Vivir con el Extraño de la soledad

Descubre la bendición de ese momento

Porque no siempre es malo convivir con esto que atemoriza a muchas mujeres.

PorCindiMcMenamin

Elizabeth conoce bien al Extraño de la soledad. Estuvo con Él muchas veces en los desiertos de su vida. Le conoció por primera vez en un matrimonio sin amor, engañada varias veces por su esposo. Después, cuando se volvió a casar con un hombre que la amaba como Dios quería que la amara, notó que el Extraño de la soledad seguía a su lado en las ausencias por viajes de trabajo de su esposo.

En el último tiempo, Elizabeth perdió a sus padres, a su suegro y a su única hija en cuestión de cuatro años. Y mientras estaba sentada a la mesa frente a ella y la escuchaba hablar de los últimos días de su hija de 26 años antes que falleciera por un tumor cerebral, los ojos de Elizabeth tenían tanto brillo y esperanza, que parecía imposible al considerar los desiertos que había transitado.

Pero en dos frases, me dio el secreto de su fortaleza:
“He aprendido a estar sola, ¾dijo con una suave sonrisa, como si la palabra sola conllevara un precioso significado—. He aprendido a no buscar una manera de salir del desierto, sino aprender aquello que Dios quiere enseñarmemientras estoy en el desierto”.

¿Cuál es el secreto?

¿Qué quiere Dios enseñarnos en los desiertos que atravesamos como mujeres? ¿Que podemos ser como Elizabeth y mirar a la soledad directamente a los ojos —en la muerte de un matrimonio, la pérdida de un hijo o las decepciones de la vida que nos hacen sentir estériles— y aun así tener esperanza en nuestra mirada y gozo en nuestro corazón? Tal vez no sea qué quiere Él que miremos, sino a quién quiere que miremos.

Como Elizabeth testifica, el secreto de nuestra fortaleza no radica en nuestras circunstancias, sino en quién encontramos en medio de ellas y qué aprendemos de Él en el proceso. Las mujeres más fuertes y capaces que conozco hoy son mujeres que se sintieron solas… mujeres que transitaron los desiertos de la vida, se encontraron con Dios en el desierto, aprovecharon su presencia y esperaron hasta saber qué quería revelarles Él en ese tiempo de soledad.

¿Cómo vives?

¿Qué me dices de ti? ¿Transitas un tiempo de soledad? ¿O cuál es exactamente tu problema? ¿Quisieras casarte o quisieras ser feliz en tu matrimonio? ¿Quisieras tener un hijo, una profesión o cierto sueño que parece inalcanzable? ¿Acaso es que no sientes un vínculo afectivo con alguien, o sientes que nadie entiende que ciertas cosas de tu pasado han afectado a tu presente? ¿O simplemente estás harta de hacer todo sola, y te gustaría compartir la carga con alguien?

Me pregunto, amiga, ¿qué pasaría si aceptaras a ese extraño de la soledad, si no lo vieras como un Extraño que ha venido a quitarte algo, sino como Aquel que quiere bendecirte y ha venido a concederte algo maravilloso?

Por lo general, cuando estamos en nuestro desierto de soledad, es difícil creer que algo realmente bueno pueda ocurrir allí. Después de todo, vemos solo una amplia llanura de problemas e interminables arenas de incertidumbre. Sin embargo, Dios a menudo nos visita en nuestro tiempo de mayor debilidad y vulnerabilidad, para presentarnos sus planes y concedernos sus bendiciones. Piensa en esto: nuestro tiempo de soledad —cuando meditamos en nuestra vida, alejadas de las distracciones de otras personas— podría ser el tiempo en que estamos más predispuestas a escuchar lo que Él quiere decirnos. Sin embargo, me pregunto cuántas veces Dios viene a buscarnos en medio de nuestra oscuridad solitaria a fin de revelarnos sus planes para nuestra vida, pero nos encuentra tan preocupadas por salir de la noche oscura y solitaria para entrar al día, que luchamos con Él, o con nuestras circunstancias, y dejamos pasar la bendición que Él tiene para nosotras.

Por CindiMcMenamin
Tomado del libro:Cuando una mujer se siente sola
Editorial Portavoz

Cuando Una Mujer Se Siente Sola

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