Bajo la Roca

Colocar nuestra vida bajo su sombra

Porque cuando nos cubrimos con su poder estamos seguros.

Por Sherrer & Garlock

Podemos comparar nuestra guerra espiritual con la que vivieron los hijos de Israel cuando Dios los mandó a tomar posesión de la tierra de Canaán. Se encontraron con tribus hostiles en la tierra. Dios los mandó a eliminarlas y les aseguró que los ayudaría a ganar las batallas siempre y cuando le obedecieran (Josué 23:6-13).

Pero, es triste decirlo, Israel no obedeció. Ellos se vincularon con sus enemigos casándose con los habitantes de Canaán, adorando a sus ídolos y practicando sus costumbres paganas. Aquellos a quienes debían echar de la tierra se convirtieron en una trampa y nunca lograron el cumplimiento completo de la promesa. Al final, fueron tomados cautivos.

Así como Israel tuvo que pelear contra el enemigo para tomar la tierra, los cristianos hoy debemos pelear. La diferencia es que Israel peleó contra un enemigo de carne y hueso mientras que nuestra lucha es contra principados y poderes del mundo invisible (Efesios 6:12).

Muchos cristianos sostienen la postura de que una vez que han creído, están cubiertos con la sangre de Jesús y están inmunes a la influencia de Satanás. Es verdad, la sangre de Jesús limpia nuestro pecado. Como le pertenecemos, tenemos autoridad sobre todos los poderes del enemigo (Lucas 10:19) pero todavía tenemos libertad para elegir. En cualquier momento podemos decidir no obedecer a Dios permitiendo que el poder de la sangre de Jesús no sea efectivo. Esa elección equivocada nos hace vulnerables al enemigo.

Otro factor para tener en cuenta es que formamos parte de la raza caída. Nuestra débil naturaleza nos hace propensos a la actividad del enemigo. Aunque el poder de Dios excede ampliamente el poder de Satanás, nosotros no podemos contra él si actuamos con nuestra fuerza. Hace más de trescientos años el pastor puritano William Gurnall advirtió: “Si usted va a tomar esta protección [el admirable poder de Dios], debe mantenerse bajo su cobertura. ¿Cómo resultaría de provechosa la sombra de una gran roca si nos sentamos fuera de su alcance?  Lo que quiero decir es que si nos apartamos de la protección de Dios aventurándonos en el calor de la tentación, no deberíamos sorprendernos cuando nuestra fe se derrumba y caemos en pecado. Somos débiles; nuestra fortaleza está en la Roca. La omnipotencia de Dios debería ser nuestra constante habitación.

Es importante evitar estos dos extremos; uno es culpar al diablo por todo lo que sale mal, cuando puede ser el resultado de nuestras propias equivocaciones o malas elecciones. EL otro es no reconocer cuando Satanás y sus demonios actúan contra nuestros seres queridos y no tomamos autoridad sobre ellos. Preferimos caminar en nuestros propios caminos en lugar de sujetarnos al plan de Dios y su propósito para nuestra vida y así permitimos que el enemigo gane terreno en nosotros.

Pelear en dos frentes

El enemigo intenta provocarnos a pecar por medio de nuestros conflictos internos. Pero si decidimos obedecer a Dios, Él nos da el triunfo en estas escaramuzas. Somos fortalecidos y podemos disipar los poderes ocultos liberando a los cautivos. El apóstol Pablo dijo en 1 Corintios 9:26-27 que golpeaba su cuerpo y lo ponía en servidumbre para no perder él mismo lo que había conseguido para otros.

Vemos trágicas consecuencias hoy en día en las vidas de aquellos que no siguen el consejo de Pablo:

  • Una joven graduada de la escuela bíblica vuelve a su antiguo grupo de amigas y se encuentra otra vez atrapada en las drogas.
  • Un exmisionero deja a su esposa y sus hijos para ser el líder de un grupo de Nueva Era.
  • Un renombrado predicador condena severamente el pecado mientras muchos se convierten al Señor; luego confiesa que es adicto a la pornografía.
  • Un abogado, con veinte años de buena reputación cristiana, es sorprendido cometiendo un desfalco por mucho dinero.

Todas estas personas se han apartado de la cobertura divina de la Roca. Por supuesto que la misericordia de Dios puede restaurarlos y sanarlos. Pero cuánto mejor hubiera sido renovados en la actitud de su mente”(Efesios 4:23) y hubieran vencido en esta lucha en lugar de sucumbir.

Dios ha provisto todo lo que necesitamos para vencer al adversario, tanto el interno como el externo. Tenemos la armadura completa de Dios (Efesios 6:11) y armas con “poder divino para derribar fortalezas”(2 Corintios 10:4).

Por Quin Sherrer & Ruthanne Garlock
Tomado del libro:Guerrera espiritual
Unilit

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