Su gracia extraordinaria

Que se extiende a nuestra vida sin condiciones

Porque no importa cuán infieles, cuán pecadores o cuán lejos estemos del amor infinito de Dios.

Por Gary Chapman

¾Ay si pudiera decidir de nuevo. Si solo pudiera hacerlo todo de nuevo¾ dijo con suavidad el rey David.

¾No puedes

El consejero y profeta, Natán, contemplaba al hombre quebrantado que tenía ante sí.

¾Yo vencí ejércitos. Derrumbé a un gigante cuando aún era de esta altura. Solo con una honda y una piedra. Evadí la rabio asesina del rey… Tuve muchas victorias. Sin embargo, no puedo vencer lo que está aquí. No puedo derrotar a este enemigo que está dentro de mí. Tengo el alma traspasada, como el cráneo de Goliat. Y el pecado se burla de mí.

¾No puedes deshacer esto. Ahora forma parte de tu historia. Aun así, este no es el fin.

¾¿Cómo podría dejar de serlo?¾ parece escupir las palabras.

¾Dime lo que le estás diciendo a Dios. ¿Qué tienes en el corazón ahora mismo?¾ le pregunta Natán.

Las lágrimas corren, su cuerpo se estremece. Entonces, se ahoga en convulsiones de emociones que se han estado agotando en su interior; de su boda brotó una larga y fluida confesión.

¾Estoy arrepentido. Estoy muy arrepentido de todo lo que he hecho. A Urías. A ella, a Betsabé. Ponerla en una situación así. A mí nación. A Él.

¾Habla con Él. Dile lo que tienes dentro.

Su cuerpo se estremece en medio de más lamentos y sollozos. Ora: “Ten misericordia, oh Dios, ten misericordia de mí. No porque te haya agradado ni obedecido, pues no lo he hecho. Ten misericordia de mí porque tu amor nunca falla. Porque tú estás lleno de compasión. Perdóname. Límpiame esta mancha que llevo en el corazón, en la mente, en mi vida. Lávame. Oh Dios, límpiame de toda esta suciedad porque no soy nada más que un hombre despreciable ante ti.

Oh Dios, sé lo mucho que he caído. Mi pecado me persigue cuando me acuesto, cuando me levanto y en cada momento de cada día.

Tienes todo el derecho de juzgarme, condenarme, porque he hecho el mal ante tu presencia.

En mi nacimiento, cuando todavía estaba en el vientre de mi madre, ya estaba manchado por este pecado, y en él sigo ahora. Y lejos de ti, estoy sin esperanza de justicia. Sin esperanza de perdón. Sin esperanza.

Límpiame, lávame. Si no lo haces tú, nunca seré limpio.

Te quiero oír de nuevo, recuperar el gozo, sentir la vida, la salud, la alegría y tu bondad. Aunque me duelen los huesos y siento que mi cuerpo está molido por completo, sé que tú tienes el poder necesario para hacer que me regocije de nuevo.

Aleja tu vista de mi pecado, no vuelvas a mirarlo, no lo veas, no me lo tengas en cuenta. Borra toda mi maldad y crea en mí un corazón puro, un corazón limpio, oh Dios, y renueva en mí un espíritu de fidelidad hacia ti. Quiero que una inquebrantable lealtad a ti vuelva a formar parte de mi vida.

Restaura dentro de mí el gozo que viene de conocer tu perdón, tu salvación, y susténtame con el anhelo de seguirte.

Y permite que mi vida, mi ejemplo, les enseñen a otros que también hayan caído que hay esperanza, que hay un camino de vuelta a ti. Un camino de vuelta a tu amor y a tu misericordia, a fin de que no tenga que vivir con esta culpa por todos mis pecados, por la sangre que he derramado, por el mal que he hecho.

Devuélveme mi voz. Abre mis labios y hablaré de ti. Cantaré acerca de tu bondad y tu misericordia”.

Este es el camino de la gracia. Él no lo sabe todavía, pero hasta su misma confesión forma parte del acto de gracia.

Cuando una persona es tentada, sus deseos la arrastran y seducen. Esos deseos conciben y dan a luz el pecado. Y el pecado da a luz la muerte. Aquí vemos la progresión descendente. Recibimos la seducción, la aceptamos, o poseemos, y termina poseyéndonos a nosotros, produciéndonos la muerte. Este es el camino del enemigo de tu alma. Lo que él quiere es matar, robar y destruir.

En cambio, el que ama tu alma quiere justo lo opuesto. En lugar de la muerte, Dios quiere darte vida, vida abundante, llena hasta desbordarse.

Al recibir la gracia, y poseerla (esto es, vivir por completo bajo su luz), reciben el poder necesario para extenderla a otros. La fe en la obra de Cristo, su sacrificio sin pecado hecho por ti, te permite recibir la gracia de Dios y comenzar a vivir en su poder, permitiéndole llevarte de la muerte a la vida. Esa vida no puede menos que propagarse a otros. Esta es la obra de la gracia. Es imposible contenerla.

Cuando confías en Dios, no tienes que creer en ti mismo. Él lo hará todo. Él obrará incluso a través de tu propia incredulidad, a través de estas decisiones que te hicieron correr hacia la destrucción. Y esta gracia que te ha dado Dios, déjala que penetre por cada poro de tu ser.

Nadie está más allá de los límites del amor de Dios. Y si tú fallas después de convertirte en su hijo, Él no ha acabado contigo. Está listo para que te vuelvas a Él. Dios mantuvo a David como rey debido a que este se encontraba con el corazón destrozado por lo que hizo.
Dios está listo para perdonar, listo para tener una relación contigo, listo para adoptarte para siempre en su familia. La restauración te espera. La nueva vida te espera. Recibe su gracia. Clama por misericordias. Son nuevas cada mañana.

Por Gary Chapman
Tomado del libro:El asombroso amor de Dios…
Unilit

El Asombroso Amor De Dios En Su Gracia Extraordinaria

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