La felicidad en el matrimonio

Ciertas comportamientos aportan a este tipo de matrimonios

Si está casado o se está por casar, hay ciertas actitudes que debe revisar para llegar al éxito en el matrimonio.

 Por Leslie Parrott

Para predecir la felicidad, o la falta de ella en el matrimonio, el Dr. Terman hizo una encuesta con 792 parejas. Aproximadamente un tercio de ellos había asistido a la universidad, algunos estaban casados menos de un año, y otros más de treinta. Esto significaba que su estudio incluía desde recién casados hasta abuelos que habían criado a sus hijos y de nuevo vivían como pareja sin hijos en casa.

El Dr. Terman hizo que cada una de estas parejas se sometiera a exámenes psicológicos. Luego, invitó a cada pareja a su oficina para una entrevista, la cual empezaba con la misma pregunta: “¿En su opinión su matrimonio ha sido un éxito?”.

El doctor descubrió que las parejas que respondían que sí se identificaban por ciertas características afines a los dos cónyuges las cuales han sido confirmadas en estudios posteriores. El Dr. Terman creyó haber identificado las características al cónyuge ideal.

Actitudes amables

La primera y más importante característica en una mujer es una actitud amable hacia los demás. Eso me sorprendió ya que me levanté en una cultura que considera el atractivo sexual y la inteligencia como las mejores cualidades para una mujer. La característica más importante para que una mujer sea una buena esposa es que ella sea amable. No se necesita ser bella, sí amable.

Espera ser tratada con amabilidad

Otro factor que ayuda a formar un matrimonio feliz es una esposa que espera ser tratada amablemente por los demás. La mayoría recibimos más o menos lo que esperamos de los demás. Existe algo transformados en las actitudes que proyectamos. Las actitudes bruscas cosechan reacciones bruscas. Las amables, cosechan reacciones amables.

No se ofende fácilmente

Una buena esposa tiene la facilidad para darle poca importancia a las ofensas e injusticias. El dolor físico es una buena analogía del dolor mental. Cada uno tiene su propio umbral hasta donde puede soportar el dolor. Algunas personas pueden recibir muchos insultos y seguir adelante con una sonrisa. Los que son menos maduros se sientes destruidos por supuestas ofensas y descortesías que a lo mejor no fueron intencionales.
Se siente bien consigo misma

Es maravilloso estar casado con alguien que se siente bien consigo misma, que puede levantar la cabeza, respirar profundo y disfrutar la vida. La mujer que sería una buena compañera conyugal para toda la vida es aquella que no se preocupa demasiado por impresionar a los demás.

Los esposos quieren que sus esposas se arreglen lo mejor que puedan, que se vistan con elegancia y con el cabello bien peinado. Pero una mujer obsesionada por impresionar a los demás llega a ser odiosa. Silenciosamente está repitiendo la misma pregunta equivocada: “¿Cómo me ven?”. En cambio, la mujer que no se preocupa demasiado por impresionar hace que la gente se sienta a gusto hasta con ellos mismos. Es más probable que pregunte: “¿Cómo están?”. Está más interesada en el bienestar de los demás que en la impresión que causa en ellos.

No tiene espíritu de rivalidad

La quinta característica encontrada por el Dr. Terman en las buenas esposas era que no sentían la necesidad de vivir al mismo nivel que sus vecinos. Se necesita mucho más gracia para felicitar los éxitos de nuestros amigos que consolarlos en tiempos difíciles. Al compararnos con nuestros antiguos compañeros de estudio se necesita tener cierta madurez para apreciar sinceramente sus logros. Es más fácil atribuir su “estatus” y sus mayores éxitos a la buena suerte, a influencias o intrigas a costo de otros. Si las posesiones de otra pareja despierta la avaricia en una mujer competitiva, su necesidad de competir puede convertirla en un lastre en su matrimonio. Los hombres pueden ser violentos en sus negocios y en el campo de deportes, mientras la rivalidad entre las señoras casadas es más notable en sus relaciones sociales.

La felicidad como hábito

Estas cinco características en una mujer harán de ella una buena esposa y conformará el hábito o la práctica de la felicidad. Puesto que la calidad de un matrimonio depende de la calidad de sus cónyuges es altamente posible predecir un matrimonio feliz.

Pero, ¿no es exigirle mucho a las mujeres que demuestren estas características? ¿Los hombres no necesitan estas cinco cualidades también? Claro que sí. Sin embargo, son las cualidades que hacen que una mujer sea una esposa maravillosa.

Así también todos necesitamos las cualidades que en el caso de un varón, hacen del hombre un excelente esposo.

Estabilidad emocional

“La característica más importante en un buen esposo es su estabilidad y tranquilidad emocional”. Los medios de comunicación nos hacen pensar que es al subir los escalones de poder y dinero que el hombre se hace cada vez más deseable como esposo. Según la sabiduría popular, es mejor pescar un rico hombre de negocios que un camionero. Pero ambos pueden tener el buen genio y la estabilidad emocional necesarios para que haya compatibilidad en el matrimonio. O puede ser lo contrario, que el genio incontrolable y la inestabilidad emocional hagan que sea imposible vivir con ninguno de ellos.

Dios nunca llamó a los hombres para que fueran los conquistadores económicos y políticos de sus pequeños mundos. Pero sí los llamó para que actúen como la sal de la tierra, como una ciudad construida sobre una colina que guía a los viajeros, y como luces en candelabros cuya sola presencia hace más ameno y seguro el hogar.

Colaborador

La segunda característica de un buen esposo es el deseo de colaborar con su esposa y familia. La primera reacción de algunos hombres es rechazar lo que quieren hacer su esposa y familia.

El principio de combinar la autoridad y la responsabilidad funciona también en el matrimonio. El hombre que exige a su esposa vestirse bien pero sin dar autonomía sobre su dinero le ha dado la responsabilidad sin autoridad. En cambio, el esposo colaborador, es feliz ayudando a su esposa a alcanzar sus propósitos, y de paso, disfruta de un matrimonio feliz.

El respeto hacia la mujer

La felicidad en el matrimonio se incrementa cuando el esposo apoya la dignidad y el valor de la mujer. No hablo de los derechos civiles. Hablo del hombre que estima a su esposa como una socia con derechos propios al tomar en cuenta sus ideas, sentimientos y al delegarle responsabilidades y autoridad de acuerdo con sus intereses y habilidades. Creo que esto empieza cuando el esposo está dispuesto a escucharla.

En un matrimonio basado en el respeto mutuo existen tres áreas en las cuales hay que tomar decisiones: (1) Por acuerdo mutuo hay ciertas decisiones en las que el esposo debe tomar la iniciativa. (2) Hay otras decisiones en las que la esposa necesita tomarla. (3) Hay algunas decisiones que no pueden ser tomadas satisfactoriamente a menos que la pareja converse detenidamente a fin de tomar una decisión común. De esta manera se comparte el liderazgo en un hogar basado en el respeto mutuo.

Una actitud benévola

La cuarta característica es una actitud benévola hacia la gente marginada y los de menor nivel social. Este es un buen indicador de cómo tratará a su esposa e hijos. La felicidad en el matrimonio depende de las relaciones positivas entre los cónyuges, sobre todo para la mujer. Sin embargo, una relación sana con un compañeros de trabajo, o con un pastor o con un hermano compensa poco una relación negativa con un esposo que no brinda apoyo en el hogar. En los matrimonios calificados por ambos cónyuges como exitosos, el esposo tenía una actitud benévola aun hacia aquellas personas que podría herir sin sufrir muchas consecuencias.

Extrovertido y seguro de sí mismo

No censure al esposo que se ría de sus propios chistes. El tipo quieto y callado puede ser débil en vez de fuerte. Ningún hombre tiene que ser “el alma de la fiesta” para ser un buen esposo. Pero algunos estudios han demostrado que los hombres que hablan con facilidad y que se ríen de ellos mismos comparten más con las personas que los rodean y por lo tanto son mejores esposos que los hombres que rehúyen hablar mientras ven televisión.

Cuando el matrimonio no anda bien

Según el estudio hecho por el Dr. Terman, había también ciertas características de quienes consideraban que sus matrimonios no eran exitosos. Las tres causas más mencionadas fueron: (1) el egoísmo, (2) las quejas y (2) la falta de cariño.

Los esposos infelices acusaban a sus esposas de solo amar a sus hijos o a sus propias familias y de tratar al esposo únicamente como medio de sostén económico. Las esposas infelices pensaban que sus esposos mostraban más interés en sus amigos que en ellas a quienes veían solo como objeto sexual o buena ama de casa.

El estarse quejando era otro problema del que hablaron los cónyuges. Cada uno pensó que el otro era irrazonable en sus exigencias. Una mujer cuyo esposo se quejaba continuamente me contó que muchas veces ella se levantaba por la mañana con el firme propósito de no hacer nada que diera lugar a que él se quejara. “Pero”, dijo ella, “no habíamos terminado de desayunar cuando a estaba molesto por algo y comenzaba otro día infeliz”.

Las parejas infelices hablan con frecuencia de la falta de cariño. Y la persona que no puede dar cariño lo encuentra difícil de recibir. Esto reduce el matrimonio a una relación física y mecánica que con el tiempo llega a ser poco satisfactoria.

Todo matrimonio con estas tres actitudes termina en divorcio legal o psicológico. Aunque las sanciones, las influencias de la iglesia, familia o de los hijos muchas veces mantienen unidos legalmente a una pareja, estos sufren el dolor del divorcio psicológico. Pueden vivir bajo el mismo techo pero nunca disfrutan de la felicidad que Dios propuso cuando organizó al mundo en familias al comienzo de la existencia humana.

Por Leslie Parrott
Tomado del libro:Feliz ¡a pesar de todo!
Unilit

 

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