Seamos amantes

Porque si hay algo que seguramente es necesario es amor

Que esta sea nuestra principal ocupación: personas que aman a otras personas y están allí para ellas.

Por Evangelina Daldi

Aunque “obviamente” no vivimos basados en la filosofía de la sobre vivencia, algo así como la leve desesperación diaria ¾o para algunos no tan leve¾ que hace que nos movamos: lavado de dientes, desayuno, los chicos al colegio, trabajo, actividades en la iglesia y más. Una costumbre o rutina en la que funcionamos.

Todas esas cosas, y muchas otras, traen sus propios afanes y problemas, preocupaciones y ocupaciones. Y se van acumulando todos ellos en el escritorio de nuestra vida. Y ahí vamos. Trabajando de a poco para conseguir despachar las tareas, mientras otras nuevas llegan. A veces caminamos sin mirar. Sin pensar demasiado. Y puede que este traqueteo, el trajín cotidiano a veces haga que nuestros brazos se cansen. Nuestras piernas tiemblan. Y nuestra mente desea dormir una siesta de año y medio más o menos. Y vamos a la iglesia con cara de persona muy espiritual, esa sonrisa media pintada. Y nos encontramos con un amigo en la calle, pero qué, ¿ vamos a ponernos a hablar de nuestros problemas? Seamos francos: la cultura no siempre da lugar al cansado, y lamentablemente algunas iglesias también funcionan un poco así. Estos van quedando atrás, sin “levantar mucho la perdiz”. No está bien visto que expresemos que estamos agotados; faltan obreros, ¿y vamos a darnos el lujo de parar un poco? Van a mirarnos mal, como poco, si decimos que estamos tentados ¾y ni hablar si esto tiene que ver con el otro sexo¾. Estas cosas corren rápido. ¿Acaso vamos a atrevernos a pedir ayuda porque ya no sabemos qué hacer con nuestros hijos? Y así podemos seguir, la lista no es tan corta.

Aunque en nuestra intimidad, y hasta incluso en este espacio, podemos criticar ciertas actitudes generales, realmente no me interesa eso. Sí puedo y quiero hacer una mirada introspectiva. No importa mucho qué hacen los demás. ¿Qué hay de mí? Y no me paro tan solo en la vereda del que siente miedo de abrir su corazón, aunque bien podría ser. ¿Cuándo fue que empezamos a caminar o correr tan rápido que dejamos de mirar a nuestro alrededor? ¿Soy yo una persona llena de esa gracia que Dios tuvo para conmigo capaz de abrazar al que ya no da más? ¿Capaz de abrir muy grande mis oídos y mi corazón, pero sellar mis labios? ¿Soy una “animadora” y sostenedora de la persona que tiene el corazón desgarrado por el pecado en el que cayó? ¿Soy pronta a amar o mi primera reacción es la condenación? ¿Me conviene hablar del perdón?

Quizá sea tiempo de parar un poco la moto. Y con esto no quiero decir dejar de caminar. Los programas, las metas, las convenciones, los números, las ofrendas, las cuentas, los empleados, el templo, el sueño del nuevo templo, los ministerios, todo eso es importante, y debemos ocuparnos. Pero hay algo que puede que sea más importante: la gente, de afuera y de adentro. Los que están y los que no. Los que forman parte de mi grupo de amigos y los que no. Los que conforman mi congregación y los que aún no. Ellos importan. Su corazón importa. Sus miedos importan. Sus necesidades importan. Sus sueños. Sus frustraciones. Sus dudas. Sus sentimientos (algo a lo que no se le da demasiado lugar). Todo esto importa. Y mucho.

Y por eso quizá sea tiempo de caminar sin dejar de mirar lo que nos rodea. Perseguir los sueños sin dejar la mente ni el corazón de lado. Sin dejar de ser personas. Porque de eso se ocupó y se ocupa el Señor. A las personas ama Él.

Es mi oración, y espero que la de muchos de ustedes, que yo pueda ser una persona capaz de abrazar, de sanar, de consolar, de aconsejar, de amar, de llorar, de reírme, de festejar, de alegrarme con otros. Que sea una mujer que nunca se olvide de la gente. Que esté dispuesta a brindar una mano y un oído. Pero también oro para que sea lenta para hablar, muy lenta para juzgar. Demasiado lenta para criticar y mirar mal, así por arriba del hombro.

Porque a decir verdad, aunque pensemos que nosotros hubiésemos actuado diferente frente a tal o cual situación, no estamos en los zapatos del otro. No lidiamos con sus mismos pensamientos y problemas. No conocemos todas las circunstancias, quizá ninguna de ellas. Y básicamente porque nosotros también erramos. Porque nosotros también hemos sido amados y perdonados y salvados. Y ahí no importó mucho más que nuestro corazón desesperado pidiendo ayuda.

Oro para que seamos cada día un poco más imitadores de Jesús, y menos fariseos. Que copiemos más la compasión del Señor, sus manos de amor, su mirada tierna, su llanto frente al dolor. No complacientes con el pecado. Blandos. “Liberales”. Sino personas firmemente amorosas.

Puede que coincidas conmigo en que no estamos aquípara juzgar, de eso se encargará Otro, u otros desafortunadamente.

Creemos una comunidad de gente que ama sin importar mucho más. Un grupo de miles de gentes que caminan y trabajan al lado de otros que, al igual que nosotros, sienten, sufren, tienen temor, se equivocan, son tentados, caen, se levantan, se sientes culpables, por momentos se odian a ellos mismos… Pero que no miremos solo esas cosas, sino que entendamos que el amor es lo que importa, es lo que salva, es lo que reconforta… El amor es lo que siempre vence.

¡Dios te bendiga!

Por Evangelina Daldi
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