El poder de las lágrimas

Porque la pena también esconde secretos

Cuando nos atrevemos a derramar nuestras lágrimas en la presencia del Señor, Él puede responder con grandes milagros.

Por Omar Olier

Es importante que entendamos que cuando Jesús dice: “Dichosos los que lloran”, no habla del derrotado, o de aquel que llora por sus fracasos. Habla del victorioso. De nuestras lágrimas surgen grandes victorias. Bienaventurados son aquellos que vierten sus lágrimas en la presencia del Señor, porque ellos hallarán consolación.

Hay personas que lloran por cualquier cosa. Sin embargo, esa reacción emocional no coincide con el mensaje que Jesús expresa en el sermón de la montaña. Por el contrario, estallar en llanto ante cualquier circunstancias, aumenta el poder o la autoridad de aquello que nos hace sufrir.

Vivimos en una sociedad almática, que tiene grandes problemas para encontrar equilibrios en el manejo de sus emociones. Dios tiene el poder. Cuando se acerca a Él, no lo haga a través de sus emociones. Dios obra cuando encuentra un corazón sincero que se acerca a Él con fe. Las oraciones que Él escucha son aquellas que se hacen en espíritu y en verdad. Si usted ora en la carne, esas oraciones no son escuchadas.

Clases de lágrimas

  1. Lágrimas de injusticia: “Tú llevas la cuenta de todas mis angustias y has juntado todas mis lágrimas en tu frasco; has registrado cada una de ellas en tu libro” (Salmo 56:8). Aquí el salmista hace una oración de intercesión por la injusticia que vivía. Así como le sucedió a él, seguramente en algún momento de su vida, la injusticia también golpeará su puerta. Debemos aprender a presentar estas causas delante de la presencia de Dios, y que sea Él quien pelee nuestra batalla.
    Dios guardaba las lágrimas de David, contaba cada una de ellas y las anotaba en su libro. El Señor actúa de igual manera con tus lágrimas cuando vives una injusticia.
    David entraba en la presencia de dios, y presentaba su petición delante de É Si quiere recibir una respuesta de parte de Dios, tiene que orar hasta que logre entrar en su presencia. Recién ahí coloque su causa delante del trono celestial.
  2. Lágrimas con poder sobre la muerte: “Y Ezequías lloró amargamente”(Isaías 38:3). En este casi iba a ser muerte física, pero también puede ser muerte material, sentimental, muerte en tus sueños o cualquier otro tipo de muerte. Aquí estaba el rey muy enfermo. Seguramente imaginaba que no le quedaba mucho más tiempo de vida. En ese momento, ingresa al palacio real el profeta de Dios con un último mensaje para el rey. Si bien Ezequías quedó perplejo por el mensaje del profeta, el rey hizo lo que deberíamos hacer ante una situación semejante. Inmediatamente volvió su rostro hacia la pared, y derramó lágrimas en la presencia del Señor. No eran lágrimas de dolor, ni eran lágrimas de fracaso. Eran de confesión delante de la presencia de Dios.
    Las lágrimas del rey delante de Dios fueron tan poderosas, que no llegó a retirarse el profeta del palacio, cuando Dios le vuelve a hablar y le da otro mensaje. Esta vez le dice que el rey no iba a morir, sino que el Señor le añade quince años más de vida pues vio y oyó sus lágrimas.
  3. Lágrimas de intercesión: “Al escuchar esto, me senté a llorar; hice duelo por algunos días, ayuné y oré al Dios del cielo”(Nehemías 1:4). La oración de intercesión para la restauración tiene un poder ilimitado. Trae renovación y pude edificar una nación.
    Nehemías era el copero del rey Artajerjes de Persia. Su vida trascurría en el palacio, sin mayores preocupaciones que sus responsabilidades cotidianas.
    Uno de esos días, Nehemías recibe la visita de su hermano, quien le cuenta sobre la destrucción de Jerusalén. Al oír esta noticia, se sentó, lloró e hizo duelo.
    Algo comenzó en el mundo espiritual. No hablo de la carne, ni de las emociones. Nehemías empezó a abrir la matriz, llevando su duelo delante de la presencia de Dios. Pasó los siguientes cuadro meses orando y ayunando por la necesidad de su nación, y dio una nueva ciudad.
  4. Lágrimas de arrepentimiento: En Lucas 7:38 vemos que Jesús está en casa de un religioso, se acerca una mujer y derrame un perfume muy caro sobre los pies del Maestro. Esta mujer lloraba vertiendo lágrimas de arrepentimiento. La Biblia no dice mucho acerca de ella, solo la describe como una pecadora que lloraba a los pies de Jesús.
    Jesús continúa diciendo: “si ella ha amado mucho, es que sus muchos pecados le han sido perdonados. Pero a quien poco se le perdona, poco ama”. Por último le dice a la mujer: “Tu fe te ha salvado; vete en paz”. Las lágrimas de arrepentimiento son una autopista que llega directo al corazón de Dios.
  5. Lágrimas en medio del desierto: En la historia que relata Génesis 21:15-19, vemos a una madre y su pequeño hijo atravesando un árido y caluroso desierto. En un determinado momento, se quedan sin el recurso más elemental para lograr subsistir en ese ambiente, el agua. Mirando a su alrededor, haciendo agotado ya sus últimas fuerzas, y viendo que no había escapatoria, Agar deja a su hijo bajo un arbusto para que muera. Dice La Biblia que el niño alzó su voz al cielo y lloró. Su llanto fue tan profundo que Dios mismo desde los cielos lo escuchó y respondió a su reclamo.
    Él es un Dios que ve tu sufrimiento, no es ajeno a lo que sucede. Cuando Él se presenta, no solo se encarga de saciar primeramente tus necesidades interiores; también abre tus ojos, y hace brotar un manantial en medio del desierto para saciar tus necesidades exteriores.

 Por Omar Olier
Tomado del libro:La fortaleza
Editorial del Mar

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