Entrenamiento espiritual para su mente

Impregnar nuestra mente del Señor

No solo debemos ser personas espiritualmente firmes sino también con un intelecto sólido en Cristo.

Por Timothy Jorgensen

Dios es un Dios inteligente. Le dio a la humanidad la misma clase de inteligencia para propósitos maravillosos. Diseñó nuestro intelecto en primer lugar para que tengamos la dicha de descubrir su creación. Hay cierta emoción en ver la mano ordenada de Dios en la creación y sus leyes. Esta sensación de descubrimiento iba a conducir a una experiencia más grande de ejecutar su Palabra e implementarla de una manera práctica.

El código oculto: la manera de pensar de Dios

Hay muchas cosas que Dios no necesita decirnos porque la creación misma nos habla de la manera en la que Él piensa (ver Salmo 19:1-4). Por este motivo, Jesús usó parábolas de la naturaleza y sus leyes para demostrar la manera en la que funciona el Reino de Dios. Esto nos dice una y otra vez que Dios es un Dios sistemático e inteligente, de conocimiento, entendimiento, consejo y sabiduría. Por ejemplo, cuando nos dice que vayamos a una nación en particular, Él espera que usemos nuestro cerebro según la información que ya ha traído a nuestro camino para obtener pasaportes o hacer las preguntas adecuadas para saber lo que necesitamos saber con respecto a ese lugar. Dios espera que usemos nuestro intelecto y que este crezca.

El orgullo de una mente corrupta

Sin embargo, un intelecto impío se rebelará contra Dios. Lo desafiará continuamente, pensará que sabe más o simplemente se negará a obedecer cualquier orden de Dios hasta que entienda todo y quede satisfecho. Este es un claro caso de orgullo. Generará orgullo en su historial de buenas decisiones o conocimiento adquirido. “Si todavía no sé algo sobre ello, probablemente no sea importante”. El intelecto impío hará todo lo posible por razonar su camino fuera de la obediencia y se negará a someter sea las simples órdenes de Dios. Las personas que piensan de esta manera tienden a destacarse porque por lo general son totalmente discutidores con respecto a cualquier cosa que se trate de Dios.No desean aprender nada acerca de Dios porque esto podría hacer que tengan que admitir que están equivocados con respecto a los asuntos más fundamentales de la vida. Esto es generalmente demasiado doloroso de enfrentar para un intelecto impío.

Pero las personas que asisten a la iglesia también pueden tener un intelecto impío. Son personas religiosas cuyo intelecto se ha cristalizado a varios grados de impiedad. Ejemplo de esto son las personas con las que Jesús más se enfrentó: los fariseos. Ellos servían a Dios con el intelecto, no con el espíritu. Si alguien tenía algún conocimiento acerca de Dios que no coincidía con el de su mente, inmediatamente lo rechazaban. No importaba si Las Escrituras lo aceptaban. Esta clase de personas se sigue viendo en nuestros días.

Su manera de ser es evidente, en primer lugar,debido a su actitud defensiva hacia el nuevo conocimiento acerca de Dios o simplemente hacia el conocimiento que ya tienen, pero no practican. Por lo general, son cínicos y no esperan a juzgar algo mediante el claro consejo de La Palabra o los frutos, sino quien mediatamente juzgan por las apariencias. Hacen preguntas para  confirmar sus dudas en lugar de tener una fe más firme en La Palabra y el carácter de Dios. No tienen una nueva apertura para que Dios confirme su Palabra y su amor de una manera renovada en el mundo. Lo más importante es que no tienen ansias de obedecer a Dios de una manera en la que nunca lo han hecho antes.

Reconocimiento de la fuente de conocimiento

¿Cómo alineamos nuestro intelecto para que fluya con Dios?En primer lugar, debemos entender que no sabemos todo. Él es Dios; nosotros no. También debemos humillar nuestro intelecto para reconocer el intelecto perfecto de Dios en todas las situaciones.Proverbios 3:5-6 es el mejor antídoto para un intelecto impío. “Confía en el Señor de todo corazón, y no en tu propia inteligencia. Reconócelo en todos tus caminos, y él allanará tus sendas”.Estas son excelentes instrucciones, ¡hacer preguntas a Dios!

Muchas personas en realidad nunca lo hacen, generalmente por dos motivos: en primer lugar, porque creen que ya conocen la respuesta y, en segundo lugar, porque no creen que Dios les va a responder. Ambos motivos son incorrectos. Siempre hay algo en todas las situaciones que podemos no saber. Debemos hacer las preguntas adecuadas y saber que Dios no trata de guardarse toda la información para sí mismo. Él desea compartir su conocimiento con cualquiera que crea que Él va a responder nuestro pedido de conocimiento.

Tenemos que estar abiertos a nuevas revelaciones acerca de cualquier tema. Además, habrá veces en las que no se nos dirá todo enseguida, sino que a medida que obedezcamos las instrucciones por fe, entenderemos mejor. Lo que no recibamos por revelación,lo recibiremos mediante la obediencia en la situación.Jesús mismo dijo que había algunas cosas que quería hablar con sus discípulos, pero que ellos todavía no podían comprenderlas.

Sin embargo, dijo que cuando viniera el Espíritu Santo, podría decirles esas cosas (vea Juan 16:12-13; 1 de Corintios 2:9-10).El Espíritu Santo conoce el tiempo adecuado para que nosotros conozcamos determinada información confidencial. ¡Debemos confiar en Él!

Listos para obedecer; dispuestos a cambiar

Es importante entrenar nuestra mente para que se rinda en obediencia a La Palabra de Dios. Jesús lo dijo de esta manera:“El que esté dispuesto a hacer la voluntad de Dios reconocerá si mi enseñanza proviene de Dios o si yo hablo por mi propia cuenta” (Juan 7:17). Una vez que nuestra mente esté decidida a hacer la voluntad de Dios, no importa cuál sea, llegarán a nosotros revelación y entendimiento. Al leer La Palabra de Dios, debemos abrir nuestra mente para entender sus conceptos y situaciones de una manera renovada. Luego debemos asegurarnos de pedir a Dios más revelación y precisión. No lo conocemos como creemos. Debemos permanecer humildes. Job pensó que sabía mucho de Dios y de la vida hasta que conoció a Dios cara a cara y luego Dios comenzó a descargar preguntas y entendimiento ante Job como una ametralladora.Al final, Job solo pudo decir: “Yo sé bien que tú lo puedes todo, que no es posible frustrar ninguno de tus planes. ‘¿Quién es éste —has preguntado—, que sin conocimiento oscurece mi consejo?’. Reconozco que he hablado de cosas que no alcanzo a comprender, de cosas demasiado maravillosas queme son desconocidas (…) De oídas había oído hablar de ti, pero ahora te veo con mis propios ojos. Por tanto, me retracto de lo que he dicho, y me arrepiento en polvo y ceniza” (Job 42:2-3,5-6).

Permitamos que nuestra mente esté lista para cambiar a la luz de la verdad de Dios.

Prueba de humildad

Hagamos un ejercicio práctico. Consiga una hoja de papel.Dibuje un círculo grande. Permita que todo lo que está dentro de ese círculo represente todo el conocimiento que puede adquirirse,todo el conocimiento pasado, presente y futuro. Contiene todo el conocimiento acerca de la ciencia de la Tierra (incluidos animales,plantas, minerales, elementos y leyes biológicas y químicas), astronomía,física (todos los campos de estudio), computadoras (todos los descubrimientos y avances tecnológicos), medicina (todos los campos), y así sucesivamente. Contiene todo el conocimiento con respecto a los seres humanos (Historia completa, todos los detalles de las relaciones, todas las artes, etc.) y todo el conocimiento con respecto al reino espiritual y Dios, así como todo el conocimiento con respecto a todos los libros que se han escrito, el conocimiento de todos los cursos que se podrían enseñar en todas las universidades de la Tierra, todos los acontecimientos que se han producido dentro de la Historia mundial, y así sucesivamente.Todo esto está representado dentro de ese círculo.

Ahora, con esto en mente, le pido que marque una línea a lo largo del círculo y defina una sección que represente la cantidad de conocimiento que usted personalmente tiene. ¿Trazaría una línea a lo largo en la mitad? ¿Quizás a un cuarto del camino? Si es honesto, probablemente solo dibujará el punto más diminuto en alguna parte en el medio de ese círculo. Ahora mírelo. Dios ve,recuerda y entiende todo lo que es posible dentro de ese círculo de conocimiento y todo lo que se agregará a él en el futuro.

Nuestra continua necesidad de ayuda

Este es el mismo Dios que dice: “Hijo mío, si haces tuyas mis palabras y atesoras mis mandamientos;si tu oído inclinas hacia la sabiduría y de corazón te entregas a la inteligencia; si llamas a la inteligencia y pides discernimiento; si la buscas como a la plata, como a un tesoro escondido, entonces comprenderás el temor del Señor y hallarás el conocimiento de Dios.Porque el Señor da la sabiduría; conocimiento y ciencia brotan de sus labios” (Proverbios 2:1-6).

El apóstol Pablo lo dijo en forma de alabanza: “¡Qué profundas son las riquezas de la sabiduría y del conocimiento de Dios! ¡Qué indescifrables sus juicios e impenetrables sus caminos! ‘¿Quién ha conocido la mente del Señor, o quién ha sido su consejero?’.

‘¿Quién le ha dado primero a Dios, para que luego Dios le pague?’ Porque todas las cosas proceden de él, y existen por él y para él. ¡A él sea la gloria por siempre! Amén” (Romanos 11:33-36).

Coloquemos ese papel en la pared, y cada vez que lo miremos,permitamos que nos recuerde que debemos creer en Dios continuamente para tener más sabiduría, conocimiento y entendimiento,al saber que hay mucho que no sabemos y necesitamos saber. Recordémonos: “Si hay algo bueno que sí sé, es cómo pedir a Dios y creer en su ayuda. Si supiera cien veces más de lo que sé ahora, pero no supiera cómo hacer eso, me estaría perdiendo el conocimiento más importante que podría tener, el conocimiento de cómo conectarme con el único que lo sabe todo”. Aunque no tengamos todos los peces del mundo, agradezcamos a Dios porque tenemos una caña de pescar con la que podemos obtener los peces que necesitamos.

Practiquemos declarando en voz alta con todo nuestro corazón:“¡Padre, ayúdame! Muéstrame lo que debo hacer. Necesito que me reveles tu conocimiento, sabiduría y entendimiento. Te agradezco y creo que lo recibo ahora mismo”.

Si nos enfocamos libremente y elevamos nuestro pedido desde nuestro corazón a Él, Dios nos revelará libremente la sabiduría de su corazón. Lo animo a que lo haga. Liberémonos del temor y el orgullo de qué tan tonto parece, ignoremos lo que otros pueden pensar (si fueran inteligentes, ellos también lo harían) y hagámoslo sin considerar la llamada imagen del “amor propio”. Esto seguramente nos mantendrá humildes. Y, a los humildes, Dios les dará su gracia (poder sobrenatural). Entonces, la próxima vez que nuestro cerebro se sienta algo incómodo o trate de burlarse del nuevo conocimiento de Dios, incluso de las fuentes “insensatas” (vea 1 Corintios 1:25-29), no debemos apoyarnos en nuestro propio entendimiento, sino reconocer a Dios y permitir que dirija nuestro camino.

“Razonemos juntos…”

Una vez que seamos expertos en esto, nuestro intelecto puede ser una excelente herramienta de Dios. En el libro de Hechos, los apóstoles sometieron su mente a La Palabra de Dios, sin importarlo que enseñaba la tradición. Entendían las cosas con el Espíritu Santo y llegaban a conclusiones sabias. “Nos pareció bien al Espíritu Santo y a nosotros no imponerles a ustedes ninguna carga aparte de los siguientes requisitos…” (Hechos 15:28). Esta es una gran habilidad que puede tener nuestro intelecto, la alegría de descubrirlos procesos de pensamiento del Espíritu Santo y la paz de poder simplemente estar de acuerdo con Él. Pero esto no sucede fácilmente;exige que seamos diligentes con el fundamento discutido anteriormente del entrenamiento de nuestro intelecto.

Como líder, es importante tener un intelecto bien entrenado.Aceptar ciegamente todo lo que dice la gente nunca nos convertirá en los líderes que necesitamos ser. Pablo sabía esto. Le dijo a Timoteo: “Reflexiona en lo que te digo, y el Señor te dará una mayor comprensión de todo esto” (2 Timoteo 2:7). Debemos escuchar la enseñanza, pero buscar al Señor para que nuestro intelecto sepa cómo puede aplicarse mejor. Esto incluso se aplica a este entrenamiento;hay muchas cosas prácticas en este libro, pero solo Dios puede abordar aspectos específicos personalmente en cada uno de nosotros.

Detrás de toda persona intelectual hay una motivación. Independientemente de qué tan intelectuales y entendidas sean las personas, hay creencias básicas que guían su búsqueda y su uso del conocimiento. La clave no está en entender el contenido de lo que piensan las personas, sino en entender su manera de pensar.Incluso antes de que la mayoría de las personas comiencen a razonar, por lo general tienen un objetivo en mente. Lamentablemente,a menudo la verdad no es el objetivo; en su lugar, desean demostrar que tienen razón. Una vez más, ¿no es esto orgullo?

La Biblia registra que Moisés fue una de las personas más humildes (vea Números 12:3). Dios sabía que él era el mejor líder,aunque casi todas las personas a las que lideró parecían pensar de manera diferente. El secreto de su liderazgo no fue su capacidad para hablar, su gran fe ni su audaz confianza. Al parecer, no tuvo ninguna de esas cualidades desde el principio. Pero el Salmo 103:7 nos da el sorprendente secreto para su capacidad de liderazgo:“Dio a conocer sus caminos a Moisés; reveló sus obras al pueblo de Israel”. Moisés simplemente llegó a entender la manera de pensar de Dios. Todos los días pasaba tiempo en el tabernáculo de reunión buscando a Dios, sumergiéndose en los pensamientos y las palabras de Dios. Los israelitas veían los actos poderosos, pero Moisés conocía de dónde provenían. Provenían de la motivación y la manera de pensar de Dios.Moisés incluso usó esta información “contra” Dios cuando intercedió por Israel.

Le recordó a Dios su manera de pensar (sus caminos) y la forma en que Dios debía actuar debido a esto (vea Números 14:11-19). No es algo que llega de la noche a la mañana,pero Moisés se tomó el tiempo y la disciplina necesarios para moldear su intelecto para que imitara la manera de Dios. Por eso Dios respaldó el liderazgo de Moisés siempre que lo desafiaron.

El objetivo de Moisés no era demostrar que él tenía razón; su motivación era demostrar que el Señor tenía razón. Creo que Dios escogió su incapacidad para hablar, la mala imagen que tenía de sí mismo, sus pocas habilidades de organización porque Moisés nunca podría tener la justificación para decir: “¡Sabía que yo era grande!”. Todo lo que podría hacer era simplemente permitir que Dios tuviera razón. Realmente quería que Dios fuera magnificado por encima de todo.

Inteligencia liberada del egoísmo

Si este es nuestro motivador principal, podemos razonar con el Espíritu Santo, y nuestro razonamiento no tendrá una motivación egoísta. ¿Recuerda la primera señal de la sabiduría diabólica?“Pero si ustedes tienen envidias amargas y rivalidades en el corazón,dejen de presumir y de faltar a la verdad. Ésa no es la sabiduría que desciende del cielo, sino que es terrenal, puramente humana y diabólica. Porque donde hay envidias y rivalidades, también hay confusión y toda clase de acciones malvadas” (Santiago 3:14-16).

¿Pero cuál es la señal de un intelecto piadoso?“En cambio, la sabiduría que desciende del cielo es ante todo pura, y además pacífica, bondadosa, dócil, llena de compasión y de buenos frutos, imparcial y sincera” (Santiago 3:17).

No entendí esto por un tiempo porque suena como si la verdadera sabiduría significara permitir que otras personas nos atropellen.¿Significa esto que simplemente debemos rendirnos ante cualquier persona o tener paz con todos? Pero debemos reconocer que en primer lugar es pura. Eso significa que no está enfocada en forma horizontal en agradar a los seres humanos, sino que la verdadera sabiduría está primariamente enfocada primero en los intereses de Dios. Busca la paz en los términos de Dios, no en los de las personas. Se rinde fácilmente a La Palabra y el Espíritu de Dios. Luego muestra bondad y misericordia a las personas. Y semantiene constante. Por ello la manera de ser de Dios ¡no cambia!

Esta es la sabiduría que tuvo Moisés, y podemos descubrir el método que usó: saturarse todos los días de la presencia de Dios y memorizar La Palabra de Dios (escribió los primeros cinco libros de La Biblia sin grabadora, computadora ni lápiz y papel. ¡Eso es memorizar mucho!). Él vio la grandeza de Dios y quiso que Él tuviera el primer lugar. Ese era el camino para que su intelecto pensara junto con la manera de pensar de Dios.

Por Timothy Jorgensen
Tomado del libro: Aviva el fuego de tu don
Peniel

Aviva el Fuego de tu Don

 

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