Formar pacificadores

Que nuestros hijos sean personas de paz

Como padres tenemos la responsabilidad de educarlos amando a sus prójimos.

Por Ken Sande & Tom Raabe

Jesús puso la conducta cristiana en la perspectiva correcta cuandole pidieron que identificara el mandamiento más importante. Él dijo:“Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, ycon toda tu mente. Este es el primero y grande mandamiento”. Perodespués agregó el segundo mandamiento importante: “Amarás a tuprójimo como a ti mismo” (Mateo 22:37-39).

Podemos mostrar nuestro amor por Dios con nuestra adoraciónpública, nuestros momentos diarios de oración y estudio de La Biblia ynuestras ofrendas a ministerios para el avance de su Reino. Pero tambiénnos llama a demostrar nuestro amor por Él con nuestro amor por elprójimo de maneras concretas: “Y nosotros tenemos este mandamientode él: El que ama a Dios, ame también a su hermano” (1 Juan 4:21). En unmundo caído, tal amor por otros no viene de forma natural. Nadie tiene que enseñarnos a querer “ser primeros”; no necesitamos instrucciónpara aprender a ser egoístas. Y, si no lo sabía antes de tener hijos, sinduda lo sabrá después: No hace falta que nadie les enseñe a los niños apelear.

El amor por otros seres humanos es una dádiva de Dios, que vieneprincipalmente de la gracia y la obra del Espíritu Santo, que cambianuestros corazones y nos da un creciente deseo y capacidad de amar aotros (Filipenses 2:13). Pero Dios también ha escogido hacer partícipe alas personas, especialmente a los padres, en este proceso educacional,para que seamos ejemplo y enseñemos cómo amarnos unos a otros.

Este hecho tiene un profundo efecto en cómo criamos a nuestroshijos. Pues la verdad es que, con la ayuda de Dios, debemos enseñar anuestros hijos a respetar, convivir y, más importante, amar al prójimo.Para que puedan vivir una vida que agrade a Dios, necesitarán educaciónque les enseñe cómo llevarse bien con sus hermanos y amigos.Y para esto, deben saber cómo resolver adecuadamente los conflictosincluso entre ellos. En resumen, se les debe enseñar a ser pacificadores.Y nosotros, como padres, debemos ser los maestros. Puede quenuestras iglesias y escuelas contribuyan a conseguir esta meta, pero enlo que respecta a enseñar a nuestros hijos a llevarse bien con el prójimoy resolver los conflictos entre ellos, los padres deben asumir la responsabilidadprincipal de ser ejemplo y enseñar cómo amarse unos a otroscomo el Señor manda.

Para cumplir esta importante responsabilidad, los padres debenaprender a ver este asunto como Dios lo ve. A través de Las Escrituras,Él nos enseña que las relaciones siempre implican conflicto. Tambiénnos enseña que deberíamos estar preparados para responder aestos conflictos de diversas maneras constructivas.Algunos conflictos requieren de una conversación amistosa, enseñanzao un debate respetuoso (Juan 3:1-21). En otrassituaciones deberíamos dejar pasar la ofensa, renunciar a nuestrosderechos y hacer el bien a aquellos que nos hacen mal (Lucas 6:27-28). A veces el amor requiere de una amable confrontacióno una firme reprensión (Mateo 23:13-29). Porencima de todo, necesitamos estar dispuestos a perdonar a otros asícomo, en Cristo, Dios nos perdona (Efesios 4:32).

Como indican estos pasajes y varios más, para llevarse bien con otras personashace falta un corazón amoroso y una gran capacidad de resolución. Enotras palabras, hace falta pacificación.

Cómo preparar a nuestros hijos

Dado que toda la vida está compuesta por relaciones, y todas tienden a originar conflictos, la pacificación es clave para el éxitoen la vida. Esto es una realidad tanto para nuestros hijos como paranosotros. Por lo tanto, el primer requisito para enseñar a nuestros hijos

a ser pacificadores es mostrarles que es necesario desarrollar destrezasde pacificación para tener éxito en la vida cristiana.

Las destrezas de pacificación son especialmente importantes paracualquier cristiano que quiere ser fiel a Cristo en nuestra cultura cadavez más violenta. Considere a Daniel y Ester, que vivían en culturas completamentehostiles a su fe. Aunque enfrentaron conflictosde vida o muerte, nunca comprometieron su integridad o compromisoespiritual con Dios. Ellos confiaron en Él y practicaron algunas delas soluciones más inteligentes alosconflictos. Sorprendentemente, no solo sobrevivieron, sino que prosperaron,pues Dios bendijo sus esfuerzos y los colocó en una posiciónsumamente influyente de la sociedad en la cual vivían. Si nuestros hijosaprenden a desarrollar estas mismas destrezas a una edad temprana,Dios podría usarlos a ellos también en lugares de ministerio o influenciapolítica o corporativa más allá de lo que podamos imaginar.

Los niños necesitan aprender que la pacificación es esencial para sutestimonio cristiano. Jesús dijo: De este modo todos sabrán que son mis discípulos, si se aman los unos a los otros(Juan 13:35). Si nuestroshijos están peleados con aquellos que los rodean, sus intentos dedar testimonio serán infructuosos. Pero si aprenden a amar y a reconciliarsecon aquellos que les hacen mal, es más probable que las personasles crean cuando hablen del amor y el perdón de Dios.

La pacificación es también crucial para el éxito en la vida profesionaly vocacional. He trabajado como ingeniero corporativo, abogado yministro ejecutivo. He contratado, promovido y despedido a personas.Estas decisiones, raras veces se basaron en las destrezastécnicas de la persona. Lo que más he valorado en un empleado ogerente es la capacidad de trabajar como parte de un equipo, mantenerrelaciones fuertes y obtener consenso para que los dones y energía deun grupo puedan enfocarse en el proyecto en cuestión. Estas son lasdestrezas de un pacificador, y son las mismas que ayudarána sus hijos a tener éxito en la vocación a la cual Dios los ha llamado.

En resumen, la pacificación prepara a los hijos para enfrentar lavida. Si usted quiere que sus hijos glorifiquen a Dios, tengan un matrimoniopleno y duradero, sean prósperos en su profesión y contribuyana su Iglesia y a la edificación del Reino de Dios, ¡enséñeles a ser pacificadores!

Por Ken Sande & Tom Raabe
Tomado del libro:Paz en la familia
Portavoz

Paz en la Familia

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