Basta de mayonesa

Cuando las cosas se empastan, hay que hacer un alto

En medio de confusión, problemas, indecisión y dudas, no agregue más caos y tómese un descanso.

Por Evangelina Daldi

Hace un tiempo se me presentó un problema. Uno nuevo, de esos que son atípicos y a los cuales no estamos, no estoy, mejor dicho, acostumbrada.

Y esto hizo que me sintiera insegura. Que tuviera miedo. No sabía qué iba a pasar, cosa que para mí es bastante molesto, no porque tenga que saber qué deparará el futuro ¾no lo sé y tampoco puedo hacerlo¾ sino por una cuestión de control. Claro. Soy una persona que, en lo que respecta a ciertas cosas, me siento mejor teniendo el control. Situaciones cotidianas, nada trascendental. A decir verdad que todos somos un poco así. Pero en cuanto a mí, cuando en estas cosas escapan de mi ámbito de control, debo reconocer que empiezo a incomodarme.

Y frente a este problema nuevo me sentí a la deriva; no sabía qué hacer, qué paso dar, cómo actuar. Y esto se prolongó más de lo deseado. Y di rienda suelta a mi cabeza. Mis pensamientos comenzaron a volar. Mi mente iba a una gran velocidad dibujando diversos escenarios, diferentes pronósticos y hasta puedo decir que exageré bastante, cosa de la que soy consciente hoy. Puede decirse que lo que veía era una catástrofe.

En medio de toda mi preocupación y mi miedo, me encontré con una buena amiga que me escuchó atentamente mientras yo pintaba el triste panorama. No me interrumpió ni una sola vez. Esperó pacientemente a que termine, a que me desahogara. Y luego me dijo una frase muy corta: “Estás empastada”.

¿Cómo? ¿Qué era eso? No entendí.

“Claro, estás empastada. Estás tan metida en tu problema que no podes parar. No podes parar de inventar. No podes frenar tu negativismo. No podes ponerle un alto a tu mente para pensar en frío. ¿Viste como una ensalada rusa? Bueno, vos le agregaste demasiada mayonesa. Y ahora cuando queres desasnar la cuestión no podes porque está todo demasiado pegado. Tenes que tomar distancia, poner en frío las cosas y verlas desde otra perspectiva”. Fue como una revelación.

Quizá le haya sucedido y esté de acuerdo conmigo. Cuando la cosa se empasta, es difícil separar y pensar con claridad. Y es difícil salir del problema. Y es difícil mirar las cosas desde otro lugar. Es complicado darle la perspectiva necesaria. Y también es complicado hallar la visión correcta.

¿Qué hice? Lo que le sugiero que haga a usted: tómese un tiempo. Descanse. Relájese. Y cante una canción. Una que disfrute cantar o disfrute escuchar. Tómese un mate o un café. Usted solo, sin nadie alrededor. Y cierre los ojos. Y olvídese por un momento del exterior.

No hablo de abandonar. De tirar la toalla. De huir. No. Hablo de una pausa. Un recreo. Un descanso. Porque cuando estamos descansados es cuando podemos ver cosas que llenos de mayonesa no podemos ver. Hay que aprender a quitarle el zoom de la cámara de la vida en ciertas oportunidades, y mirar las cosas de más lejos.

Hay una oración que la he escuchado muchas veces. Y por más trillada que esté, cosa que es buena si es que no ha perdido el sentido para el que la dice, la disfruto cada vez que la escucho: “Hasta aquí nos ayudó el Señor”.

Entonces salga de ahí. Ponga las cosas en perspectiva. El Señor estuvo. Y va a estar. Espero que de eso tenga seguridad. Y si no la tiene, pídala. Pida una señal, un susurro, un sueño, una salida de emergencia. Pida la paz de Dios, la única verdadera. Porque Él estará allí. De eso también lo librará. Su ayuda estará firme.

No le agregue más mayonesa a su ensalada. Ya fue suficiente. Ahora es tiempo de comerla. Por eso siéntese. Agarre un tenedor y, mientras suena de fondo una buena melodía, disfrute de la rusa. Va a ver que cuando la haya terminado, la visión será diferente, y a pesar de que tome tiempo cambiar las cosas, usted estará más seguro de que en eso también lo ayudará el Señor.

¡Que Dios lo bendiga!

Por Evangelina Daldi

 

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