El perdón como estilo de vida

La gracia de Dios en la vida práctica

Es importante conocer las consecuencias de la falta de perdón cuando la alojamos en nuestro corazón. La gracia del Señor puede ayudarnos.

Por Guillermo Maldonado

Perdonar no es una tarea fácil cuando las heridas son profundas o cuando quien nos hirió es muy cercano a nuestro corazón. Hay ofensas fáciles de perdonar y hay otras que requieren una capacidad de perdón superior a la que podemos encontrar en nuestro corazón. Para eso necesitamos el poder sobrenatural de la gracia de Dios.

Jesús murió en la cruz para darnos su paz, para que vivamos en armonía con Él, con nosotros mismos y con los demás; pero esto no es posible sin el poder de su gracia. La gracia y la paz son inseparables, siempre están juntas.

¿Qué es la paz? No podemos definir paz como simple tranquilidad o ausencia de conflicto. El verdadero origen de la paz tiene que vez con una relación entre el hombre y su creador. El propósito de Dios es que nuestras relaciones, nuestro hogar y nuestra iglesia estén llenos de paz.

¿Qué es la gracia? Es un poder y recurso ilimitados de Dios, que abarcan todas las dimensiones de la vida gloriosa y eterna de Dios dada a nosotros gratuitamente. La gracia es para ayudarnos a ser lo que no podemos ser por nuestra propia fuerza.

Gracia no es lo mismo que misericordia. La misericordia de Dios es no darle al hombre lo que en realidad merece. La gracia es darle lo que no merece. Esta es la expresión de las riquezas de Dios, otorgadas al hombre por medio del sacrificio de Jesús. Es una gracia gratis, pero no barata. A nosotros no nos cuesta nada, pero a Jesús le costó todo.

La gracia funciona como el volante de un camión grande. Si usted se sube, se sienta al frente del volante y trata de moverlo sin prender el motor, no podrá. El volante se destraba solo cuando se enciende el motor del vehículo. Pero el motor no puede funcionar si usted no gira la llave de contacto. Una vez que el motor está encendido, es muy fácil mover el volante; porque no es con su fuerza con la que activa el encendido del motor.

Todo el poder de Dios está listo para ser encendido, pero no sucederá hasta que usted ponga La Palabra en acción. Cuando toma la decisión de despojarse del viejo hombre, entonces el poder de la gracia viene para que sea libre y se vista del hombre nuevo.

Si se enojan, no pequen. No dejen que el sol se ponga estando aún enojados (Efesios 2:26) ¿Cuándo nos podemos enojar sin pecar? Yo creo que el único momento válido para enojarse, es cuando vemos el daño que el diablo le hace a la gente. Si nos indignamos por las obras destructivas de Satanás, por la injusticia y el abuso de los más débiles, nuestro enojo es justificado. Pero si nuestro enojo nos envuelve a nosotros como personas, es generalmente pecado.

Si usted guarda enojo porque ha sido maltratado u ofendido, o porque han cometido una injusticia contra su persona, eso es pecado. Cuando deja que la ira permanezca, le da lugar al enemigo en su vida.

Si mi esposa me ofendió, yo no puedo decirle: “Esta vez, no te perdono”, porque eso es darle lugar al diablo. No deje que el día pase; haga algo al respecto, deshágase de la ofensa, pues es como una bomba de tiempo que, sin duda, explotará. Si no resuelve el asunto, habrá abierto un espacio para que el enemigo entre en su vida, su familia y la iglesia. Satanás puede sentarse en la primera fila de la iglesia y decir: “Yo voy a arruinar cada servicio, porque hay una ira no resuelta en este lugar”.

Hay tres órdenes importantes en La Biblia: edificar, dar gracia a quienes nos oyen y callarnos la boca. ¿Qué dijo Jesús acerca del enojo? Pero yo les digo que todo el que se enoje con su hermano quedará sujeto al juicio del tribunal. Es más, cualquiera que insulte a su hermano quedará sujeto al juicio del Consejo. Pero cualquiera que lo maldiga quedará sujeto al juicio del infierno (Mateo 5:22).

Recuerde lo que dijimos antes, si le damos lugar al diablo, él dirá: “Yo oí a esa persona hablar mal de un hermano; por tanto, iré a su hogar, a su negocio, a su cuerpo porque tengo derecho legal para entrar y operar”. Y Dios tiene que acceder, porque Él es justo aún con el diablo. Es muy común oír a los cristianos diciendo que el diablo los atacó toda la semana. Pero ¿por qué sucede esto?¿No será que le dieron lugar? Jesús caminó tres años y medio en la Tierra, como un hombre, con autoridad sobre el enemigo porque siempre fue obediente al Padre.

¿Cómo podemos perdonar? Una vez que tomamos la decisión por fe, el poder de la gracia fluye a través de nosotros y logramos perdonar. Una vez que enciende el motor de la gracia, entonces puede perdonar a aquellos que le han traicionado, que le hicieron mal. A partir de allí, lo que quiere para ellos es que Dios los bendiga de una forma sobrenatural. Yo no le deseo mal a la gente que me criticó o me traicionó, más bien, oro para que Dios la prospere y reciba la herencia que Él tiene para ella.

El perdón debe ser un estilo de vida, no solo en una ocasión específica, porque las ofensas siempre van a venir. Siempre vamos a ser tentados a ofendernos; pero es importante que crezcamos, que maduremos y dependamos de la gracia de Dios para no permitir que las ofensas hagan su habitación en nuestro corazón y le abran la puerta al diablo. Cuando no podemos perdonar, la gracia de Dios es la única que nos limpia, que nos ayuda a girar la llave para encender el motor del camión y poder moverlo. Solo así podremos estar limpios delante de Dios sin que nuestras ofrendas y oraciones tengan estorbo.

Por Guillermo Maldonado
Tomado del libro:Los peligros de no perdonar
ERJ Publicaciones.

Los Peligros de no Perdonar

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