Recupere su balón

No importa los tiros que haya errado

Por Tony Evans

Durante los pasados treinta años, uno de los puntos sobresalientes de mi ministerio ha sido servir como capellán del equipo de la NBA de Dallas. Si alguna vez vio a un partido de baloncesto profesional, sabe que cada minuto está colmado de energía, transpiración, determinación y las mejores habilidades atléticas. Los equipos compiten por el premio de ser declarados los vencedores de la noche. Los jugadores corren, amagan, tiran y bloquean en un esfuerzo por conseguir que el balón atraviese el aro tantas veces como les sea posible.

Un elemento del juego que hace que el baloncesto sea tan intrigante es la recuperación. Esta ocurre cada vez que se falla un tiro. En caso de una recuperación en ataque, todos en la ofensiva toman el balón después de que rebota en el aro y lo vuelven a tirar o corren hacia otra jugada. En vez de ceder la posesión del balón, la recuperación mantiene la posesión, lo cual le da a la ofensiva otra oportunidad de anotar un tanto.

Si el juego del baloncesto no tuviera la opción de la recuperación, le restaría bastante velocidad. La presión debajo del aro disminuiría en gran manera. Y los tiros serían mucho más difíciles de aceptar. Las recuperaciones permiten que los jugadores tomen una situación de desventaja para volver a tomar ventaja.

Lo que la recuperación hace en el juego del baloncesto, Dios lo hace en el juego de la vida al darnos otra oportunidad después de un intento fallido. Una recuperación es un nuevo intento. Nos muestra que incluso en la vida, no es demasiado tarde para volver a intentarlo.

En La Palabra de Dios podemos ver a Moisés, un asesino convertirse en un libertador. Vemos a una prostituta termina en el linaje mesiánico. Vemos a un engañador transformado en un patriarca, a un rebelde en un evangelista y a una diva en una libertadora. Vimos a un detractor vencer sus temores, a un mujeriego dar el golpe de gracia (Sansón), y a una incrédula terminar en el “salón de la fama de la fe” por creer en la promesa de que Dios le daría un hijo.

Cada uno de estos individuos podría haberse rendido cuando las cosas estaban mal. Cada uno podría haber desistido. Cada uno podría haber tirado la toalla, irse al banquillo o simplemente darse por vencido. Pero ninguno lo hizo. En cambio, cada uno tomó una situación difícil y lo volvió a intentar; esta vez con fe. Y como resultado de su fe, todos lograron la victoria.

En la vida cristiana, así como en el baloncesto, un tiro fallido no significa que se terminó el juego. Si el reloj aún no se detuvo y le queda tiempo (y sabemos que le queda tiempo porque todavía está con vida), no es demasiado tarde para una recuperación.

Pero usted debe saber lo que todo jugador de baloncesto sabe: que para lograr una recuperación hay que ubicarse cerca del aro. No se puede estar del otro lado del campo de juego, en la tribuno o en el parque de estacionamiento y esperar recuperar el balón. Tampoco puede, como creyente, alejarse de una relación cercana y permanente con Jesucristo y esperar una restauración divina de su situación. La clave para una recuperación exitosa es estar donde pueda avanzarse una vez que se recupere el balón. De la misma manera, la clave para una recuperación exitosa en la vida cristiana es colocarse bajo el gobierno integral de Dios. Cuando usted se somete al él ¾al plan del Reino de Dios¾, está en la mejor posición para su recuperación.

Es verdad que una persona habilidosa podría tener ventaja sobre la mayoría de nosotros en lo que respecra a la recuperación del balón en un partido de baloncesto. Y algunas personas podrían tener ventaja sobre usted en recuperarse de las circunstancias de la vida, porque no han experimentado la profundidad de su dolor, vergüenza o decepción.

No voy a desmerecer lo que usted experimentó, lo que hizo o lo que podría estar por afrontar. Tampoco voy a negar que lograr una recuperación es mucho más fácil para un jugador de baloncesto profesional que para alguien como usted y como yo. Pero permítame dirigir su atención a otra persona.

Su nombre es Jason Kidd, jugador de los Mavericks de Dallas. La mayoría de los jugadores son mucho más altos que él, lo cual hace que parezca, de algún modo, un niño. Por la altura y peso, Kidd puede desaparecer al lado de los otros gigantes jugadores.

Pero no deje engañarse por su tamaño. En 1994, como jugador novato, recuperó a su equipo de su peor récord en la liga del año anterior. Y aunque jugó en un equipo con un récord perdedor, Kidd logró compartir el premio de jugador novato del año de la NBA con destacadísimos personajes.

Después de diez años y tras haber sido vendido al equipo de Nueva York, recibió el mérito de haber revivido a ese equipo que estaba casi muerto y dejarlo con uno de los mejores desempeños de la historia de la NBA.

Como un jugador consistente en todos los campos de juego, Kidd no permitió que lo que muchos considerarían una desventaja le impidiera no solo recuperar infinidad de veces el balón, sino también encestar. A pesar de su baja estatura, Kidd tiene un récord muy alto en tantos, asistencias y recuperaciones. Es decir: usted no tiene que ser el típico jugador talentoso para volar. Solo tiene que creer, posicionarse y nunca dejar de intentarlo.

Dios tiene un millón de maneras de dar en el blanco con un dardo torcido. Nunca debe olvidarse de que nunca es demasiado tarde. No permita que sus circunstancias, donde estuvo, lo que hizo, lo que alguien le hizo o lo que esté afrontando dicte el resultado final de su juego. Antes bien, permita que Aquel que hace todas las cosas nuevas lo ubique bajo la cobertura de su gobierno integral.

Usted tendrá una recuperación allí. Encestará. Vivirá la vida que Dios ha diseñado para usted. No por usted y las grandes cosas que hizo, sino por la fe que ha colocado en su Hijo.

¿Ha fallado un tiro, o dos, o tres o diez? La última vez que me fijé, el juego todavía seguía. Recupere su balón. No es demasiado tarde para que obtenga su victoria.

Por Tony Evans
Tomado del libro:Nunca es demasiado tarde
Portavoz

Nunca Es Demasiado Tarde

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