Levantarse y proseguir

Porque Dios siempre ofrece una oportunidad nueva

A pesar de tener toda la corriente en contra, prosigamos hasta la cima de la mano del Señor.

Por Alejandro Bullón

Margarita sufre. Las derrotas desfilan por su mente como hormigas siniestras, y dan lugar al miedo. Los consecutivos fracasos retornan a su memoria; invaden su mundo. La llaga sangra otra vez. La joven cree que no tiene suerte. Llegó a los Estados Unidos acariciando el “sueño americano”; pero, los años pasan y nada logra: gana poco dinero; cambia de empleo constantemente; ninguna iniciativa le sale bien.

“Todos logran lo que quieren, menor yo”, comenta con sus amigos, desanimada. “Simplemente no tengo suerte”.

Margarita es una joven luchadora: se levanta de madrugada, trabaja catorce horas por día, en dos empleos diferentes y regresa a casa de noche, cansada. Apenas tiene fuerzas para bañarse y dormir. La rutina de su vida es agobiante. ¿Qué futuro la espera? Se mira en el espejo, y empieza anotar algunas líneas marcadas en su rostro.

“Estoy envejeciendo y no logro nada”, se lamenta.

Lee el siguiente versículo: “Dios, en el principio, creó los cielos y la tierra” (Génesis 1:1). ¿Qué tiene que ver esto contigo, Margarita? Enjuga las lágrimas, y trata de escuchar la voz de tu Padre celestial. En el principio, no había nada. O, tal vez, sí: “La tierra tiene un caos total, las tinieblas cubrían el abismo”, dice el versículo 2. ¿Te das cuenta? Solo desorden, vacío y tinieblas. Casi nada. Nada. Pero, entonces aparece Dios, y da forma a los cielos y a la tierra. El escenario universal cambia cuando Dios entra en acción.

¿Qué ocurriría en tu vida si colocases en el principio a Dios? ¿Te has preguntado alguna vez si no logras lo que tanto anhelas porque en el principio solo están tus sueños, planes y proyectos? Luchas sola, trabajas sola y vives sola. Por eso piensas que tus metas son inalcanzables.

Atrévete a colocar a Dios en el principio de tu vida, y verás que todo cambio. No por fuera. Las circunstancias que te rodean puede seguir pareciendo adversas; las pruebas y las dificultades pueden continuar siendo las mismas. Pero tú no. Dios trabaja primero en ti. Coloca en orden tu mundo interior: llena el vacío de tu corazón y trae la luz a tu vida. Te inspira. El temor desaparece, junto con las dudas, el desánimo, y empiezas a ver que las circunstancias adversas y aparentemente injustas, no son tan atemorizan tes como parecen.

Con apenas 20 años, Raúl llega a la conclusión de que su vida es un fracaso. “¿Para qué seguir viviendo?”, me preguntan en la carta después de contarme las derrotas de su vida. Desde los 16 años se droga. Al principio, solamente para “probar. O, tal vez, para no sentirme aislado del grupo”.

“A la hora que quiero paro”, les decía a los que le aconsejan abandonar ese camino.
El día llegó. Quiso parar. Casi había perdido la vida en un accidente automovilístico. Quiso parar, y descubrió que ya no podía. Era un pobre esclavo del vicio. A partir de allí, su vida fue un fracaso tras otro. Abandonó los estudios, dejó la casa paterna y empezó a practicar pequeños robos. Acabó pasando un tiempo en prisión.

Cierta noche, medio drogado, prendió la televisión del cuartucho roñoso que compartía con otros drogadictos, y me vio hablando del amor de Dios y de las incontables oportunidades que el Señor da a las personas. El mensaje tocó su corazón. Fue a raíz de eso que escribió una carta a la producción del programa.

Al leer el versículo siguiente, tengo la impresión de que el apóstol san Pablo le habla a este joven. “Prosigo a la meta”. El verbo “proseguir” en griego es lambanó. Literalmente, significa “alcanzar la cumbre de una montaña para descubrir que existe otra montaña más alta”.

Proseguir no es simplemente seguir. Es seguir a pesar de las dificultades, de las derrotas y de las promesas no cumplidas. Proseguir es continuar. Llegar es parar. El día que paras, mueres. La vida es proseguir.

Raúl y Margarita necesitan levantarse y proseguir. Todos necesitamos hacerlo. Cada día. A despecho de los errores cometidos. La tragedia más grande del ser humano no es resbalas y caer, sino quedarse caído pensando que una derrota es el fin de la carrera.

En la pasarela de los victoriosos no desfilan las personas que jamás conocieron la derrota. La victoria es fruto de continuar a pesar de los fracasos ocasionales.

El desafío es correr detrás del ideal que Dios tiene para ti. No te desanimes. Tómate de la mano poderosa del Señor y escribe una nueva página de tu historia.

Por Alejandro Bullón
Tomado del libro:Plenitud en Cristo
Aces

Plenitud en Cristo

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