Nada de “Buen trabajo”

No importa lo que cueste, no importa lo imposible que parezca

Ir por más. Superarnos cada día; todo el tiempo. Y levantarse y seguir cada vez que sea necesario.

Por Evangelina Daldi

Hace poco vi una película llamada Whiplash: Música y obsesión. Por si alguno de ustedes no la vio (en lo personal me pareció muy buena, recomendable), el film se trata de un joven músico, cuya obsesión es llegar a ser un gran baterista, el mejor. En sus inicios en el conservatorio se topa con un profesor peculiar. Este, también tenía un obsesión: tener la mejor banda estudiantil de música y ganar todo tipo de concursos en los que se anotaba. Buscaba la perfecciónmisma. Hasta ahí, nada fuera de lo común. Lo que es llamativo son los métodos de este profesor. Era abusivo, violento, maniático, poco carismático, desenfrenado y varias otras cosas más. Pero, a la vez, era un gran buscador y formador de promesas. De músicos consagrados. Y por eso, aquellos jóvenes soportaban sus insultos y maltratos, y permanecían en aquella orquesta (si es que el profesor no los echaba primero).

En una escena, el profesor dice una frase de lo más interesante: “No hay dos palabras en todo la lengua que sean más perjudiciales que ‘buen trabajo’”. Para él, esa expresión podía ser el final de una carrera. Podía significar la conformidad absoluta. Implicaba el crecimiento de un ego que no permitiría la búsqueda de la superación, la excelencia. Y a pesar de que no estoy de acuerdo al 100 % con esta idea, creo que de alguna u otra manera, no está tan errado.

Muchos de nosotros, al darnos cuenta de que las cosas no salieron como deseamos o no estamos conforme con los resultados, nos rendimos. Abandonamos. Tiramos la toalla. Podría decirse que somos un poco blandos. Pero hay otros que la siguen peleando. Se siguen esforzando. Lo siguen intentando. Practican más duro. Entrenan con más fuerza. Estudian más horas. Oran con más fe. Trabajan con más dedicación. Y eso es lo que yo deseo para mí. Ser de ese grupo que no solo no se rinde, sino que persigue la excelencia. Que se supere día a día.

Nadie dijo que es fácil. Ni rápido. Ni automático. Conlleva esfuerzo. Trabajo y más trabajo. Implica caer y levantarse. Y volver a levantarse. Y no dejar de hacerlo nunca.

¿De qué hablo? De lo que usted quiera. De todo. Del avance en todas las áreas. Hablo de trabajar en descubrir nuestras fortalezas personales y quedarnos allí parados mientras trabajamos para obtener la versión mejorada (día a día) de nosotros mismos en aquellas áreas en las que “no nos va tan bien”.

Hablo de superarnos en el área física. Quizá modificar hábitos alimenticios que no tenemos y que debiéramos tener. Hablo de una caminata de cincuenta minutos diaria. Hablo de vicios que pueden llevarnos a la ruina.

Hablo de superarnos en lo emocional. Trabajar para superar todo lo que haya sucedido en el pasado. Lo bueno también. De soltar las glorias pasadas para poder abrazar las nuevas. Y soltar lo malo, para mantener un corazón sano y no dar ventaja al mal.

Hablo de superarnos en lo intelectual. Cuando nos preparamos en esta área, cuando nos educamos a nosotros mismos formalmente demostramos que entendemos que queremos estar listos para cuando lleguen las cosas grandes.

Es importante que los niños vayan a la escuela y sean los mejores alumnos. Es vital la universidad o el estudio terciario, y es imprescindible que los jóvenes se preparen para llevar la delantera. No solo es importante a nivel personal, sino comunitario y espiritual. Debemos estudiar, y debemos tener como estandarte la educación. Nada grande le ocurre a las personas que piensan en pequeño.

Hablo de superarnos en nuestra economía. Aprender a ser mejores administradores capaces de tomar decisiones sabias con el dinero del hogar. Esto también puede significar cambiar hábitos, hacer ajustes, leer libros especializados, asistir a conferencias.

Y también hablo de superarnos en el área espiritual. En intimidad con el Señor y con su Palabra. Practicar la oración y fomentarla. Compartir tiempo en comunión con hermanos que nos lleven a ser mejores hijos de Dios, por mencionar algunas.

La superación no queda encajada en un área particular. Debemos crecer en todo, y debemos hacerlo siempre, constantemente. No importa si tenemos toda la vida por delante o ya los años pesan. Siempre se puede aprender. Siempre se puede ser mejor. Siempre se puede superar la condición actual para entrar a una mejor.

Es cuestión de voluntad. De trabajo. De dedicación. De perseverancia. Y también de disfrutar ese proceso, porque eso también es parte del plan.

Por Evangelina Daldi
redacción@lacorriente.com

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