Unción y carácter

No pueden faltar ninguno de los dos

Para ser líderes plenos necesitamos no solo los dones dados por el Señor sino que debemos desarrollar nuestro carácter.

Por Guillermo Jiménez

Dentro del Cuerpo de Cristo existen algunas personas que han recibido dones y los usan de una manera muy especial en el campo espiritual con sanidades, profecías, palabras de ciencia y sabiduría, etc. Sin embargo, hay situaciones en sus vidas que hacen que la gente que les conoce se pregunten: “¿Por qué su Dios los usa así, actúan de manera deshonesta? ¿Por qué proceden de forma un poco contraria a lo que se espera de ellos como siervos de Dios?”. Por ejemplo: a veces hemos podido ver a personas en la alabanza danzando y recibiendo del Espíritu Santo. Entonces, una vez que se acaba ese momento, los hemos visto enojados por alguna situación o resentidos por algo que se dijo o se hizo.

En los comienzos de nuestra iglesia, y con poca experiencia como pastor, atravesé la triste experiencia de haber tenido una talentoso invitado ministrando en nuestra congregación. Sus dones, su carisma y la forma en que Dios lo usó fueron extraordinarios. A pesar de eso, pocos días después recibí la queja de que le había hecho algunas proposiciones inmorales a una miembro de nuestra iglesia.

¡Qué unción tan linda, pero qué gran falta de carácter! Como es natural, esta persona nunca volvió a nuestra iglesia ni volverá. Las puertas se cerraron para él. Una persona así nunca tendrá éxito permanente. El líder extraordinario crece en unción y habilidades, pero también en carácter.

Esto nos lleva a preguntarnos lo siguiente: ¿por qué hay tantas iglesias donde se mueve una unción fuerte, pero no crecen? ¿Por qué a veces vemos personas que son cristianas, pero con sus actos y sus reacciones no parecieran serlo? ¿Por qué vemos a personas que han recibido dones de parte de Dios, pero no tienen éxito en la vida familiar, social o financiera?

Esto sucede porque estas personas han obtenido la unción, pero el problema se encuentra en que no han desarrollado el carácter. Los dones de Dios son gratuitos, pero el carácter se forma. Para ser un líder extraordinario es necesario tener dones y, a la misma vez, una vida de carácter y testimonio. Hoy, Dios puede darte un don, puede sanarte, liberarte y llenarte con su Santo Espíritu. Sin embargo, para triunfar se necesita más que unción: necesitas de la formación del carácter.

El caso de Sansón

Sansón era un hombre que tenía carisma. Tenía dones que lo llevaban a hacer cosas sobrenaturales. Poseía manifestaciones fuera de lo normal como, por ejemplo: pelear contra leones. De seguro que Sansón era de lo mejor que había. Inclusive, llegó a ser juez de Israel.

Así como tenía virtudes, Sansón tenía problemas con su carácter. Muchas veces demostró ser caprichoso, resentido y vengativo. Lo triste es que los problemas que tuvo con las mujeres lo llevaron a perder el privilegio que le entregó Dios. Estaba acostumbrado a hacer lo que quería. Así fue formado por sus padres.

Sansón tenía unción, pero no tenía carácter. Imagínate, solo porque no le cumplieron unos de sus caprichos, aprovechándose de los dones que tenía cazó trescientas zorras y con ellas quemó los campos sembrados de los filisteos (Jueces 15:1-5).

Si a ti te han herido, ¡bienvenido al mundo del ministerio! En realidad, aquí las heridas son inevitables. En el caso de que le temas a que te hieran, te comunicaré que Dios te ha puesto en el lugar donde te encuentras para formar tu carácter.

¿Cuántas oportunidades la gente se ha perdido por berrinchudos? De seguro se han perdido mejores hogares, crecimiento ministerial, buenas empresas, etc., solo por resentimientos y las excusas: “¡Es que me hirieron! ¡Es que me hicieron mala cara! ¡Es que no me atendieron! ¡No me visitaron, ni me llamaron!”.

¿Has conocido gente que tiene mucha unción pero es resentido, vengativo y hasta rebelde? Esto es contradictorio. Por ejemplo, los demonios se someten a la autoridad delegada por Dios cuando uno les reprende en el nombre de Jesús. Sin embargo, a veces hay personas con mucha unción que cuando uno les pide que se muevan de silla, ponen su cara de enojados y no obedecen. ¡Esta es mi silla!

Los líderes que Dios forma deben ser personas de carácter, deben tener una boca controlada, un corazón limpio, deben de aborrecer el chisme. Los líderes no tiene que hablar de lo que no les interesa, no deben ser amantes de las ganancias deshonestas, ni deben dejarse llevar tanto por lo inestables sentimientos del alma.

No podemos ser líderes que se muevan solo por el alma, pues esta no debe impedir que cumplamos el propósito que Dios tiene para nosotros. Por lo tanto, el líder debe ser una persona de fuerte compromiso en sus relaciones, confiable, estable, maduro y persistente, a fin de que pueda crecer. Al estar expuesto a que otros le hieran, debe estar preparado para poder seguir adelante a pesar de la crítica.

No podemos fallarle al Señor moviéndonos solo por emociones sino por convicciones. Dios quiere bendecir a su pueblo, pero necesita personas comprometidas a las que se les pueda confiar sus dones y su unción. En la multiplicación se requiere de líderes con carácter, de manera que no se reproduzcan en personas resentidas, demasiado sensibles, emocionales, inconstantes, sino en personas estables, confiables y de fuerte compromiso que saben morir a sí mismos.

Por Guillermo Jiménez
Tomado del libro:Secretos de un líder extraordinario
Unilit

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