¡Adoremos!

Volquemos nuestra vida en sinceridad y solo adoremos a Dios

Y descubramos el gran deleite de disfrutar de la intimidad con el Padre.

Por LindellCooley

Estoy convencido de que no podemos enmarcar o etiquetar la adoración dentro de las limitaciones de una época en particular, o de un patrón cultural o moda musical en modo alguno. ¿Quiere usted adorar a Dios? Entonces ponga a Dios en primer lugar, en cada área de su vida. Hágale Señor, y asegúrese de que Él sea su primer amor, su pasión primera, su fuego en esta vida y en la vida por venir.

Con esta actitud, la adoración pronto será todo lo que usted diga y haga. La adoración tiene más que ver con el corazón que con la cabeza. Dios mira más allá de nuestra mente, mira dentro de nuestro corazón, mientras usted canta, ora, predica o acompaña a sus hijos a la cama por las noches.

Jesús incluyó la ofrenda y el diezmo en su definición de la adoración. Elogió a la viuda que dio su pequeñísima contribución —apenas una fracción de un penique, la moneda más insignificante en su tiempo—; aún esto era adoración. Una moneda de cobre en manos de otra persona, podría no haber significado siquiera un granito de arena de adoración.

La vida de David revela un principio espiritual que transforma las ofrendas naturales en adoración espiritual: “‘Tome Su Majestad y presente como ofrenda lo que mejor le parezca. Aquí hay bueyes para el holocausto, y hay también trillos y yuntas que usted puede usar como leña. Todo esto se lo doy a usted. ¡Que el Señor su Dios vea a Su Majestad con agrado! Pero el rey le respondió a Arauna: ‘Eso no puede ser. No voy a ofrecer al Señor mi Dios holocaustos que nada me cuesten. Te lo compraré todo por su precio justo.Fue así como David compró la parcela y los bueyes por cincuenta monedas de plata” (2 Samuel 24:22-24).

Como lo mostrara David, la adoración significa darle a Dios todo, y amarlo mientras damos. ¿Estamos dispuestos a sacrificar nuestros deseos y preferencias en pos de Aquel que lo dio todo —incluso su vida— por nosotros? ¿Le han dicho a usted alguna vez: “Entremos a la casa del Señor y demos un sacrificio en alabanza?”.

Locos pero ungidos

Piense en algunas de las costumbres interesantes que tienen las personas más salientes del Nuevo Testamento. Un joven discípulo insistía en apoyar su cabeza sobre el pecho de Jesús, sin importar quién estuviera mirando. ¿Qué pasaría si alguien intentara hacer eso hoy en su iglesia? Me alegro de que Juan, el amado discípulo no tuviera que lidiar con los celosos feligreses de hoy. ¿Dónde estaríamos sin sus epístolas, sin el libro del Apocalipsis?

Otro seguidor de Jesús en el Nuevo Testamento insistía en llamar “basura” a todos aquellos títulos académicos y credenciales religiosas (Filipenses 3:8), porque era este el único modo en que podía comparar sus logros personales con el gozo de conocer y amar a Jesucristo. ¡Este hombre evidentemente sabía acerca del secreto lugar del gozo!

Y me alegro de que a Pablo no se le mandara a lavarse la boca con jabón, o que no se le expulsó del ministerio público a causa de una expresión tan extravagante. ¡Estará loco por Dios, y aún así, ungido! La mayor parte del texto del Nuevo Testamento proviene del corazón y la experiencia de vida de este líder y seguidor de Jesús enloquecido por Él.

Estos adoradores y seguidores de Dios, reales y un poco locos por Él, a veces tienden a sentir frustración. Les resulta difícil entender por qué todos los demás a su alrededor no hablan acerca de Dios del mismo modo que ellos. No comprenden por qué hay gente que mira el reloj, impaciente por el momento en que termine el culto de adoración al Señor.

Constantemente están a la defensiva para evitar actitudes arrogantes o egoístas en su celo para adorar y servir a Aquel a quien aman más que a nadie más. Parece que su tarea en Cristo es la de descubrir y poner en práctica lo que Las Escrituras dicen acerca de soportar con paciencia a otros. Es por una buena razón que el apóstol Pablo dijo: “Por eso yo, que estoy preso por la causa del Señor, les ruego que vivan de una manera digna del llamamiento que han recibido, siempre humildes y amables, pacientes, tolerantes unos con otros en amor. Esfuércense por mantener la unidad del Espíritu mediante el vínculo de la paz” (Efesios 4:1-3).

Incluso Jesús debió lidiar con niveles de madurez completamente diferentes entre sus doce discípulos. ¿Por qué nos sorprende hoy que haya niveles tan diversos de pasión y devoción en las congregaciones? Las personas a su alrededor pueden pensar y adorar a Dios de modo diferente respecto del que tiene usted, pero esto no importa, si tomamos en cuenta que aún así han sido lavados por la sangre del Cordero y redimidos por Él.

Los adoradores sinceros sienten ansias de ponerse a los pies del Señor y adorarlo. No les gusta cuando el servicio del domingo por la mañana consiste en solo un par de canciones, o cuando el orden del servicio es demasiado apretado y hay poco espacio para la adoración. Ansían aquellos momentos en que Él es el único foco del encuentro —el Señor también debe sentir algo parecido acerca de este tipo de cultos o servicios—.

Permítame sugerir lo siguiente: cumpla con su deseo de adorarlo en su hogar —donde todos debiéramos adorarlo la mayor parte del tiempo, de todos modos—. Y cuando se reúne con otros creyentes en una reunión de la iglesia, encontrará probablemente que el Espíritu Santo ha diseñado el servicio para ayudar a los nuevos creyentes o a las personas no salvas, para que conozcan a Dios y a su Palabra. En otras ocasiones, Dios hará un llamamiento soberano a los creyentes maduros, para que loa doren en espíritu y en verdad.

Las personas que adoran a Dios provienen de lugares diversos: complejos habitacionales, seminarios, hogares destruidos, grandes ciudades, comunidades rurales y todo otro lugar en que pueda usted encontrar gente de fe. Jesús nos enseñó a orar diciendo: “Venga tu reino, hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo” (Mateo 6:10). Estoy convencido de que Dios está preparado para hacerlo, si lo estamos nosotros.

Este es el deseo ardiente que hay en mi corazón: ¡si Dios me permite hacerlo, me gustaría reunir un millón de fieles y a mil líderes que no duran un ápice por la actuación!

Estoy convencido de que la Iglesia ganará ciertas victorias en el futuro, cuando enviemos primero a los fieles. Sigo orando esto con todo mi corazón y con todas mis fuerzas: “¡Señor, reúne a una generación de fieles sinceros!”.

Creo que esta adoración global ofrecida a Dios traerá al Señor Jesús de vuelta para que establezca el Reino de Dios mucho más temprano. Estoy convencido de que la adoración y la alabanza conmueva el corazón de Dios, y quiero ser parte de ese movimiento.

Por LindellCooley
Tomado del libro:El lugar secreto del gozo
Peniel

El Lugar Secreto del Gozo

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