“No tengo qué ponerme”

Que nuestra vestimenta sea reflejo del Señor

Si te pones a pensar, ¿tu modo de vestir da honra al Señor?

Por Elizabeth George

Después de que toda la familia la obliga a salir del baño, Ana se va a su habitación enojada.

“Algún día”, murmura, “me iré de aquí y tendré mi propio departamento. Entonces, podré quedarme todo lo que quiera en el baño”. Al abrir la puerta de su habitación, que luce un audaz letrero con las palabras: “¡Prohibido pasar!”, se pregunta: “Ahora veamos, ¿qué me pongo?”.

¡Entrar a su habitación es como ir a una zona de desastre! Pro todos lados hay ropa, libros, cajas de discos, proyectos sin terminar y basura diseminada. “No importa”, decidió. “Llego tarde a la escuela. Limpiaré mi habitación en otro momento”.

Esquiva varias pilas y se acerca a su armario. Al abrir la puerta corrediza, una avalancha de cosas, incluyendo ropa sucia, cae en cascada. Por desdicha, esto significa que no queda demasiada ropa limpia para elegir. Al pensar en la casa de María, Ana suspira: “¿Por qué no tendré una mamá como la de María? ¡La Dra. Ortíz es genial! Le lava la ropa a María y le mantiene la habitación ordenada. Además, María siempre tiene mucha ropa limpia que ponerse. ¡Su mamá hasta se preocupa por proveerle ropa de última moda! ¡Y yo no tengo nada que ponerme!”.

“Un momento, ¿qué es esto?”, chilla Ana. En una esquina remota, colgada en una percha, hay una ropa que su madre le ha prohibido usar. “Mamá ya se fue, ¿por qué no?”.

Es la gran oportunidad de Ana de ponerse su ropa prohibida. “Si lo hago bien, puedo salir antes de que papá vea lo que tengo puesto. Todos en la escuela usan este tipo de ropa. No hay problema si muestro un poco la piel. Pasaré inadvertida por completo. Y está ese chico nuevo… quizá se fije en mí si me pongo esta ropa”.

Ana se detiene y vuelve a pensar en su mamá. “¿Y cuál es el problema si me descubre? Puedo decirle que no tenía otra cosa que ponerme”, piensa.

Espejito, espejito

¿Sabes que tu ropa refleja lo que sucede (o no sucede) en el interior, en tu corazón y tu mente? Ana tomó una decisión sobre su ropa para ir a la escuela. ¿Habrías tomado la misma decisión?

Quizá te sorprenda enterarte de que a Dios le importa lo que te pones. Además, quiere que le consultes las decisiones que tomas todos los días, incluso en cuanto a tu vestuario. En realidad, tiene mucho que decir sobre lo que te pones. Como cristiana, Ana representa a Dios y es un anuncio vivo de Él.

Entonces, ¿cuál es el código de vestimenta divino? ¿Cuáles son sus pautas? ¿Y qué considera como errores de moda?

Primera pauta: modestia. ¡Uf, ah! Esto parece muy anticuado. Sin embargo, es algo que Dios considera importante, así que es un concepto eterno. La Biblia dice que hay que vestirse con modestia (1 Timoteo 2:9). La definición de modestia es “una ausencia de excesos, pretensión o espectáculo”. Describe la ropa “adecuada” para una joven que ama a Dios y desea seguirlo. La modestia denota evitar los extremos. Significa tener cuidado de no usar demasiado maquillaje, joyas y ropa costosa. Además, implica tener cuidado de ponerse lo suficiente; es decir, evitar la ropa escasa, ajustada y reveladora. Son algunas ideas.

Es triste que a nuestra cultura dominante no le interese ni la modestia ni la moderación. Es más, tiene un lema opuesto. “Todo es válido. Reduce la limitación. Exprésate. Exhibe tu cuerpo”. Dios nos llama a alejarnos de estas normas y formas de pensar. Nos guía a sus normas.

Directo para ti

Romanos 12:2 enseña cómo vivir a la manera de Dios y tomar las decisiones que desea Él. Al leer este versículo, anota tus pensamientos sobre cómo se aplican estos mandamientos del Señor a tu vida y cómo influyen en tus decisiones.

“No se amolden al mundo actual”. Como una joven conforme al corazón de Dios, no dejes que el mundo te meta a presión en su molde impío. No copies las costumbres osadas o extremas ni las modas de este mundo.

“Sean transformados mediante la renovación de su mente”. Deja que Dios vuelva a moldear tu mente desde adentro. Él cambiará tu punto de vista y tu forma de pensar para que concuerden con la transformación que obra en ti. Dale la espalda al mundo y a sus modos de actuar, a fin de poder adoptar los nuevos ideales y las actitudes de Cristo.

“Así podrán comprobar cuál es la voluntad de Dios, buena, agradable y perfecta”. En otras palabras, podrás “encontrar y seguir la voluntad de Dios; es decir, lo que es bueno, agradable a Él y perfecto”.

Aquí tienes algunas buenas preguntas para hacer cuando busques lo que vas a ponerte. ¿Qué motivación tengo para ponerme esta ropa? ¿Es para conformarme al estándar del mundo… para encajar? ¿Lo hago para llamar la atención de alguna manera?

Dios desea que su pueblo, sin importar la edad, tenga principios morales altos, y comienza con lo que vestimos.

Segunda pauta: Decencia. En 1 Timoteo 2:9 también dice: que las mujeres se vistan con… decencia”(TLA). Además aquí podemos usar la palabra respetable. Déjame preguntarte: ¿quiénes son los chicos más respetables de tu escuela? ¿Son los que le siguen la corriente a la multitud? ¿O los que se mantienen fuera, y por encima, de la multitud? En general, los chicos más respetados reciben admiración porque tienen principios altos para la conducta, el carácter, la forma de hablar, las calificaciones, el deporte y el compromiso.

Tercera pauta: Decoro. La Palabra de Dios enumera otra norma de vestirse: “que ellas se vistan decorosamente”. El decoro significa algo adecuado, apropiado. Pregunta: como cristiana, ¿qué puedo ponerme que sea adecuado y apropiado?. Una chica con un corazón humilde y dedicado a Dios elige su ropa con cuidado. Se asegura que sus decisiones reflejen su posición como hija del Rey, el Señor Jesús. Se preocupa por no deshonrar el nombre de Jesús ante un mundo que observa.

Por Elizabeth George
Tomado del libro:Guía de una joven para las buenas decisiones
Unilit

Guia de una Joven para las Buenas Decisiones

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