El buen matrimonio da trabajo

No salen las cosas por sí solas ni son fáciles

La vida en pareja es maravillosa pero también requiere que ambos asuman la responsabilidad de trabajar en conjunto por el bien común.

Por José Luis y Silvia Cinalli

Una encuesta reveló que más de la mitad de las parejas que se casan terminan divorciadas. Pareciera que el “amor” o la promesa hecha en el altar de vivir juntos para siempre no fuera suficiente para mantenerlo unidos. ¿Qué sucede? ¿Por qué fracasan tantos matrimonios?

Existen muchísimos motivos que podrían alegarse como causales de una ruptura; sin embargo, creemos que la mayoría de las separaciones obedecen a la falta de conocimiento. Hombres y mujeres se embarcan en una aventura llamada matrimonio sin conocerse lo suficiente y sin haber adquirido las habilidades necesarias para resolver conflictos que, sin lugar a dudas, surgirán en la convivencia.

Los matrimonios felices dan trabajo. No son una mera casualidad. No se desarrollan espontáneamente. Requieren esfuerzo, compromiso y ardua labor. Si no trabajas en tu matrimonio, este se irá a pique. Queremos ayudarte a evitar los errores que podrían comprometer tu relación matrimonial.

He aquí algunos consejos que debes tener en cuenta si quieres vivir felizmente casado.

 

  1. Asegúrate de cultivar el verdadero amor: ¿Cómo te das cuenta si vas por el camino correcto? Pregúntate: ¿extraño a mi cónyuge? ¿Pienso en mi pareja cuando no estoy con ella? ¿Deseo pasar tiempo con mi pareja? Uno quiere pasar tiempo con la persona que ama porque el amor atrae, mientras que el odio separa. Una nota: los hombres son diferentes a las mujeres en expresar amor. El hombre que ama se siente orgulloso de la mujer que tiene a su lado y la presenta a cuantas personas pueda. Si te ama está dispuesto a decirlo a todo el mundo. “Mira, te presento a mi mujer”, “La madre de mis hijos”, “Mi novia”. En otras palabras, tendrás un título, uno que va más allá del “Te presento a mi amiga”, o “Te presento a… (pon tu nombre)”. Esto es porque un hombre que te ha colocado en el lugar más especial de su corazón, el hombre que siente algo real por ti, te dará un título. Esto es su forma de hacer saber a quienes están cerca de él cuán orgulloso está de salir contigo y de que tiene planes para ti. Se ve a sí mismo en una relación a largo plazo, comprometido y se lo declara a todo el que pueda oírlo porque va en serio. Si te presenta como su amiga o por tu nombre, no tengas dudas: eso es lo que eres para él y nada más.
  2. Desaprende las cosas malas y aprende las buenas: Cada matrimonio trae una enorme mochila de cosas no materiales. Cosas buenas y cosas malas. El contenido de ese equipaje se deja ver en breve, apenas la convivencia comienza. La forma en la que los criaron, las viejas experiencias, miedos, traumas, inseguridades, expectativas que cada uno proyecta sobre la pareja y muchas otras cosas pueden condicionar la actual relación. Por eso, quien todavía se prepara para casarse debe actuar como un guardia de seguridad de aeropuerto. “¡Abra la maleta, quiero ver lo que lleva adentro!”. Hemos escuchado a muchos enamorados decir: “Tu pasado no me interesa, yo solo quiero saber de nosotros de aquí en adelante”. Por supuesto que suena muy romántico, pero esa actitud no impedirá que ambos introduzcan el pasado en la relación presente. Tu pasado forma parte de tu vida, es imposible librarse de él. Pero sí es posible aprender a lidiar con él, sea lo que sea.

    La falta de equilibrio entre el trabajo y la familia o arrastrar vicios en la comunicación, como manipular con indiferencia: algo les disgustó y “castigan” con el silencio. Este tratamiento puede durar días e incluso semanas. Y no que hablar de aquellos cónyuges que mantienen relaciones amistosas cercanas con otras personas poniendo en serio riesgo el matrimonio. “Ninguna amistad es más valiosa que el matrimonio. En lugar de mantener amistades íntimas con el sexo opuesto, aprende a hacer de tu pareja tu mejor amigo”.
    Es muy probable que en todos estos casos se estén repitiendo errores de los padres. Por todo lo dicho, si traes en tu mochila cosas que atentan contra tu relación actual, ¡desprográmate! Identifica los malos hábitos y elimínalos de tu comportamiento. Desarrolla un nuevo patrón de conducta que honre tu relación presente. Eso puede ser muy doloroso, difícil y trabajoso pero es imprescindible para la felicidad de tu relación matrimonial.

  3. Aprende a resolver los conflictos:La persona que dice que en su matrimonio nunca existió un desacuerdo, miente. “Una pareja fue entrevistada en un programa a de televisión porque llevaban casados cincuenta años y nunca se habían peleado. El periodista, lleno de curiosidad, preguntó a la mujer: ‘¿Es verdad que ustedes nunca han discutido?’. ‘Sí, es verdad’, respondió la mujer. “¿Y cómo fue posible?”. “Bien, cuando nos casamos mi marido tenía una yegua que apreciaba muchísimo. Era la criatura que más quería en la vida. El día de nuestra boda, fuimos de luna de miel en el carro tirado por la yegua. Luego de algunos metros, la yegua tropezó. Mi marido bajó del carro y le dijo a la yegua: ‘Uno’. Cien metros más adelante, la yegua volvió a tropezar. Mi marido bajó nuevamente del carro, miró al animal y le dijo: ‘Dos’. La tercera vez que tropezó, sacó su pistola y le pegó cinco tiros al pobre animal. Yo, totalmente sorprendida, le recriminé: ‘¿Por qué has hecho semejante cosa?’. Mi marido me miró y me dijo: ‘Uno’”.

    Los conflictos son inevitables. Toda relación tiene tiempos difíciles. Una de las lecciones más importantes es aprender a solucionar los problemas y canalizar las diferencias de manera positiva. Para ello no eludas, ignores o pospongas la resolución de tus problemas. Un gran error que comenten los matrimonios es creer que aplazar la discusión resolverá el problema. Los matrimonios de éxito no huyen de los problemas, los enfrentan. El mejor tiempo para resolver los conflictos es inmediatamente.

John Gray, en su popular libro Los hombres son de Marte, las mujeres son de Venus, dice que existen algunas actitudes que deben evitarse para no salir lastimados:
Pelear. Hay personas que se colocan inmediatamente en una actitud ofensiva. Su lema es: “La mejor defensa es un buen ataque”. Golpean con la culpa, la crítica y el juicio haciendo que su pareja parezca estar equivocada. Tienden a gritar y expresar mucha ira. Su motivo interior es intimidar a us pareja para que los ama y apoye. Su pareja retrocede; ellos suponen que han ganado pero en realidad han perdido. La intimidación en una relación siempre debilita la confianza. Conseguir por la fuerza lo que uno quiere, haciendo que los otros parezcan estar equivocados es una manera segura de hacer fracasar la relación.
Esconderse. Generalmente esta actitud es muy masculina. A fin de evitar la confrontación, los hombres se retiran a sus “cuevas” y no salen. Han iniciado la guerra fría. Se niegan a hablar y nada se resuelve. Este comportamiento pasivo-agresivo no equivale a tomar un tiempo y luego regresar para hablar y resolver las cosas en forma más afectuosa, sino que es la forma más frecuente de herir en forma indirecta, lastimando lentamente al privarles a sus esposas del amor que merecen.
Simular. Esta actitud se observa en las mujeres. A fin de no ser lastimadas en una confrontación, simulan que no existen problemas. Sonríen y fingen estar muy felices y contentas con todo. Sin embargo, con el tiempo, estas mujeres desarrollan un feroz resentimiento; siempre dan pero no reciben lo que necesitan por parte de sus parejas. Este sentimiento bloquea la expresión natural del amor y aunque logren engañarse a sí mismas por un tiempo y creer que todo es perfecto, saben que en realidad no lo es. Sacrifican sus deseos, sentimientos y necesidades a fin de evitar el conflicto; pero con el paso de los meses o años, todos los dolores disimulados de algún modo se manifiestan.

Renunciar. Esta actitud también suele presentarse en la mujer. En lugar de discutir, renuncian. Asumen la culpa y la responsabilidad por cualquier cosa que perturbe a su pareja. En el corto plazo parecen tener una relación muy afectuosa y solidaria, pero terminan perdiéndose a ellas mismas.

Cada conflicto es una oportunidad para crecer y madurar. Los esposos deben adquirir las habilidades para manejar las desavenencias con pericia y sabiduría. De todos los consejos que podríamos darte para resolver tus desacuerdos de manera positiva, solamente uno es de vital importancia: confronta el problema y no a tu cónyuge. Resolver problemas no es resolver personas. El matrimonio no es un reformatorio. Las personas no cambian a menos que ellas mismas lo quieran. Cuando discutas no trates de cambiar “al otro” sino de resolver el conflicto. No señales las falles de tu pareja. No descalifiques ni insultes. A nadie le gusta eso. Por otra parte, ya tienes suficientes conflictos externos que atentan contra tu matrimonio como para agregarle otro interno. No es de sabios proceder de ese modo. No necesitan ser enemigos el uno del otro. Los enemigos son los problemas que los dos enfrentan.

¿Hasta hecho comentarios irónicos o sarcásticos hacia tu pareja? ¿Tienes la costumbre de “hacer ajustes de cuentas” recordando las cosas negativas del pasado? ¿Cómo manejas los conflictos en tu matrimonio? ¿Te da resultado? ¿Qué áreas son la fuente de los más grandes desacuerdos? ¿Es la forma de administrar el dinero? ¿Será acaso la disciplina con tus hijos? ¿La sexualidad? ¿Los parientes políticos?

Muchos matrimonios serían mejores si el marido y la mujer comprendieran que ambos están del mismo lado.

Por José Luis y Silvia Cinalli
Tomado del libro:Que tu matrimonio no se arrugue
Placeres Perfectos

Que Tu Matrimonio No Se Arrugue

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