¿Dificultades en el amor?

Revise hacia qué aspecto del amor se inclina más

Muchas personas hallan problemas a la hora de dar y recibir amor. Se sientes como bloqueados e incapaces. ¿A qué se debe? ¿Puede solucionarse?

Por Smalley& Dr. Trent

En consejería hemos visto una y otra vez que el causante del desequilibrio de las relaciones en el presente de la persona es algo que ha ocurrido en el pasado. Cuando llegamos al meollo de sus problemas, nos damos cuenta de que el libre fluir del amor equilibrado está bloqueado por lo que llamamos un punto de congelamiento emocional.

Los puntos de congelamiento emocional reflejan un evento único o una temporada de acontecimientos que hacen que la persona únicamente pueda brindar un solo aspecto de su amor. Consideremos lo que le ocurrió a Bárbara.

Cierto día, su padre, Jaime, estaba sentado en su escritorio en el trabajo. Ya era tarde; era hora de regresar a casa. Pero ese día, eso no era lo que ocupaba la mente de Jaime. En cambio, con mano temblorosa, temó el auricular de su teléfono.

La llamada duró apenas dos minutos. Solo tuvo que decir siete números, pronunciar unas pocas palabras muy bien pensadas y listo, había logrado lo que tanto deseaba. Cuando cortó suspiró aliviado y luego tomó su abrigo.

En su mente, él había simplemente cerrado el libro de una mala historia que había vivido durante demasiado tiempo. Sin embargo, del otro lado de la línea, era como si hubiera explotado una bomba.

Bárbara comenzaba los preparativos para la fiesta de aniversario que tendría lugar esa velada. Tomó los hermosos cubiertos de plata que estaban debajo de los manteles en el armario y comenzó a lustrarlos sobre la mesa del comedor. Con las manos ocupadas en esa tarea, permitió que su mente regresara a las muchas imágenes que plagaban su memoria.

El padre de Bárbara jamás la había abusado físicamente. Pero, de una manera u otra, sus palabras críticas e hirientes la habían golpeado tan duro como los golpes que le podría haber propiciado.

Bárbara sacudió la cabeza como tratando de aclarar su mente de todas esas imágenes y emociones negativas que inundaban sus pensamientos. Este no era el día adecuado para pensar en esas cosas. A pesar de todos sus problemas, sus padres habían estado casados durante veinticinco años.

¡Era su aniversario! Pronto llegarían unos pocos amigos y familiares para una pequeña pero cuidadosamente planeada cena. Cuando terminó de colocar las últimas decoraciones, tuvo que sonreír. “Al menos permanecieron juntos”, pensó.

Ese único hecho positivo había sido siempre su aliciente. Su voluntad de permanecer casados había actuado como un ancla que le había ayudado a surcar las tormentas emocionales que había visto azotando a diario su matrimonio. Lo que no sabía era que el frágil cable que sostenía su compromiso estaba a punto de cortarse.

No era inusual que el padre de Bárbara llamara desde su trabajo para avisar que llegaría tarde. Es más, sabiendo que los invitados estaban por llegar en cualquier momento, cuando ella vio que su madre acudía a responder el teléfono, supo que, probablemente, se trataba de él. Lo que desconocía era que ese llamado no era la reacción espontánea de su padre al ver qué hora era. Él había planeado durante meses lo que diría y el momento en que lo haría.

A pesar de que Bárbara no podía escuchar la conversación, no tardó en darse cuenta de que algo trágico ocurría. Después de algunos momentos de silencio y de oraciones interrumpidas, su madre finalmente dio un grito entrecortado y se desplomó en un sillón junto al teléfono. Le corrían lágrimas por las mejillas.

¾¿Qué ocurre, mamá? ¿Qué paso? ¾gritó Bárbara corriendo por el pasillo hacia su madre. Cuando esta no le respondió, le dijo aún más fuerte¾ ¡Dime qué pasa!

¾Era tu padre ¾le contestó su mamá con una vez que era apenas un susurro¾. No estará presente en la fiesta. Él no regresará a casa; nunca más lo hará.

¾Mamá, ¿por qué? ¾preguntó Bárbara tratando de encontrarle algún sentido a lo que acababa de ocurrir.

¾Me deja por otra mujer. Y quiso esperar al día de hoy par decírmelo.

En dieciocho años, Bárbara jamás había visto a su madre perder los estribos. Pero esa noche, cuando se levantó del sillón y se encaminó a su dormitorio, la madre se detuvo junto a la mesa del comedor, alegremente decorada para las festividades.

Con un golpe feroz, arrojó al aire el hermoso centro de mesa: un enorme florero de cristal. Conmocionada por lo que acababa de hacer y abrumada por sus emociones, corrió llorando hacia su habitación cerrando la puerta de un golpe.

El florero de cristal hecho trizas era la imagen perfecta del mundo de Bárbara. Esa noche, cada vez que sonaba el timbre, ella tenía que volver a revivir y relatar el dolor de la llamada de su padre a los invitados preocupados y consternados. Y cada día a partir de ese momento, mientras su madre pasaba por un horrible divorcio que no deseaba, se le rompía el corazón en pedazos.

¿El final de la historia? Así lo desearíamos. Pero una tragedia final nos transmitió el mensaje con puño de hierro.

Cuando Bárbara nos relató lo que su padre había hecho, miraba hacia el pasado. En vez de tener 18 años, ella tenía ahora 34, estaba casada y ejercía una carrera muy prometedora.

En una reunión para mujeres profesionales donde yo enseñaba los conceptos que se encuentran en este libro, Bárbara se me acercó con lágrimas en los ojos. “Mientras usted hablaba me di cuenta de algo importante”, me dijo. “La noche que mi padre llamó a casa y dijo que se marchaba, yo tomé una decisión. La miraba a mi madre en su dormitorio, llorando y viendo como todo su mundo se caía a pedazos. En ese momento, me dijo a mí misma: ‘Jamás, jamás voy a permitir que alguien me trata como mi padre a tratado a mi madre’. Pero lo que realmente decía era: ‘Nunca seré blanda como mi madre. Nunca dejaría que nadie se me acercara y me hiriera de esa manera’”.

Trágicamente, la decisión de Bárbara de bloquear completamente el aspecto tierno de su amor fue llevada a cabo con absoluta precisión. Con lágrimas en sus ojos, me dijo: “Ahora, después de ocho años de casada, ¡mi esposo me acaba de dejar! Después de su charla, comprendo por qué. Él me lo dijo cientos de veces. Soy demasiado dura con él. Pero, después de lo que le ocurrió a mi madre, nunca pude ser tierna con él ni con nadie a quien ame”.

Esta es solo una de las historias de las muchas que podríamos haberles relatado sobre los recuerdos traumáticos de la vida de un niño que hace que esa persona ame a los demás a medias. Hemos visto puntos de congelamiento emocional causados por un divorcio, muerte en la familia, malos tratos físicos, una mudanza difícil, no poder ingresar en una profesión en particular o alguna otra situación que hubiera bloqueado un aspecto del amor.

Pero los puntos de congelamiento emocionales no pueden rastrearse siempre a un solo acontecimiento.

La madre de Carlos lo había dejado a él y a su hermano en un orfanato cuando tenía 5 años porque “no podía manejar el estrés” de criarlos. Tanto en el orfanato como en los diversos hogares de acogida, sufrió terribles abusos. La ausencia de su madre y cada nuevo incidente de malos tratos dejaron como scuela una gran ira sin resolver en su vida, congelando cada vez más su corazón y bloqueando su capacidad de dar y recibir amor tierno.

Si usted lucha por dar uno de los aspectos del amor a los demás, especialmente el lado tierno, comience por tomar dos pasos hacia atrás y mirar de cerca su pasado. Como ayuda para que pueda realizarlo, hágase estas preguntas:

  • ¿Vio un equilibrio entre el lado tierno y el lado firme del amor en su hogar? Si no, ¿hacia cuál de los dos extremos se inclinaba?
  • ¿Tiene noción de alguna situación específica o temporada en el pasado de sus padre que les pueda haber impedido darles ambos aspectos del amor?
  • ¿Cree que le está dando a su hijo los mismos aspectos del amor que ustedes recibieron de sus padres? ¿Esto lo complace o lo preocupa?
  • ¿Puede recordar un momento específico en el cual tomó la decisión interior de no ser tiernos o firmes con los demás? ¿Qué lo impulsó a tomar esa decisión?
  • ¿Cómo describían a Dios en su hogar cuando era niño? ¿Recibió una imagen equilibrada de Él, o era solo un Dios tierno y lleno de misericordia, o un Dios estricto y sentencioso? ¿Cómo ha afectado esta imagen del pasado a la opinión que tiene de Dios hoy?

Quizá ahora, como Carlos y Bárbara, ustedes puedan identificar una situación o temporada que los haya llevado a tomar la decisión interior de bloquear un aspecto del amor. Si presiente semejante bloqueo en su vida, necesita investigar un poco de su pasado.

Cuando enfrentamos nuestro pasado con honestidad, comenzamos a desatascarnos de los puntos de congelamiento emocional. Si nuestra lucha por amar a los demás con todo el corazón en el presente proviene de una reacción del pasado, existe un número de recursos que pueden ayudarnos a profundizar y obtener nuestra libertad.

Por Gary Smalley& Dr. John Trent
Tomado del libro:Los dos lados del amor
Patmos

Los Dos lados del Amor (Ed. Bolsillo)

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