de la vida”. ¡Qué imagen! Una fuente con agua saliendo a borbotones. “Tú, Dios, eres la fuente de la vida”. Y de esa fuente proviene gran bondad.En la vida tenemos que equilibrar una cosa con otra.Somos conscientes, plenamente conscientes, de que no todo en este mundo actual es dulzura ni luz. Y a veces tenemos que pasar por situaciones desagradables. Tengo el recorte de un artículo de una prestigiosa publicación religiosa, y voy a citarlo para que usted pueda poner en la balanza las condiciones que describe con respecto a cualquier efervescencia acerca de la vida.El autor dice que muchos soldados estadounidenses que regresan de tierras extranjeras “ven al país desde una perspectiva totalmente diferente”. En algunos casos, “su larga ausencia agudiza su conocimiento del deterioro moral de los Estados Unidos” y “miran con desconcierto una situación ocasionalmente marcada por disturbios, huelgas, tensiones raciales, obscenidades, libertinaje sexual y atrofia espiritual”. Además: “La fachada de la prosperidad no puede ocultar la desesperación de nuestra situación difícil y la velocidad con la que al parecer nos acercamos al final de la grandeza de nuestra nación”. Escucho esto cada vez con mayor frecuencia.

Ahora bien, no sé si estoy dispuesto a aceptar esa valoración,pero es cierto que ya es hora, desde hace mucho tiempo, de que las personas que creen en Dios, en Jesucristo,en los Diez Mandamientos y en los valores morales de nuestra civilización se levanten y hagan algo al respecto.

Pero más allá de las tendencias deplorables mencionadas anteriormente, también es cierto, gracias a Dios, que hay miles de miles de miembros de la generación joven que saben instintivamente en su corazón que la vida es buena y desean lo que es bueno. Lo que me da lástima es que con poca frecuencia las iglesias comunican que a través del poder y la gracia de Jesucristo pueden tener una vida buena, maravillosa y siempre nueva.

En Suiza, el verano pasado,mientras estaba de vacaciones, recibí una llamada telefónica de un muchacho que me dijo que era un soldado estadounidense en Alemania. Me preguntó si podía venir averme. Como no sabía de qué se trataba, le respondí:

—Bueno, solo voy a estar aquí hasta mañana, y no tengo mucho tiempo…

—Le aseguro, señor, que tengo un problema de vida o muerte —insistió—. ¿Va a poder verme?

—Si es un asunto de vida o muerte, seguramente que voy a poder verlo —respondí—, aunque no sé cómo pueda ayudarlo. ¿Cómo supo que estaba aquí? ¿Se comunicó con Nueva York?

—No —dijo—. Tengo un par de sus libros y sé que aveces viaja a Suiza. Sé que va a ciertas ciudades, así que he llamado a esas ciudades mientras oraba para poder encontrarlo—agregó que estaba a 565 kilómetros de distancia,y dijo—: Estaré allí por la mañana.

—Está bien —dije—, a las nueve en punto.

A las nueve de la mañana siguiente, un apuesto muchacho, de aproximadamente 21 o 22 años, entró donde yo estaba. Parecía nervioso. Nos aislamos en un rincón del vestíbulo y nos sentamos.

—¿Cuál es el problema? —le pregunté.

—No puedo soportar la clase de vida que vivo. ¡Es un infierno! Ya no puedo seguir viviendo. Tengo que salir de esto —y describió una especie de decadencia moral que no tenía nada de extraño¾.Necesito ayuda, doctor Peale. Necesito que me ayuden.Me tragué todo lo que se dice acerca de que esta es la clase de vida que se debe vivir. Pero esto no tiene nada de divertido. Y me siento sucio. ¡Sucio! ¿Qué tengo quehacer? —y preguntó nerviosamente—: ¿Puedo conseguir una taza de café aquí, en algún lado?

Esto es característico de muchas personas cuando están nerviosas. Necesitan tener un cigarrillo o un café. Estehombre necesitaba un café. Así que cruzamos la calle y fuimos a una pequeña cafetería en la esquina.

Esta entrevista se celebraba en Interlaken, Suiza. Hay una gran pradera en el corazón de la ciudad, y por encima de esta pradera, está una de las grandes montañas del mundo, la Jungfrau [‘Esposa joven’]. Como una tímida joven esposa, a menudo arroja un velo sobre su rostro , se trata de formaciones de nubes. Sin embargo, esa mañana el velo se había apartado y allí estaba, en toda su gloria blanca, centelleante y radiante. Nos sentamos allí en una mesa de la cafetería. El chico miró la montaña y dijo:

—Nunca vi algo como eso —y agregó—: Así es como quiero ser: limpio, ¡como eso!

Pude ver algo en la profundidad del alma del muchacho.Tenía en su interior el poder de un impresionante líder, si podía ser sensible a dicha limpieza y expresarla.

—Puedes serlo —le dije—, si dejas a Jesucristo entraren tu vida.

—¡Ay! —exclamó —, ¡gracias a Dios! ¡Eso es lo que quería escucharle decir!

Así que, aparentemente, ninguna otra persona se lo había dicho. ¿Por qué no se lo dijeron? Se inclinó sobre la mesa en la que tomábamos café y lo animé a que le entregara su corazón a Jesucristo. Me dijo que le quedaba otro día libre.

—Sube a las montañas, donde está limpio, y habla con Dios —le dije.

Ese chico ahora sabe no solo que hay algo realmente bueno en la vida, sino también dónde puede encontrarlo.

Es una gran tragedia para la juventud de la generación actual que no se les señale esta dirección. ¿Cuál es el problema con la generación anterior y con la Iglesia, que no han sido testigos de que este es verdaderamente el camino de la buena vida?Sí, ¿qué hay de bueno en la vida? Hay limpieza. Hay tranquilidad de espíritu. Hay serenidad de corazón. Hay respeto por uno mismo. Todas estas son cosas buenas. Y luego, también, otra cosa que hace que la vida sea buena es que uno nunca necesita ser derrotado en este mundo,nunca, ni siquiera cuando sea viejo, ni cuando haya tenido un montón de decepciones, frustraciones y angustiaso cuando las cosas se le hayan puesto en contra. Aún hay cosas buenas allá afuera; la vida es buena. Aún puede recuperarse y volver a construir en esta maravillosa Tierra de la oportunidad. Constantemente, escucho críticasa cerca del “sistema”, algunas cosas malas que oprimen a todos. Este país no es perfecto. Para nada. ¿Quién esperfecto? Pero aún hay grandes oportunidades aquí, gracias a Dios, para que un ser humano se diga así mismo: “Con la ayuda de Dios, que es la fuente de la vida, siempre hay algo nuevo y maravilloso para mí”.

Una vez hablé con un amigo, un hombre que ha progresado mucho después de admitir lo mismo. Se trata del coronel Harland Sanders. Siempre usaba un traje blanco y una corbata de lazo negro. Tenía el cabello y la barba blancos,y llevaba un bastón. Su rostro estaba lleno de bondad. El coronel Sander sera uno de los hombres más generosos. Realmente era un hombre amoroso.

Su padre era minero, en aquellos días en los que no seganaba mucho dinero con la minería. Creo que murió en las minas y su madre tuvo que ir a trabajar a una fábrica de camisas. Tenía tres niños pequeños, y a Harlandse le dio la tarea de ser el cocinero de la familia, lo cualmás tarde pagó con el pollo frito. Ha trabajado mucho durante toda su vida. Tuvo que abandonar la escuela al finalizar sexto grado. Experimentó la clase de pobreza quesiempre ha existido en su área, al menos, para los bolsillos de los pobres. Secrió en la pobreza absoluta. Finalmente, puso en marcha un pequeño restaurante. Luego desviaron la carretera y lo perdió todo. Esto fue cuando tenía 65 años.

Estaba sentado una mañana en su galería, cuando llegó el cartero a pie y le entregó un sobre del gobierno. Contenía su primer che que de seguro social. El monto era de $105.Tenía 65 años, estaba en la quiebra y se sentía derrotado.“Mi gobierno va a darme $105 por mes para que pueda ganarme la vida”, pensó. Entonces comenzó a orar:“Querido Dios, me diste la vida para algo más que esto.Te pido que me guíes y también me ayudes a ayudar a la humanidad”.

Mientras oraba, le vino a la mente el pensamiento de su receta especial de pollo frito. Conocía una fórmula particular. Y decidió que iba a salir a ver si podía vender franquicias para hacer ese pollo frito. Tenía un automóvil de unos diez años de antigüedad y una manta. Recorrió el país; dormía en el automóvil cuando estaba frío y húmedo,y en el piso cuando estaba seco. Era un cristiano de 65 años, invencible, que creyó en la guía de Dios y que sus hijos no podían sentirse derrotados.

Hasta que vendió su primera franquicia.Iba a cobrar cinco centavos por cada pollo vendido. Más tarde, hubo seiscientos restaurantes con franquicia. En ese momento, cuando tenía 75 años, vendió la mayor parte de sus derechos por dos millones de dólares. La compañía que los compró, entonces, lo contrató por cuarenta mil dólares al año para que fuera su embajador de buena voluntad.

Entonces, a los 80 años, este hombre caminó entre sus semejantes como un santo. No es que haya logrado un gran éxito financiero que hizo que su historia de vida sea importante, pero entendió que la vida está llena de cosas buenas y que Dios es la fuente de la vida para todos los que ponen su confianza en Él. Así que cuando piense en el mundo de nuestros días, en lo malo que puede llegar a ser, en cómo las antiguas normas parecen haber fracasado, en cómo la humanidad se ha vuelto a la inmundicia de los días del Imperio romano y se revuelca en ella, recuerde también que hay montañas hermosas, ríos que corren, mares que resuenan y bosques magníficos, y que las estrellas vienen por la noche al cielo y que el sola ún se oculta en el oeste en una refulgencia de belleza.

Recuerde también que hay personas buenas, personas que buscan el bien, personas que no van a permitir que nada las abrume, personas que ven las fuentes de las que sale el agua de la vida y que se lavan en ellas y quedan limpias,renovadas y restauradas. Alégrese de que tiene vida. Es algo precioso. Es algo increíblemente bueno. Permita que su vida siga siendo buena mientras la tenga.

Por Norman Vincent Peale
Tomado del libro:El faro
Peniel

El Faro

Se el primero en comentar

Deja Tu Comentario

Tu dirección de correo no será publicada.


*