Todo estará bien

Podemos marcar la diferencia para el cambio

La vida de Noé y de Nehemías nos enseñan que Dios desea usarnos para transformar nuestro entorno.

Por Ítalo Frígoli

En la búsqueda de la sanidad del alma nos encontramos con enfermedades que nos limitan y nos hacen perder la habilidad de llegar a ser lo que Dios siempre quiso que fuéramos. Nos impide llegar a desarrollar nuestra personalidad, nuestra vida en toda su extensión.

Meditemos en una de las secuelas del complejo de inferioridad, la autoestima. Cuando la autoestima es baja o negativa, llegamos a creer que no hay ningún potencial en nosotros y que nunca lograremos nada importante. Nos vemos tan insignificantes, tan inútiles que dejamos de intentarlo. Nos convencemos de que nuestra vida no tiene sentido y que no importa en realidad nuestra opinión o participación. Esta baja autoestima nos obliga a quedarnos quietos y, por consiguiente, perdemos grandes oportunidades.

El ejemplo de Noé nos ayudará a entender lo seria de esta enfermedad y la gran necesidad de enfrentarla y hallar la receta que nos traerá salud al alma.

Si él pudiera darnos algún consejo, creo que nos diría que una persona puede causar una gran diferencia. En Génesis 6 vemos que la maldad del hombre llegó a tales niveles que Dios se preparó para intervenir y castigar a la humanidad. La intención del corazón del hombre fue la de hacer el mal, y eso produjo la reacción de Dios: “Voy a borrar de la tierra al ser humano que he creado. Y haré lo mismo con los animales, los reptiles y las aves del cielo. ¡Me arrepiento de haberlos creado!” (Génesis 6:7).

Noé nos diría: “Una persona puede marcar la diferencia en su familia:. Él lo hizo en su hogar. En Génesis 7, “El Señor le dijo a Noé: Entra en el arca con toda tu familia, porque tú eres el único hombre justo que he encontrado en esta generación”(v. 1).

Noé nos dirá que podemos marcar la diferencia para la creación. No solo su familia fue salvada, también la creación lo fue. Gracias a que Noé fue fiel y justo; aun los animales lo fueron con él.

Noé nos diría: “No solamente uno puede marcar la diferencia para la generación que nos toca vivir, también para las futuras”. Cada vez que observamos un arco iris, recordamos la decisión que tomó Noé, por eso Dios no nos castigará con un diluvio como lo hizo en ese entonces. El pacto de Dios con Noé nos afecta a nosotros también, miles de años después.

Noé nos dirá: “Podemos marcar la diferencia para Dios, pues él estuvo dispuesto a empezar de cero, a destruir la humanidad y erradicarla por completo”. Pero Noé fue capaz de hacer que Dios “cambiara” de idea. Cuando estuvo listo a destruir la humanidad, Dios vio a Noé y reconoció que era el único hombre justo en su generación.

Noé nos dirá: “No importa la edad, podemos marcar la diferencia de igual forma”. Noé ya había cumplido 600 años de edad. Eso me hace ver que, hasta que cumpla esa edad, tengo la posibilidad de marcar la diferencia para mi familia, las generaciones que vienen después de mí, el mundo en el que vivo y para Dios. La Biblia nos dice que una persona puede marcar la diferencia. Usted lo puede hacer en su familia, trabajo, escuela o nación.

Usted es importante. No crea esos pensamientos de inferioridad. Levante su autoestima. Tal vez no se ha dado cuenta todavía, pero su vida ha influenciado para bien a muchos otros.

Noé también nos diría:

  • “No tengas miedo a ser diferente a los demás, de declarar tus convicciones, aunque signifique quedar solo”. Noé estuvo solo contra todos los demás de su generación”.
  • “No tengas miedo de hacer algo por primera vez”. Noé construyó el primer barco de la historia. Lo construyó lejos del mar. Nunca antes había llovido. Era el hazme reír de la ciudad, pero no le dio miedo intentar algo nuevo. ¿Cuándo fue la última vez que intentó hacer algo nuevo, novedoso por primera vez?”.

Todo pasa

Nehemías también nos enseña que los grandes problemas tienen solución. No importa el tamaño de tu problema, se puede resolver.

El problema era que la ciudad de Jerusalén se hallaba sin muros de protección, y Nehemías entendió que su pueblo estaba totalmente a la intemperie y que, cualquier enemigo, por más débil que fuera, los podía conquistar y destruir. Fue una situación muy delicada. Así Nehemías se deprimió. La Biblia dice que se sentó, lloró, hizo duelo por unos días y ayunó delante de Dios. Estuvo muy triste con la noticia que recibió de su hermano. Ese sentimiento lo notó el rey. Había cierta amistad entre ellos. Habían estado juntos todos los días por varios años, por eso el rey fue sensible al cambio de ánimo de su copero.

Nehemías 2 nos enseña: “Un día, en el mes de nisán del año veinte del reinado de Artajerjes, al ofrecerle vino al rey, como él nunca antes me había visto triste, me preguntó: ‘¿Por qué estás triste? No me parece que estés enfermo, así que debe haber algo que te está causando dolor’”(v. 1-2). Entró en gran temor su corazón.

¿Qué pudo contestarle? Era un problema causado por el rey. Ellos habían destruido los muros de Jerusalén. “¿Le digo la verdad? ¿Invento otra historia?”.

Decidió contarle la verdad. Y el rey se preocupó de la situación de su copero y quiso ayudarlo.

Tanto el rey como la reina estuvieron conformes con dejarlo volver a Jerusalén a reedificar los muros. Tanto así que le firmaron cartas de presentación, le concedieron una escolta del ejército y le dieron dinero para que comprara los materiales. En otras palabras: “Vaya a reconstruirla, pero hágalo rápido y regrese”.

Entonces fue a Jerusalén y, personalmente, se entero del problema y compartió la visión de la reconstrucción de los muros. Animó a la población a participar de ese proyecto.

Una persona puede hacerlo, puede cambiar una situación adversa.

Nehemías nos enseña que no temamos pedir ayuda. Debemos mantener el enfoque de nuestra misión y no dejar que cosas o personas nos distraigan de lo que tenemos que hacer. Los enemigos de Nehemías trataron de disuadirlo, de distraerlo con otras actividades y problemas.

Si tenemos que resolver problemas, mantengamos los enfoques.

Noé nos enseña que una persona puede marcar la diferencia y Nehemías nos enseña que todo problema tiene solución.

Por Ítalo Frígoli
Tomado del libro:Enfermedades del alma
Vida

Enfermedades del Alma

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