Desencantados de la iglesia

Cuando la comunidad cristiana no es lo que esperamos

Lamentablemente la iglesia también sufre de traiciones, desilusiones y heridas difíciles de cerrar.

Por Jonathan Martin

No hay un grupo de personas que se reúna en el nombre de Jesús, ya sea de manera formar o informal, que no sufra caos, y no hay relación que no sea compleja. Participo todo el tiempo de conversaciones con personas que me dicen alguna variante de “Amo a Jesús, pero no amo la iglesia”. Yo, mejor que nadie entiendo eso. Tengo un asiento en primera fila desde donde he visto todos los tipos de inmundicia y perplejidad en nombre de Jesús. Aunque conozco hermosas historias, también conozco muchas historias de cuán herido puede estar el pueblo de Dios. A veces siento una relación más estrecha con los hijos e hijas que se han quemado y están desilusionados con la iglesia que con aquellos que, como yo, nunca se han ido. Comparto muchos de sus sentimientos y experiencias. Creo comprender mejor a los desilusionados que a los que no lo están. Cuando alguien tiene cicatrices que han resultado de su encuentro con algún cristiano desquiciado, o si usted se siente inexplicablemente atraído a Jesús a pesar de las personas absurdas que aparentemente dirigen los negocios de Dios en el mundo, entonces, es una verdadera tentación preguntar: “¿Puedo tener una relación con Jesús y no con la iglesia?”. En realidad, no. No es posible.

Recuerdo la respuesta de Stanley Hauerwas cuando le preguntaron por qué había permanecido en la Iglesia Metodista Unida durante tanto tiempo, cuando a veces era tan despiadadamente crítico de la iglesia. “Siempre he creído que uno permanece con la gente que lo ha marcado”, respondió él. Y para mí, eso lo resumió bien. Cualquiera que sean los defectos de la iglesia, no deja de ser mi iglesia. Todos tenemos un pariente excéntrico a quien quisiéramos esconder cuando presentamos la novia a la familia. Estoy cada vez más consciente de la probabilidad de que yo también sea el pariente excéntrico en la vida de alguien.

Hemos visto cuán hermoso puede ser seguir a Jesús en esta nueva manera de existir como ser humano. Pero una de las cosas que más me gusta acerca de Él es cuánto ama a la humanidad en su quebranto. Si en aquel entonces Él estaba rodeado de personas heridas, ¿por qué pensamos que hoy será diferente? Creo que es un gran error cuando los cristianos aparentamos que nuestra vida marcha de lo más bien solo para “mostrar dominio de nuestra imagen” ante la cultura en general. “Venga y vea nuestra iglesia perfecta y nuestra familia perfecta. Y si se une a nosotros, tal vez un día usted también podrá tener una vida perfecta”. Esta clase de manipulación es caldo de cultivo para la desilusión.

Me encanta la obra del difunto sacerdote dominico, Herbert McCabe. Cuando un amigo suyo decidió públicamente dejas la iglesia católica debido a “toda la corrupción” en ella, McCabe, como editor de un periódico católico, escribió una respuesta crítica en su artículo editorial: “Claro que es corrupta. Pero esa no es razón para irse”.

Yo me he quedado en la “iglesia institucional” porque no crea que sea corrupta. Como con cualquier sistema humano, la desilusión es parte integral de nuestra vida en comunidad, todos nos desilusionamos y también somos causa de desilusión para otros. Sencillamente, no creo que esta sea una buena razón para irse. Y todavía sigo creyendo que lo mejor para la mayoría de nosotros es encontrar en algún lugar una comunidad cristiana que tenga algo de la hermosura que tienen todas las iglesias y algo de la fealdad que tienen todasiglesias. Y después, debemos aportar lo mejor con nuestro trabajo.

Tenemos un documento llamado el Manifiesto Renovatus que rige nuestra iglesia. Es una declaración de lo que consideramos diferente en nuestra comunidad. La que sigue es una de nuestras declaraciones: “Somos la iglesia de su abuela, y de su bisabuela, y de su tatarabuela”.

Me cansé de los trillados anuncios de las iglesias que dicen: “No somos la iglesia de su abuela”. Entiendo lo que ellos quieren implicar con esto. Es una manera de decir que la iglesia tiene guitarras eléctricas en vez de un antiguo órgano de tubos. Como no me crié en iglesias con órganos de tubos, no tengo razón para ahora mostrarme a la defensiva respecto a esto. No obstante, no puedo evitar que me moleste el descuido en el uso del lenguaje. El deseo de cortar relación con quienes vinieron antes que nosotros no es ninguna virtud. Aunque nos avergüence, y tal vez con razón, el comportamiento o la historia de nuestras iglesias. Sin embargo, existimos en continuidad de estas. Siempre estaremos atados a la iglesia de nuestra abuela, y así debe ser. Esta iglesia nos ha dado muchas cosas buenas. Pero aunque haya estado equivocada, todavía es parte de nuestra historia.

No hay tal cosa como cortar con el pasado y comenzar de nuevo (ni siquiera la Reforma Protestante pudo hacerlo). La realidad de ser Cuerpo de Cristo nos deja profundamente relacionados, aunque tratemos de alejarnos para hacer algo diferente. Por supuesto, nos encantaría hacer borrón y cuenta nueva de los errores y fracasos de la iglesia de nuestra abuela, porque podríamos aparecer sin pecado. Pero cuando nos disociamos incluso de los aspectos negativos de la tradición denuestra iglesia, perdemos de vista en nuestro ministerio el poder del arrepentimiento y de la restauración. ¿Y podemos realmente pensar que esto es buena idea?

Siempre recuerdo las palabras de Dietrich Bonhoeffer acerca del tema de la desilusión en su libro Vida en comunidad: “Decepcionados por los demás y por nosotros mismos, Dios os va llevando al conocimiento de la auténtica comunidad cristiana. En su gracia, no permite que vivamos ni siquiera unas semanas en la comunidad de nuestros sueños, en esa atmósfera de experiencias embriagadoras y de exaltación piadosa que nos arrebata… Cuanto antes llegue esta hora de desilusión para la comunidad y para el mismo creyente, tanto mejor para ambos. Querer evitarlo a cualquier precio y pretender aferrarse a una imagen quimérica de comunidad, destinada de todos modos a desinflarse, es construir sobre arena y condenarse más tarde o más temprano a la ruina.

Debemos persuadirnos de que nuestros sueños de comunidad humana, introducidos en la comunidad, con un auténtico peligro y deben ser destruidos. Quien prefiere el propio sueño a la realidad se convierte en un destructor de la comunidad, por más honestas, serias y sinceras que sean sus intenciones personales.

Dios aborrece en los ensueños piadosos porque nos hacen duros y pretenciosos. Nos hacen exigir lo imposible a Dios, a los demás y a nosotros mismos. Nos erigen en jueces de los hermanos y de Dios mismo. Nuestra presencia es para los demás un reproche vivo y constante. Nos conducimos como si nos correspondiera a nosotros crear una sociedad cristiana que antes no existía, adaptada a la imagen ideal que cada uno tiene. Y cuando las cosas no salen como a nosotros nos gustaría, hablamos de la falta de colaboración, convencidos de que la comunidad se hunde cuando vemos que nuestro sueño se derrumba. De este modo, comenzamos por acusar a los hermanos, después a Dios y, finalmente, desesperados, dirigimos nuestra amargura contra nosotros mismos… Por tanto, la verdadera comunidad cristiana nace cuando, dejándonos de ensueños, nos abrimos a la realidad que nos ha sido dada”.

Ciertamente entrar a una comunidad cristiana tiene sus riesgos. Por tratarse de una comunidad humana, habrá traición, desilusión y desencanto. Esto sucederá hasta que el Hijo del Amor vuelva para completar la restauración que comenzó en nosotros. Seremos heridos y a veces heriremos a otros. Sin embargo, ¡qué gran don para le pueblo de Dios y qué gran regalo es ser su pueblo!

Todavía hoy, necesito que alguien me ame lo suficiente como para tomarme de la mano y guiarme a participar de la gozosa celebración de ser amado. Ese es el propósito de la comunidad cristiana.

La novia desfigurada

Lamentablemente me temo que muchos cristianos todavía no han visto esta clase de testigo. A la iglesia se le ha encargado la sagrada responsabilidad de ser el pueblo quebrantado y hermoso de Dios ante el mundo. Pero yo entiendo que este no es siempre el caso. Con mucha frecuencia no comportamos como si creyéramos que Jesús ya ha cambiado el mundo. Todavía somos la novia de Cristo, pero somos una novia desfigurada.

No tengo manera alguna de explicar ni defender la aflicción del pueblo de Dios, ni tampoco la mía. Lo es tan cierto para la iglesia como lo es para mí personalmente. Estoy muy quebrantado y, sin embargo, soy muy amado. No obstante, anhelo ver el día cuando la iglesia pueda entender nuevamente el poder único que se nos ha dado. Espero el día cuando veamos la vida y las palabras de Jesús como modelo para las nuestras. Hay momentos cuando la mezcla de frustración y deseo bulle en mi vida.

Es cierto que lo mejor que podemos hacer es aprender cómo abrazar y ser abrazados en una imperfecta comunidad cristiana. Pero quiero incluir como un desafío para quienes ya están conectados a esta comunidad. Debemos vivir conforme al llamado que hemos recibido, para que una vez más seamos las hermosas personas de Dios en el mundo.

Por Jonathan Martin
Tomado del libro:Prototipo
Influence

Prototipo

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