Tomadas de su mano

Porque si tenemos a Cristo no nos falta nada

En medio de problemas o sentimientos de soledad, recuerde que Jesús nos ha amado desde el principio y está junto a usted.

Por Dowson & Rodgers

Cuando nos vemos tentados a pensar que Dios se ha olvidado de nuestro domicilio, debemos meditar sobre el siguiente pasaje de Las Escrituras: Ya les dije que yo soy. Si es a mí a quien buscan, dejen que éstos se vayan. Esto sucedió para que se cumpliera lo que había dicho: ‘De los que me diste ninguno se perdió’”(Juan 18:8-9).

Estas palabras de protección fueron pronunciadas cuando Jesús estaba por ser llevado antes de su crucifixión. Jesús estaba cumpliendo su promesa a sus amigos de entonces y a sus amigos de ahora: “Nunca te dejaré; jamás te abandonaré”(Hebreos 13:5).

El amor que demostraba la preocupación de Jesús nunca se evidenció más que cunado Él hablaba sobre cómo debíamos relacionarnos con los niños. Escuche su dulzura en Isaías 40:11: “Como un pastor que cuida su rebaño, recoge los corderos en sus brazos; los lleva junto a su pecho, y guía con cuidado a las recién paridas”. Observe la forma en que Jesús se identifica a sí mismo y a su Padre Dios con ellos:  Al ver a las multitudes, tuvo compasión de ellas, porque estaban agobiadas y desamparadas, como ovejas sin pastor. ‘La cosecha es abundante, pero son pocos los obreros’, les dijo a sus discípulos”(Mateo 9:36-37).

De esta enunciación, se infiere que rechazar a un niño es rechazar a Jesús. Esto vuelve a enfatizarse cuando Jesús regañó a sus discípulos por intentar evitar que la gente le lleve a sus hijos. “Cuando Jesús se dio cuenta, se indignó y les dijo: ‘Dejen que los niños vengan a mí, y no se lo impidan, porque el reino de Dios es de quienes son como ellos’”(Marcos 10:14). Con frecuencia, podemos mediar nuestra semejanza con Cristo por el valor que depositamos sobre los niños y la forma en que los tratamos.

Me encanta pensar acerca del amor que buscaba Jesús en la amistad a partir de la historia del hombre a quien Él sanó de su ceguera un día de reposo. Luego de que los fariseos desacreditaran y rechazaran a Jesús y al hombre, La Biblia dice que Jesús fue y lo buscó hasta que lo encontró en el templo. Luego, Jesús se reveló ante él más plenamente. ¡Qué amigo lleno de amor!

Tal vez la imagen más conmovedora del amor de Jesús como amigo fue cuando Él colgaba de la cruz en una agonía sin palabras. Miró a su fiel madre, María, y comprendió la intensidad de su corazón golpeado por el dolor. Miró a Juan, el regalo de la amistad masculina más cercana que su Padre le había otorgado. Jesús comprendió la profundidad del sufrimiento y el dolor de Juan. Jesús sabía cuán desesperadamente esas dos personas se necesitarían en los días por venir. Y en su amor infinito, su preocupación y su corazón comprensivo por sus necesidades, Él les dio, como un don infinito de la amistad, compartir el mismo hogar. Jesús, nuestro amigo compasivo, conoce exactamente la necesidad de amistad para cada etapa de nuestra vida, y Él tiene un plan perfecto para cumplirlo.

Tal vez usted sea una viuda como María o se preocupe por cómo poder enfrentar por sí sola la vida si enviuda. Cualquier cosa que nos ocupe con relación a que se ocupen de nosotras, podemos consolarnos en la certeza de algo. Jesús dijo que Él cuida y vela por las necesidades de cada pequeño gorrión, y que usted y yo tenemos mucho más valor e importancia para Él que esas pequeñas aves. ¿Alguna vez vio un pájaro preocupado?
Si sigue preocupada por su futuro, descanse al leer estas maravillosas palabras sobre el Señor Jesús como amigo: “Y habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el fin”(Juan 13:1). Jesús nos garantiza que Él nos cuidará hasta el fin de nuestra vida, mientras sigamos adorando, obedeciendo, creyendo y confiando en Él.

Su amor aún en nuestra soledad

Es posible estar solo y sentirse totalmente feliz y satisfecho en el corazón de uno. Pero también es posible estar solo en una multitud. Estar solo es “estar separado de los demás; aislado, exclusivo de cualquier persona o cosa”. A la soledad se la define como “el estado de estar solo, de estar sin compañía, desolado, produciendo un sentimiento de desconsuelo o desolación”. La soledad puede hacerle perder de vista la promesa hecha por Jesús: “Nunca te dejaré; jamás te abandonaré”(Hebreos 13:5).

La soledad depende mucho de dónde se encuentra mentalmente, no físicamente. Una mujer puede estar casada, tener una casa llena de hijos o estar rodeada por compañeros de trabajo y amigos, y aún así puede ser la mujer más solitaria de todas. Su sentido de aislamiento, por lo general, es interno, y ella puede creer que si debiera articularle sus sentimiento a alguien, se toparía con irrisión o hasta regaño. “¿Cómo puedes estar sola”, le preguntaría la gente, “cuando tienes un esposo maravilloso y dos niños hermosos?”. A pesar de la gente que la rodea, la realidad de la soledad la cubre con un manto.

A veces las personas están solas pero ni siquiera se dan cuenta. Podemos cubrir nuestra soledad de muchas maneras: sumergiéndonos en al vorágine de la vida, llenando nuestras casas con posesiones materiales, o incluso ocupándonos con el trabajo de la iglesia y no con la obra del Reino. Si no abordamos la raíz de nuestra soledad, roerá nuestro corazón.

Gracias a Dios que tenemos un Sumo Sacerdote que puede sentir compasión por nuestra soledad. Todos los discípulos y amigos de Jesús lo abandonaron en las horas previas a enfrentar la cruz. Jesús dijo: “Miren que la hora viene, y ya está aquí, en que ustedes serán dispersados, y cada uno se irá a su propia casa y a mí me dejarán solo. Sin embargo, solo no estoy, porque el Padre está conmigo”(Juan 16:32).

Las palabras de Jesús en este pasaje son tan simples y a la vez tan profundas. EN ellas, reside nuestra respuesta a la soledad: nunca estamos solos y no hay necesidad de sentirse solos ¡porque Dios está con nosotros!

Permite que la mano amorosa de Dios nos alcance en la mente, el corazón y el espíritu, y retire los sentimientos de aislamiento y desconexión que es como una peste. Dese cuenta de que nunca llegará un verdadero sentimiento de conexión e integridad de factores externos a usted. Solo puede provenir de su interior. Deje de buscar satisfacción e identidad en fuentes externas, especialmente de otras personas, ya que la desilusión con frecuencia causa retiro, y pronto le seguirán el aislamiento y la soledad. Abrace la voluntad y el plan de Dios para su vida, y deje que su integridad provenga de Él donde no hay carencia, solo provisión inagotable.

Por Joy Dowson & Joyce Rodgers
Tomado del libro:De nuestro corazón al suyo
Casa Creación

De Nuestro Corazon al Suyo

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