“Hoy en día hay una mentalidad de ‘creencia fácil’”

Uno de los hombres más sobresalientes del mundo nos abre su corazón

En una entrevista reveladora, Billy Graham habla sobre la fe en el mundo actual, el estado de la sociedad y sus nuevos proyectos.

Está en el clímax de su cruzada ministerial. Billy Graham ha viajado por todo el globo para predicar ante inmensas audiencias. Ahora, aunque instalado en su casa en las montañas del este de Carolina de Norte, el evangelista masivo, gracias a las últimas tecnologías, sigue proclamando el Evangelio. Noviembre marcó el comienzo su nuevo proyecto, un curso a través de videos evangelísticos diseñado para el uso individual y de pequeños grupos. En esta entrevista, Graham comparte sus pensamientos sobre la situación actual de la fe cristiana y su confianza, en medio de confusión teológica y cultural, en la esencia del mensaje evangélico.

 ¿Usted se considera primero un evangelista o un cristiano? ¿Por qué?

Lo que realmente importa es cómo el Señor me ve. Él no se fija en etiquetas sino que se preocupa por el estado del alma del hombre. La Biblia me dice que ante todo soy un pecador. Pues todos han pecado y están privados de la gloria de Dios” (Romanos 3:23). Pero debido a la gracia salvadora que Jesús me ha dado y por mi arrepentimiento, yo soy su hijo que ha sido salvo por la sangre de mi Salvador en la cruz. En ese momento, ingresé a una relación con Él, y eso transforma vidas.

Jesucristo es mi Señor y Maestro. Me he arrepentido de mis pecados, me volví a Cristo y busco diariamente obedecer su Santa Palabra. Yo soy su discípulo. Antes de mi conversión el 1 de noviembre de 1934, yo siempre me consideré cristiano. Pero no fue antes de que fuera confrontado y condenado por mi pecado que me di cuenta que Cristo hace la diferencia en la vida de aquellos que no solo claman su nombre sino que obedecen su Palabra. Si no hay cambio en la vida de alguien, él o ella debepreguntarse si posee o no la salvación que el Evangelio proclama. Muchos que asisten a la iglesia no han tenido una transformación de vida en Cristo. Aquellos que están afuera de los templos esperan que los seguidores de Jesús vivan diferente; sin embargo, muchos en la iglesia persiguen al mundo, no para alcanzarlos sino para ser como ellos. Esto es muy peligroso, y La Biblia da cuenta de los trágicos resultados.

En el Nuevo Testamento, cuando la gente oía la verdad que Jesús enseñaba y recibía el glorioso don del perdón y la esperanza de la vida eterna en el cielo, otros que observaban el cambio en sus vidas los llamaron cristianos: seguidores de Cristo (Hechos 11:26). Así como Jesús vino voluntariamente a rescatar a la raza humana del pecado, yo voluntariamente le sirvo y busco glorificarlo con mi vida porque soy un hijo del Rey. Ser llamado cristiano debería identificarnos con las demandas que Cristo les hace a los que le pertenecen. Él nos dice que calculemos el costo de seguirlo.

Esa es mi predicación como evangelista, y en lo profundo de mi corazón creo en la enseñanza fundamental de Las Sagradas Escrituras.

Cuando Jesús se convierte en nuestro Maestro dejamos de lado nuestros caminos y caminamos en los suyos. No siempre es fácil pero es enormemente productivo y desafiante porque aquellos que lo siguen se convierten el luces brillantes en una mundo muy oscuro. Es por esto que los cristianos tienen esperanza. La razón por la que tengo esperanza para el mundo es porque Cristo murió por todo el planeta y llama al perdido y al cansado para que se acerquen a Él. Jesús dijo que Él vino a buscar y a salvar lo que se había perdido” (Lucas 19:10).

¿Por qué la salvación es la razón de su esperanza?

Hoy en día hay una mentalidad de “creencia fácil”, de que si la gente cree en Dios y hace buenas obras se van a ir al cielo. Pero hay muchas preguntas que deben ser respondidas. Hay dos necesidades básicas que todas las personas tienen: la necesidad de esperanza y la necesidad de salvación. No debe de sorprendernos si la gente cree fácilmente en un dios que no demanda, pero ese no es el Dios de La Biblia. Satanás ha engañado astutamente a los hombres al susurrarles que ellos pueden creer en Jesucristo sin ser cambiados, pero esa es una mentira del diablo. Para aquel que dicen que pueden tener a Cristo sin renunciar a nada, Satanás te está engañando.

Mientras ya no puedo más pararme en el púlpito y brindar un sermón de La Biblia, Dios ha puesto un ferviente deseo de hablar sobre esto, un mensaje que resuena en mí cada vez que veo las noticias. Cuando hablo con gente en diferentes situaciones de vida hay una pregunta que todos se hacen: “¿Qué sucede en el mundo?”.

Muchos líderes políticos me han hecho este interrogante. Incontables estudiantes universitarios claman por oír la verdad. Siempre he explicado que el Dios todopoderoso es el arquitecto de la tierra, el creador de la humanidad y diseñadordel alma. Él es el principio y el fin, el iniciador y perfeccionador de la fe. Todas las respuestas yacen en La Palabra de Dios revelada. La salvación es el regalo de Dios para el mundo, pero el don del amor y el perdón del Padre deben ser aceptados bajo sus términos, no los nuestros. Los dones nunca son forzados; son ofrecidos y recibidos. Muchos hoy dicen que la idea de la redención es anticuada.

Un crítico de cine declaró que las personas desean superar los problemas desde su interior. Cristo es la única fuente que puede arrancar la desesperación de nuestro corazones. Esta es la razón de mi esperanza: que las personas, sin importar en lugar de donde sean, abran sus corazones a la salvación de Cristo, el don redentor que ofrece paz y la seguridad de la vida eterna.

¿Por qué piensa que Dios le ha dado un ‘tiempo extra’ en la tierra antes de llamarlo a su hogar eterno?

Viajar por el mundo y predicar por más de setenta años no me ha dado mucho tiempo para la reflexión. Pero sin importar el lugar donde haya estado, cuando regresaba a casa, Ruth siempre estaba esperándome. Disfrutábamos esos momentos, y siempre encontrábamos tiempo con el Señor juntos, regocijándonos con respuestas a nuestras oraciones. Añoro esa amistad con ella. Ella era una guerrera de oración, y amaba sentarse y hablar sobre La Biblia. Desde hace seis años que está en el cielo, y creo que el Señor me ha dado este tiempo de vida para considerar todo lo que aún resta por hacer y para serle fiel al mensaje de Cristo mientras tenga aliento. Ya sea que prediquemos desde un púlpito o estemos sentados en contemplación silenciosa, siempre hay mucho más por aprender mientras buscamos el rostro del Señor. Al mirar hacia atrás, hubieron tiempos en los que no fui lo suficientemente firme como debí haber sido, pero mi corazón y mi ministerio siempre estuvieron arraigados en La Palabra de Dios. El mensaje que predico está anclado en lo que La Biblia dice.

Trato de pasar mis días animando a otros a servir a Jesucristo con todo su corazón, orando por aquellos que trabajan en su nombre y pidiendo que muchos más respondan al llamado de Dios a predicar el Evangelio verdadero, declarando lo que La Biblia dice. Ella es verdad. Su Palabra es vida.

Usted se plantea la siguiente pregunta: “¿Quién se negaría a ser rescatado de una tragedia?”. ¿Por qué lo hace?

Me parece poco razonable que un ser humano se niegue a ser rescatado de un barco que se hunde, pero de hecho la gente lo hace porque no creen realmente que vayan a ahogarse. De este modo, el mundo está lleno de personas que no creen que estar muertos en pecado los envíe al infierno, y por eso rechazan ser rescatados por la cruz del Señor Jesucristo.

He conocido a muchas personas interesantes como el héroe de guerra estadounidense Louis Zamperini, que fue rescatado del Océano Pacífico solo para ser capturado por el enemigo durante la Segunda Guerra Mundial. Pero él luego descubrió que un enemigo mayor era el dueño de su alma. No estuvo dispuesto a ser rescatado del alcoholismo hasta que se encontró cara a cara con el enemigo, y fue restaurado por el amor salvador del Señor.

Hace algún tiempo el crucero Costa Concordia se hundió en la costa italiana. Tal terror que golpea el corazón humano es indescriptible. De repente las personas comienzan a darse cuenta de que “vivir bien” no salva. Claman por ser rescatados pero la gente que los rodea también está en desventaja, es incapaz de ayudarlos. ¿Hacia dónde uno va? Este es el estado de nuestro mundo; el Único que puede salvar es aquel que nació con ese solo propósito, como lo cuenta la historia de Navidad. La virgen María daría a luz un Hijo concebido por el Espíritu Santo, y su nombre sería Jesús “porque él salvará a su pueblo de sus pecados” (Mateo 1:21).

La Biblia sigue siendo el libro más vendido de todos los tiempos, sin embargo, la gente se niega a creer. Se niegan a aceptar el mayor regalo que alguna vez se le haya ofrecido a la humanidad. ¿Por qué? Porque él nos llama a confesar nuestros pecados y a renunciar completamente a nuestros caminos egoístas. Nos llama a arrepentirnos del pecado contra a Dios. Muchos preferirían vivir un corto tiempo en la tierra esperando que no hay infierno sufriente después de la muerte. Creen la mentira de Satanás de que no hay vida después de la muerte. Pero Jesús habló sobre el infierno mucho más de lo que habló del cielo. Por eso pasé mi vida diciéndole a la gente de todo el mundo: vengan a Jesús tal como son; Él los recibirá y los fortalecerá en cada paso del camino.

Usted afirma que “el pecado está de moda”. ¿Qué quiere decir eso?

En la sociedad del siglo XXI, la gente le dio al pecado un cambio de imagen. Llaman pecado a un error. Dios llama a esto iniquidad. Es una enfermedad del alma. La sociedad generalmente hace campañas contra las enfermedades, recauda dinero o la erradica. Pero la enfermedad del pecado es celebrado y glorificado por la sociedad especialmente en la cultura pop de estos días ignorando el lugar que ocupa en la realidad física, emocional y espiritual. La sociedad puede jactarse de que “el pecado está de moda”, pero la verdad es que el pecado está en ti, en mí, en todos.

Los medios de comunicación suelen contar historias sobre hombres y mujeres que cometen crímenes horrorosos, y la humanidad demanda que deben pagar. Sin embargo, los hombres rechazan que Dios demande que se pague una pena por los pecados cometidos en contra del Dios creador. Él se muestra como el Padre amoroso que es enviando su propio sacrificio, su único Hijo, para que muera en lugar del hombre, y así pague la pena por los pecados que La Biblia dice que nos asedian (Hebreos 12:1). Muchas personas que transgreden las leyes del Señor rechazan que su pecado sea juzgado por un Dios justo. Rechazamos la idea de nuestras propias transgresiones, pero cuando hablamos de transgresiones como en el lenguaje deportivo, aceptamos las reglas; de hecho las amamos. Si dirigimos a nuestro equipo y el contrario comete una transgresión, nos quejamos. Esto es lo que sucede en el corazón del hombre; pero puedo asegurarle que Dios no se queja desde afuera del área cuando nos salimos de los límites de su ley y cometemos transgresiones (pecados) contra Él. Su corazón se duele. El pecado es un veneno, y destruye. La salvación es el antídoto que purifica.

La sociedad está obsesionada con la tecnología. ¿Hay una visión bíblica sobre ella?

La Biblia declara que “no hay nada nuevo bajo el sol” (Eclesiastés 1:9). Nada sorprende a Dios. Él capacita a su creación para que aproveche los recursos que nos ha dado. Sin duda hemos visto la gran cantidad de avances en las comunicaciones en todo este siglo XXI. Siempre amé el arte de la comunicación, y no hay duda de que mi ministerio se benefició mucho al utilizar amplificadores y potenciadores en los estadios y lugares públicos de todo el mundo. La televisión y la radio permite que el Evangelio llegue a rincones recónditos de la tierra, tal como La Biblia predijo. Pero mientras Dios permite que las bendiciones lleguen a través de grandes inventos como el wi-fi y los teléfonos celulares, Satanás también ha usado astutamente la tecnología para continuar con su engaño. Hoy hay generaciones que se enorgullecen en su habilidad de comunicarse instantáneamente a través de Facebook o Twitter, pero estos son incapaces de comunicarse cara a cara. La gente encuentra consuelo en sentarse frente a una pantalla de computadora para hablar con extraños sobre cualquier cosa, pero no creen que Dios pueda alguna vez escuchar su llanto de soledad, aflicción y dolor.

Una vez, un presidente de la Universidad de Harvard me dijo que lo que los jóvenes desean más es “pertenecer”. Multitudes desean pertenecerle a cualquier cosa menos a Dios. La raza humana siempre estuvo en la búsqueda de la verdad y aceptación, sin embargo, hombres y mujeres no están dispuestos a aceptar a Aquel que es verdad. En su lugar, van hacia una nueva moda ¾una religión diseñada¾ que es una mezcla: un poco de cristianismo, un poco de budismo, un poco de nueva era. Este es un truco del diablo, que ama mezclar mentiras con verdad. La Biblia advierte sobre esto, y nos dice que debemos aferrarnos a la verdad y pelear por la fe. … en los últimos tiempos, algunos abandonarán la fe para seguir a inspiraciones engañosas y doctrinas diabólicas… que tienen la conciencia encallecida” (1 Timoteo 4:1-2).

Pero la tecnología es un regalo de Dios cuando es usado para proclamar el Evangelio. Es por eso que estoy tan contento con Mi esperanza, un programa evangelístico que elaboró nuestro ministerio que ha sido usando alrededor del mundo. A través de todos los medios de comunicación estamos proclamando las Buenas Nuevas de que Dios ama a los pecadores y llama a los hombres y mujeres de todo el mundo a que se arrepientan y vuelvan a Él para recibir la verdadera esperanza que viene de Dios.

“Esperanza y cambio” se ha vuelto un cliché desde hace unos años. Y se experimenta desilusión cuando la esperanza y el cambio prometidos por hombres fracasan. Pero no hay desilusión en el Dios de esperanza. La Biblia dice que es en Jesús, el Hijo de Dios, donde el mundo puede hallar esperanza, y que el “Dios de esperanza” puede llenarnos con gozo y paz si creemos esta gran verdad a través de su poder (Romanos 15:12-13).

Gentileza de ChristianityToday

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