Mira hacia atrás

Porque no estamos solas en este camino

Y fíjate si hay alguien que necesita que vayas por ella, que requiere que la busques.

Por Lisa Bevere

¿Seremos el tipo de mujeres que se tomarán el tiempo y harán el esfuerzo de llevar la bondad que encontremos en los territorios recién abiertos que Dios pone delante de sus hijas?

Sí, entiendo que regresar o esperar a otros no retrasa, pero solamente al principio. Compartir deliberadamente bondad, generosidad y sabiduría siempre triunfa al final. Siempre que Dios comience a soplar nueva vida y libertad a su pueblo, algunas de nosotras lo aceptaremos con gozo y expectación; otros vacilarán, esperando ver qué sucederá. Y otros se resistirán a ello.

Es mi esperanza y mi oración que todas las hijas de Dios nos levantemos y entremos a la libertad y propósito que Él está poniendo delante de nosotras. Y que aquellas que son más fuertes, más libres, o que están más establecidas en la verdad regreses y alienten a quienes están detenidas en el umbral.

Me encanta cómo se expresa esto en Romanos 15: Los fuertes en la fe debemos apoyar a los débiles, en vez de hacer lo que nos agrada. Cada uno debe agradar al prójimo para su bien, con el fin de edificarlo”(vv. 1-2).

A los fuertes y capaces se les encarga dar un paso de ayudar a quienes vacilan, echar una mano a quienes se detienen, dudan, titubean o son débiles en su decisión. Me gusta ver cómo se desvela esta dinámica. Hay muchas mujeres, jóvenes y mayores que sienten que hay algo más grande en su interior. Quieren avanzar e invadir el espacio que ahora les rodea; se quedan en el umbral, mirando hacia la extensión a la que Dios les está llamando, y sin embargo, dudan.

No hace mucho tiempo, una joven sincera se acercó a mí después de una reunión. El sueño de Dios que había en su interior era tan grande que nuestro encuentro casual no le dio ni el espacio ni el tiempo para compartir todo aquello que ella se esforzaba por expresar. Así que regresó a su casa, y con gran cuidado escribió un mensaje de correo electrónico de proporciones épicas que expresaba todo lo que ella sentía, y me lo envió. Después se sintió avergonzada, pero no tenía por qué. A medida que leía sus palabras entendía su angustia. Quedé sorprendida por lo mucho que sus palabras se hacían eco de mis propios sentimientos cuando he atravesado un período similar de transición, y se lo dije.

Con frecuencia, es suficiente con saber que otros han cruzado el puente delante de nosotras y han encontrado su camino hasta llegar al otro lado. A veces, aquellos que vacilan sencillamente necesitan echar una mirada atrás, a una hermana que ya esté seguramente al otro lado. La mirada atrás es suficiente para comunicar: “¡Oye, hermana! Estoy aquí, y no solo está todo claro… ¡todo es bueno!”.

Esperanza para el desesperanzado

A veces, echar una mano a quien vacila es tan sencillo como introducir esperanza. En un reciente viaje a Camboya con Life Outreach, yo iba por las calles en la noche, entablando conversaciones con muchachas atrapadas en la prostitución. Siempre que me acercaba a aquellas hijas que vagan de noche, ellas estaban alerta y casi se burlaban en sus relaciones conmigo. Ese patrón de desprecio era sustituido si yo me acercaba a una sola muchacha o a una grupo de ellas. Respondían a mis preguntas con respuestas de una sola palabra y sonreían entre ellas. Estoy segura de que se preguntaban por qué una mujer se dirigía a ellas. Pero a medida que la conversación progresaba, yo les preguntaba acerca de sus sueños.

“¿Qué quieres para tu vida? Si pudieras ser o hacer cualquier cosa, ¿qué sería?”.

Sin excepción, veía sus caras transformarse ante la invitación a soñar y esperar que sus vidas pudieran ser otra cosa. En medio de una pesadilla, ¿había alguien que realmente les pidiera que soñasen? De repente, yo tenía respuestas con tanta rapidez como mi intérprete podía decírmelas.

¾Yo quiero ser peluquera

¾Yo quiero tener mi propio restaurante

¾Yo quiero tener mi propio puesto en el mercado en el que venda cosas bonitas

¾Yo quiero hacer cualquier tipo de trabajo en el que la gente ya no me mire con desprecio

¾Yo quiero ganar suficiente dinero para enviarle parte a mi familia

Las chicas no podían dejar de hablar. Dejaban sus posturas seductoras y durante unos breves momentos se parecían a las jóvenes adolescentes que eran.

Aquellas muchachas sabían lo que querían, ¡si solo su jaula tuviera una puerta abierta! Siempre que era posible, les ofrecíamos ayudarlas a escapar de su cárcel, y algunas aceptaron nuestra oferta de ayuda. Pero solamente aquellas que pudieron dejar atrás su vergüenza fueron capaces de avanzar. La culpabilidad y la vergüenza mantenían a muchas de aquellas chicas tan cautivas como las mantenían sus proxenetas.

En situaciones desesperadas como esas, soñar y saber lo que uno quiere no es suficiente. En la mayoría de los casos, alguien tan atrapado, tan derrotado se ocultará dentro del recinto aunque la puerta esté abierta de par en par. Por tanto, además de ofrecer ayuda a aquellas chicas para encontrar una salida de la prostitución, llevamos bondad a su recinto. Les presentamos a Jesús. Les dijimos que Él estaba a su lado y que solamente Él es la esperanza definitiva para los desesperanzados.

Ellas tenían que decidir si le invitarían a entrar en sus corazones y sus vidas. Usted y yo podemos caminar al lado de otros y alentarlos a avanzar, pero inevitablemente la decisión final es de ellos.

Con la promesa de libertad, favor y nuevas oportunidades que se abren delante de nosotras, avancemos en las cosas de Dios de modo que nadie pueda quedarse atrás. Amo esta afirmación: Que todos nos consideren servidores de Cristo, encargados de administrar los misterios de Dios. Ahora bien, a los que reciben un encargo se les exige que demuestren ser dignos de confianza”(1 Corintios 4:1-2).

Debemos ser guías, y no guardias de seguridad. Hemos de invitar a otros al Reino y no mantenerlos afuera de los misterios de Dios. Estemos seguras de hacer una pausa ante las aperturas que Dios ha hecho para nosotras, y si es necesario regresemos para otros no se quedan atrás.

Por Lisa Bevere
Tomado del libro:Se despierta la leona
Casa Creación

Se Despierta la Leona

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