Atrévase a creer

Cerrémosle la puerta a lo que no se alinee con La Palabra

Porque si el Señor lo dijo, Él lo hará.

Por Beth Moore

En 2 Corintios 1:20 se nos dice que Todas las promesas que ha hecho Dios son ‘sí’ en Cristo”. Él dio su vida para que Dios pudiera decirle sí al cumplimiento de sus promesas en la vida de los creyentes. Por tanto, estoy convencida de que cada no que recibe del Trono un hijo de Dios que ora sinceramente es por el bien de un sí mucho mayor, se lleve a cabo en la tierra o en el cielo. A un creyente le parecerán bien los milagros. A veces el mayor milagro puede ser vida abundante, redención, ministerio y una cosecha abundante después de un no al que pensábamos llegar a sobrevivir. Si te atreves a creer y no ves el milagro, Dios tiene preparado otro mayor. Tienes que avenirte a ello. Si lo que necesitas desesperadamente o deseas profundamente está fundado en La Palabra de Dios, no permitas que nadie te diga que Dios no puede hacerlo… o que seguro que no lo hará.

“Y llamará su nombre Admirable” (Isaías 9:6 RVR60). Admirable en razón de todas sus maravillas. Si le quitamos las maravillas a Dios, ya no podemos llamarlo maravilloso ni admirable. ¿Es que acaso Dios ha dejado de ser admirable hoy en día?

En C. S. Lewis: Lecturas para meditación y reflexión, Walter Hooper, el editor, defiende varias de las ideas de este autor, que tienen que ver con nuestro tema. Lewis aconsejaba: “No trate de aguar el cristianismo. No puede pretenderse que sea posible tenerlo si se deja fuera lo sobrenatural. Por lo que yo entiendo, el cristianismo es precisamente la única religión de la que no puede separarse lo milagroso”.

Muchos podrían decir que los milagros del Nuevo Testamento tenían como único propósito autenticar a mensajes y mensaje; por lo tanto, como la Iglesia ya está establecida y Las Escrituras están completas, ya no son necesarios. Sin embargo, las distintas circunstancias en que se realizaron milagros, apuntan a que la autenticación no podía haber sido el único objetivo de los milagros. Cristo también hizo milagros por pura compasión. Lucas 5:17 también sugiere que en otras ocasiones Jesús hizo milagros porque “el poder del Señor estaba con él”, o podríamos decir, “creaba el ambiente” para hacerlo.

No dudo de que hay una multitud de razones por las que el cuerpo de Cristo hoy en día es testigo de menos milagros y maravillas que la iglesia primitiva, pero voy a señalar dos. La primera es que me parece que somos una generación terriblemente incrédula. La razón por la que soy rápida en percibir a creyentes incrédulos es porque a veces no hay más que mirarse a uno mismo. Durante muchos años de mi vida adulto me encontré en la línea de frente. Estamos atrapados en un círculo vicioso. Creemos poco porque vemos poco, así que vemos poco y seguimos creyendo poco. Ya es hora de que echemos a la basura este tambaleante círculo y lo cambiemos por un medio de transporte que de verdad nos lleve a algún sitio. Para hacer el trueque, tenemos que dejar de aceptar lo visible como lo único posible, y comenzar a creer lo que dice Dios por encima de lo que ve el hombre.

La segunda razón por la que vemos menos milagros puede ser un reflejo mínimo de lo que algunos cesacionistas consideran que es el todo. Aunque sé que los milagros no han dejado de existir, porque los he visto y experimentado, no voy a discutir que en su soberanía, Dios pueda tener un propósito mayor y prioridades más altas para realizar más milagros en ciertas generaciones y latitudes que en otras. Mi argumento es que no nos vendrían nada mal unas cuantas profundas obras de Dios en nuestros aquí y ahora, y quizá Él simplemente espera que nosotros mostremos un poco de fe colectiva y comencemos a pedirle. Uncluso mucho de mis amigos cesacionistas creen que antes del fin de los tiempos volverá a haber una época de milagros y maravillas. Yo les pregunto algo simple: ¿por qué no puede pasar eso ahora? ¿Hay que esperar? ¿Estará incluso Dios esperando que ahora se produzca un avivamiento de fe? ¿Será que este desasosiego e insatisfacción que sentimos en el alma es Cristo que inicia y autoriza un nuevo día de fe renovada y de Espíritu derramado? Oh, Dios, que así sea. Por favor, no llegues a la errónea conclusión de que creerle a Dios implica creerle solo para que haga milagros espectaculares.

Está claro que no somos la primera generación que se pierde maravillas abundantes. La de Gedeón sufría una opresión terrible por parte del enemigo. Se escondieron en fortalezas y cayeron en una ineficacia que quedaba sumamente lejos de su posición prometida. ¿Te resulta conocido esto? Empobrecidos, los israelitas clamaron al Señor pidiéndole ayuda.

“Cuando el ángel del Señor se le apareció a Gedeón, le dijo: ‘¡El Señor está contigo, guerrero valiente!’. ‘Pero, señor’, replicó Gedeón, ‘si el Señor está con nosotros, ¿cómo es que nos sucede todo esto? ¿Dónde están todas las maravillas que nos contaban nuestros padres?’”(Jueces 6:12-13).  En su gran misericordia, Dios le llegó a dar a la fe de Gedeón montones de evidencias y aliento para aumentar y crecer. Lo único que quería es que él cooperara un poco. Podríamos decir que un grano de mostaza. El resto de la historia es conocida. El precedente que sentó Dios en la generación de Gedeón me proporciona mucho ánimo. Incluso si las masas no invitan a Dios a derramar una unción nueva de fe sobre su iglesia, Él todavía puede realizar maravillas por medio de un pequeño ejército.

Si es cierto que vemos pocos milagros de Dios en medio de su pueblo y por medio de él, ¿no deberíamos preguntarnos por qué? ¿Es que no estamos desesperados como ellos? ¿Acaso Dios ya no está dispuesto a intervenir milagrosa y maravillosamente a favor nuestro? Estamos en medio de un mundo agonizante y depravado, con violencia creciente y amenazas de destrucciones masivas, enfermedades, plagas, religiones falsas y tentadoras, y una oleada furiosa de ataques y seducciones satánicas. Estamos desesperados por ver maravillas y milagros de Dios. Necesitamos que nos muestre su poderoso brazo, y decirle al mundo que está vivo, activo y bien pendiente de nosotros.

Pueda ser que la iglesia se postre y clame en voz alta con las palabras del profeta Habacuc: “Señor, he sabido de tu fama;tus obras, Señor, me dejan pasmado.Realízalas de nuevo en nuestros días,dalas a conocer en nuestro tiempo”(3:2).

Por Beth Moore
Tomado del libro:Creerle a Dios
B&H

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