Llenos de su plenitud

Aprende a llenar tu tanque constantemente

No podemos caminar alimentados por viejos encuentros con el Señor, debemos llenarnos de Él una y otra vez.

Por Doug Fields

La idea de recargarse espiritualmente tiene sus raíces en un firme fundamento bíblico. Nos remite a una oración del apóstol pablo por los cristianos de Éfeso. Pablo oró que ellos fueran “llenos de la plenitud de Dios” (Efesios 3:19). En el idioma original, Pablo usó el presente continuo, un tiempo verbal que da la idea de continuidad en el tiempo. ¿Qué quería decir entonces? Pues que los efesios se llenaran continuamente o que fueran llenos y llenos y llenos y luego vueltos a llenar. En otras palabras, ser llenos de la plenitud de la vida no es algo que sucede una única vez. Para experimentar toda la plenitud de la vida necesitamos ser llenos y luego recargarnos espiritualmente con regularidad.

Con ese concepto en mente, veremos tres pasajes de Las Escrituras que reafirman la necesidad de recargarnos espiritualmente todo el tiempo. Por experiencia, cuando sé por qué hago algo, me siento más motivado a entender cómo es el proceso de recargar mi combustible espiritual.

Necesitamos recargarnos con regularidad porque:

Estar atareados no nos satisface

En Lucas 10:38-31, Jesús visitó el hogar de dos hermanas, María y Marta. María disfrutaba de la compañía de Jesús, pero Marta estaba más preocupada por atenderlo y preparar la comida. Cuando la atareada Marta se quejó de la holgazana María, Jesús respondió con estas palabras: “María ha escogido la mejor [parte]”.

Hay algo que resulta muy evidente: conectarse con Jesús es una opción mejor que estar atareado.

¡Siempre habrá cosas que hacer! ¿Me entienden? Tendremos un almuerzo de negocios el martes, práctica de fútbol para los niños dos veces por semanas, los vecinos vendrán a cenar, habrá dos partidos el sábado, necesitamos ver cómo vamos a pagar las cuentas, precisamos definir los planes para las vacaciones, y la lista de tareas pendientes es tan larga que al final le agregamos una nota de “revisar la lista de tareas pendientes”. Hay muchas cosas que hacer “ahora”.

Muchos de nosotros estamos cansados de correr de una actividad a la otra, consultar constantemente nuestras agendas, llegar tarde y sentirnos un poco fuera de sitio cuando llegamos. Es como si en el fondo sintiéramos que no podemos mantener el ritmo que nos impusimos… y a decir verdad, tampoco deseamos hacerlo. La mayoría de las personas con las que hablo están cansadas de estar cansadas todo el tiempo, cansadas del vacío producido por el exceso de actividades y la ausencia de Dios.

Afortunadamente, el Señor nos ofrece una manera mejor de vivir que esta vida con el tanque vacío. Nos invita a caminar con Él en vez de correr y a encontrar descanso para nuestras almas cansadas. En esto consiste la plenitud. No es lo mismo estar ocupado todo el tiempo (aun cuando estemos ocupados en hacer cosas buenas). La invitación es a sentarnos a los pies de la Persona que es la fuente de toda plenitud.

Nuestra alma anhela estar llena

Necesitamos recargarnos espiritualmente con frecuencia porque es lo único que nos trae verdadera satisfacción… en lo más profundo de nuestro ser, donde en realidad importa.

El alma es la parte invisible y eterna de tu persona, la parte que te une a Dios. Es lo que te diferencia de otras formas de vida sobre la Tierra. Tu alma es tu verdadero yo. Por eso Jesús preguntó de qué le servía al hombre ganar todo el mundo y perder su alma.

Él quería que entendamos que nuestra alma es la parte más importante de lo que somos. Así que necesitamos valorarla, alimentarla y cuidarla.

Jesús le asigna un valor elevadísimo. Es tu “posesión” más valiosa. A esto se debe que tu alma anhele el tipo de plenitud cuya garantía no expira a los sesenta días… la plenitud que solo Dios puede darte a través de conexiones frecuentes y regulares. Sin embargo, este tipo de plenitud además es crítica porque nos espera algo más.

Nos espera algo más

Hay un hecho de la humanidad en el que a menudo nos cuesta pensar: la muerte.

Llegará un día en que todos moriremos, al menos físicamente. Nuestro corazón dejará de latir. No obstante, el alma vivirá para siempre. Podemos perder un miembro del cuerpo o recibir un trasplante de órganos, pero eso no afectará en nada al alma. El alma no muere. Por eso el apóstol Pablo nos recordó la importancia de tener una perspectiva eterna, ya que “sabemos que mientras vivamos en este cuerpo estaremos alejados del Señor” (2 Corintios 5:6).

Cuando nos conectamos con Dios y nos recargamos de energía espiritual, no solo accedemos al poder y la dirección que necesitamos cada día, sino que también hacemos una inversión para la eternidad en nuestro verdadero hogar y destino final, el lugar que el Cristo resucitado está preparando para que vivamos con Él (Juan 14:2-4). Recargar combustible espiritual es otra manera de prepararme para el día en que el Señor me confíe cosas “en abundancia” para toda la eternidad. Con cada recarga, acumulo un capital espiritual que perdurará por siempre en la verdadera aventura de estar en la presencia de Dios.

Si quieres avanzar espiritualmente, si deseas una experiencia íntima y profunda con Dios y vivir conforme a sus deseos, si anhelas experimentar toda la plenitud de la vida que Él tiene para ti, deberás aprender a recargar tu espíritu.

Por Doug Fields
Tomado del libro:Recargado
Vida

Recargado (Ed. Bolsillo)

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