Los dictadores

Un estilo difícil cuando de gestionar conflictos se trata

Aprenda cómo enfrentar los conflictos frente a este tipo de persona o cuando usted es uno de ellos.

Por Deborah Smith Pegues

Algunas personas gestionan los conflictos acusando, ordenando, exigiendo, dirigiendo, forzando, proclamando, gobernando, administrando e imponiendo la ley. Yo los llamo dictadores.

Una de las canciones características del legendario Frank Sinatra es “A mi manera”. No sé si el señor Sinatra era dictador, pero este tema representa casi a la perfección la mentalidad del dictador. El estilo “a mi manera” de gestionar los conflictos no cede ante las opiniones de los demás ni las considera. Alguien que recurre con frecuencia a este estilo no da importancia a las opiniones que disientes de las suyas, porque mantener una relación con el ofensor no es su objeto prioritario.

Aunque un líder inteligente desea que las cosas se hagan a su manera, entiendo que hay más de una manera de conseguir el mismo objetivo. La habilidad de ser flexible es un trazo característico que puede aportar grandes beneficios.

El dictador se implica en confrontaciones en las que solo puede haber un ganador y un perdedor. Utiliza su poder o ira para ganar a costa de la otra persona. En muchas circunstancias, este estilo refleja inmadurez emocional y profesional.

Algunos dictadores gritan y chillan, y se enfrentan a todo lo que perciben como un problema. Puede ser auténticos pelmazos. Puedes acabar caminando como entre cristales cuando estás cerca de ellos, por temor a ofenderlos y que se pongan a gritar. Cuando menospreciamos e intimidamos a otros, no conseguiremos que nos den lo mejor de ellos. Es bueno saber que: El hermano ofendido es más tenaz que una ciudad fuerte, y las contiendas de los hermanos son como cerrojos de alcázar”(Proverbios 18:19).

El dictador no sirve en absoluto para motivar a los empleados. Amenazar a los subordinados con que van a perder el trabajo, que no van a ser ascendidos ni se les va a subir el sueldo solo puede traer como consecuencia que ellos se vuelven mediocres y hagan solo lo justo para mantener su empleo.

El esposo dictador

Un esposo espiritualmente poco sabio que exija sumisión de su esposa no conseguirá su metido; puede que obtenga obediencia, pero no sumisión. La obediencia es hacer lo que a uno se le pide que haga, pero la sumisión procede del corazón. Si mi esposo insistiera en que le planchase su ropa interior, puede que yo me tomase a mal su exigencia aunque se la planchase fielmente. Pero puede que después, para su perplejidad, yo conciencia o inconscientemente manifestara mi resentimiento en otras áreas del matrimonio.

Con la sumisión, una esposa demuestra el espíritu y la actitud correctos cuando obedece. Creo que un hombre manda, o sea, se gana la sumisión por la forma de tratar a su esposa. No, no sugiero que las esposas exhiban una actitud rebelde cuando no quieran someterse. Me considero a mí misma una mujer sumisa. Mi esposo incluso se jacta de que lo soy. Sin embargo, todos los días perfecciono el arte de enfrentarme a los asuntos problemáticos cuando surgen, en lugar de permitir que la raíz de amargura brote y me contamine.

Jesús purifica el templo

A pesar de los problemas que puede traer el estilo dictador en la gestión de conflictos, a eces puede ser la opción más inteligente. Cuando la ley está en juego, cuando estás completamente seguro de tener razón, cuando es necesario tomar una decisión y tú eres la única persona que puede tomarla, o cuando hay que mostrar con dureza el amor por el bien de todos, ¡sé un dictador! Hemos visto a Jesús recurrir a este estilo cuando purificó el templo de Jerusalén, que se relata en Marcos 11.

Allí, Jesús estaba en pie de guerra por el bien común. No podría permitir que los mercaderes profanaran el ambiente de alabanza con su actividad comercial. Su hubiera permanecido en silencio, habría sentado un procedente que al final habría ocasionado el deterioro del templo.

¡Ellos también tienen necesidades!

Hace unos años, mi esposo y yo nos mudamos a una casa unos días antes de mi cumpleaños. Estábamos tan agotados con la mudanza que ni siquiera teníamos ganas de planear una celebración especial. La tarde del día de mi cumpleaños, una amiga de la oficina y su esposo pasaron a saludarnos. Cuando estaban allí, uno de mis hermanos también se acercó con su hija de 5 años, Ashley, para felicitarme por mi cumpleaños. De todos los hermanos que viven en la zona de Los Angeles, fue el único que se acuerdo de mi día especial. En un momento me fui a la cocina, y Ashley me siguió.

¾Tía, siento mucho que solo hayan venido cinco personas a tu fiesta de cumpleaños.

¾No, cariño, esto no es una fiesta. Estas personas solo pasaban por aquí.

Echó una mirada larga y comentó:

¾Pero tienes que sentirte triste de que no haya suficientes personas.

En realidad me sentía triste porque ninguno de mis otros hermanos se habían acordado de mi cumpleaños. Más tarde le dije a mi familia que me había molestado que ninguno se acordara.

Es un poco duro para los dictadores expresar sus necesidades a otros. Tratan de ocultar sus vulnerabilidades. En consecuencia, los demás asumen a menudo que no necesitan nada y los tratan de acuerdo con ello. Sí, a menudo soy una dictadora, pero aún así entiendo que es necesario expresar mis necesidades.

Si eres un dictador, demuestra algo de dolor, frustración y resentimiento. Deja que los demás sepan que tú también tienes necesidades.

¿Hay situaciones en las que necesitas practicar el estilo dictador porque los valores morales están en juego o se está amenazando el bien común? ¿Hay situaciones en las que tienes que abandonar este estilo y empezar a centrarte en escuchar y valorar lo que dicen los demás?

Por Deborah Smith Pegues
Tomado del libro:Confrontar sin ofender
Portavoz

Confrontar Sin Ofender (Ed. Bolsillo)

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