Sube al monte

Al hacerlo, Dios promete lluvia y bendición sobre nosotros

Dios nos invita a encontrarnos con Él en el monte de oración donde, en adoración íntima, podemos contemplarle cara a cara y ser investido de su poder.

Por Roberto Vilaseca

Siempre me sentí atraído por las montañas. Aunque no pude hacerlo en muchas oportunidades, subir a algunos cerros accesibles han sido de las aventuras más motivantes. A medida que asciendo puedo sentir el viento silbar a mi alrededor, el silencio solo interrumpido por mi agitada respiración, imaginarme que me encontraré en la cima y, una vez en ella, contemplar la majestuosidad del paisaje. Es una experiencia incomparable. En esos momentos busco tomarme unos minutos para sentir la presencia de Dios y meditar cuántos acontecimientossucedieron en las cimas de los montes, según el relato bíblico.

Los israelitas, por ejemplo, fueron instruidos por el Señor para que construyeran altares de pacto en los lugares altos, donde ofrecieran sus sacrificios y glorificaran el nombre de Dios. En una oportunidad, el mandato fue excepcional: Dios ordenó a Abraham a subir al monte Moriah con su hijo Isaac y sacrificarlo. Abraham obedece sin dudar; sube con su hijo, edifica un altar y cuando está a punto de sacrificarlo, la mano del Señor lo detiene y le provee un carnero en su reemplazo, además de honrar su fe y declarar su bendición sobre sus generaciones. Nos dice Génesis 22:14 queA ese sitio Abraham le puso por nombre: ‘El Señorprovee’. Por eso hasta el día de hoy se dice: ‘En un monte provee el Señor’”. En otras palabras: en su montaña, Dios da lo necesario. Sí, cuando subimos a la presencia de Dios, Él nos provee todo lo que necesitamos.

Es interesante observar que los eventos más trascendentes en la relación de Dios con los hombres se produjeron en lugares altos: en el monte Ararat reposó el arca de Noé, este levantó un altar y Dios hizo un nuevo pacto con el hombre. En el monte Horeb, Dios llamó a Moisés a través de una zarza que ardía. Luego Dios habló cara a cara con Moisés en el Sinaí. Allí le entregó las tablas de la ley y le instruyó cómo construir el tabernáculo. Sobre el monte Carmelo el profeta Elías se enfrentó con los sacerdotes de Baal y Dios se manifestó con lenguas de fuego. Luego, Dios se le reveló en Horeb, le reconfortó y le dio instrucciones sobre su futuro. Sobre un monte Eliseo vio ángeles guerreros y carros de fuego a su alrededor que lo libraron del ejército enemigo.

Y en el ministerio de Jesús, los montes también tuvieron gran trascendencia. El Señor subía al monte a orar, llamó a sus discípulos, se transfiguró y los cielos se abrieron, y declaró las bienaventuranzas del Reino. Sobre un monte fue crucificado y desde un monte, luego de reunirlos y darles la gran comisión, ascendió a los cielos. Aunque los discípulos no estaban sobre un monte, es notable que el Espíritu Santo descendiera en Pentecostés mientras estaban reunidos en el Aposento Alto.

Es evidente que las experiencias más poderosas con el Señor, sus riquezas más valiosas y la garantía de palpar su gloria solo se viven en las alturas. De alguna manera Dios le dice a los hombres: “Yo descendí de los cielos para mostrarles mi misericordia, pero ustedes deben subir para conocerme y recibir mi abundancia”. La gracia de Dios no nos ha costado nada, pero todo lo demás implica tomar la decisión por subir a su presencia.

Como cristianos estamos llamados a buscarle, a subir. ¿Qué significa esto? Dios nos responde a través del profeta Isaías: “los llevaré a mi monte santo; ¡los llenaré de alegría en mi casa de oración! Aceptaré los holocaustos y sacrificios que ofrezcan sobre mi altar, porque mi casa será llamada casa de oración para todos los pueblos(Isaías 56:7).

En la oración Dios se revela

¡Sí! Cuando oramos, cuando subimos a su monte, a su presencia nos encontramos con un Dios que siempre provee para aquellos que le buscan de todo corazón. La oración siempre nos llevará a un nivel más alto en nuestra relación con Dios. Nos levanta de nuestras situaciones terrenales para darnos la perspectiva divina. En sus alturas se nos revela tal cual es. Le vemos cara a cara como Moisés, somos purificados en su fuego y nos enseña su voluntad.“Desde el fuego el Señor les habló cara a cara en la montaña” (Deuteronomio 5:4)

Su palabra se vuelve viva, rhema, eficaz para guiarnos por la vida. A través del profeta Miqueas nos invita a subir a su monte, a la “casa del Dios de Jacob”, donde nos enseñará sus caminos, y andaremos por sus veredas. Porque de Sion saldrá la ley, y de Jerusalén la palabra de Jehová”.

La oración hace que sucedan cosas que de otra manera nunca ocurrirían. La historia de la oración es la historia de los grandes logros. Es un poder maravilloso puesto por el Dios Todopoderoso en las manos de sus santos, el cual puede ser usado para lograr grandes propósitos y para obtener resultados extraordinarios.

Hombres que lograron grandes cosas para Dios nos lo enseñan de esta manera:

Charles Spurgeon dijo: “A veces pensamos que estamos demasiado ocupados para orar. Eso es un error grande, porque orar es ahorrar tiempo”.
La oración prueba que usted confía en Dios. OswaldChambers dijo: “Miramos a la oración como un medio de obtener cosas para nosotros mismos; la idea de La Biblia sobre la oración es que podamos conocer a Dios mismo”. “Cada vez que oramos nuestro horizonte es alterado; nuestra actitud hacia el cambio es alterada; no algunas veces, sino siempre. Lo sorprendente es que no oremos más”.
F. B. Meyer dijo: “La gran tragedia de la vida no es las oraciones no contestadas, sino las oraciones no ofrecidas”.
Martín Lutero dijo: “Cuanto menos oro, tanto más difícil se me hacen las cosas; cuanto más oro, tanto más fácil me resultan”.

Dijo Thomas Goowin: “No llegamos a tener comunión con Dios por muchos pensamientos separados, sino que tenemos más comunión con Él en un cuarto de hora de oración, que lo que podríamos tener en un año por la vía única de la sabiduría”.

En la oración el poder se desata

El Dr. Paul YonggiCho, pastor de la iglesia más numerosa del mundo, escribe en su libro Oración: La clave del avivamiento pregunta:“¿Está usted cansado de las ineficaces oraciones que oye salir de su boca? ¿Está dispuesto a que su iglesia tenga un poderoso ministerio de oración para que su vecindario, ciudad o estado conozca el poder que reside en ella? Si tal es su deseo, y está listo para hacer cualquier cosa y pagar cualquier precio a fin de conseguirlo, entonces prepárese porque Dios va a cambiar de un modo dramático su vida y ministerio, introduciéndole a una nueva dimensión de poder.Ese poder de Dios no consiste únicamente en sanidades, liberaciones de los malos espíritus y conversiones en masa al cristianismo; sino también en el cielo abierto que hay sobre nuestro país. ¿Qué quiero decir? Cuando un país tiene el cielo abierto, existe libertad, tanto física como espiritual, para predicar el evangelio. Y el nivel de fe es alto y no se encuentra demasiada oposición espiritual. El orar no solo produce poder corporativo, sino también individual. Al aprender a caminar en el Espíritu, he visto el poder de Dios. Para adquirir este tipo de poder, debemos cambiar de actitud. En el evangelio según Mateo, Jesús hace una declaración revolucionaria en cuanto a la actitud que se necesita para producir poder espiritual. Algunos lo abordaron con relación a Juan el Bautista, después que fue encarcelado; y Jesús testificó de la posición única de Juan, diciendo que no se había levantado otro profeta mayor que él, pero ‘el más pequeño en el reino de los cielos es mayor que él’. ¿Cómo? Jesús revela la actitud necesaria para adquirir poder espiritual: ‘Desde los días de Juan el Bautista hasta ahora, el reino de los cielos sufre violencia, y los violentos lo arrebatan’(Mateo 11:12).

Se necesita una dedicación ‘violenta” a la oración para que el poder de Dios venga a nuestra vida; y esa agresiva seriedad podrá verse, sobre todo, en la disciplina. La razón de ello es que el adquirir poder en la oración lleva mucho tiempo; por esta causa necesitamos establecer prioridades. Muchas cosas se agolparán alrededor de nosotros para impedirnos que dediquemos el tiempo necesario a la adquisición de dicho poder; pero, por la gracia de Dios, somos capaces de alcanzar el premio de una oración poderosa en extremos si tenemos la actitud debida”.

¿Cuál es nuestro monte?

Podemos hacer nuestro monte de oración en nuestra habitación o cuanto sitio encuentres intimidad para clamar a Dios. ¿Cuándo? Dios le dijo a Moisés: “Prepárate y sube de mañana al monte, y preséntate ante mí en la cumbre del monte”. Cada mañana es bueno poder subir a encontrarnos con el mismo Dios que investía de poder a Moisés.

El primer paso para aprender a orar… simplemente es orar. Puede leer todos los libros que se han escrito sobre oración y asistir a innumerables disertaciones sobre la oración, pero aun así la única manera de aprender a orar es orando. Es importante estudiar las leyes y técnicas de cualquier disciplina que quiera dominar, pero en el análisis final uno aprende haciendo.
Una de las leyes básicas de la oración es la simplicidad. Haga oraciones simples y naturales. Al aprender este arte necesitamos reconocer que la oración es algo muy simple. No es necesario utilizar frases y palabras estereotipadas. Háblele a Dios como a un amigo. Si sus temores y ansiedades son pesados, háblele al Señor sobre ellos en una forma simple. Luego haga lo mejor que pueda y déjele el resto a Él. Deje de preocuparse sobre cosas. El amor de Dios lo protegerá y defenderá. Confíe en Él, trabaje mucho, piense correctamente y las cosas saldrán bien.
Todos esperamos la lluvia de la bendición descendiendo en nuestros hogares,  pero debemos recordar la advertencia de Dios dice a través de Zacarías: “De las familias de la tierra que no subieren para adorar al Rey, Jehová de los ejércitos, no vendrá sobre ellos lluvia”. Dios es claro: si queremos recibir más de su mano, tenemos que subir a buscarle.En Éxodo 24:11 dice que los príncipes de los hijos de Israel subieron, y vieron a Dios, y comieron y bebieron. Dios nos invita a subir a sus alturas para revelar su persona, para comer de su Palabra y para beber de su Espíritu.

Si nos atrevemos a subir, el Señor dará en su monte “banquete de manjares suculentos, banquete de vinos refinados, de gruesos tuétanos y de vinos purificados” (Isaías 25:6).

Prepárate y sube, hermano, porque en las alturas será revestido de nuevas fuerzas. Sube, porque desde la cima tendrás una nueva visión. Sube, porque en las alturas de Dios los dardos de fuego del enemigo no podrán hacerte daño. Sube, como fue invitado el propio Juan, para que tuviera una visión poderosa del Cristo glorificado y le mostrará las cosas que sucederían.

Queremos ver un avivamiento, queremos que la lluvia de Dios se desate en medio nuestro, una vez más recordemos el grito entusiasta de Elías al rey Acab: “Sube, come y bebe; porque una lluvia grande se oye.” Subamos a encontrarnos con el Señor en el monte de oración, comamos y bebamos de su Palabra y su presencia; y preparémonos a ver la lluvia tardía derramándose sobre cada uno de nosotros.

¡Subamos Iglesia, porque Dios quiere manifestar su gloria sobre nosotros!

“Tú los introducirás y los plantarás en el monte de tu heredad, en el lugar de tu morada, que tú has preparado, oh Jehová, en el santuario que tus manos, oh Jehová, han afirmado”.

Por Roberto Vilaseca

 

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