Padres que entienden su tarea

Es nuestra responsabilidad y de nadie más

La escuela y la iglesia son un complemento para la crianza de nuestros hijos, pero los padres somos los encargados de formarlos.

Por José Luis y Silvia Cinalli

La mayoría de las promesas de Dios están condicionadas a nuestra obediencia.La vida del sacerdote Elí es un claro ejemplo, tal como nos dice 1 Samuel 2:27-36. Su misión consistía en guiar a Israel, tarea que cumplió exitosamente durante cuarenta años. Sin embargo, fue responsable de un descuido: la crianza de sus hijos. Los amaba tanto que no quería entristecerlos con la corrección. Como muchos padres, fue displicente y buscó complacer a sus hijos siempre. Se decía a sí mismo: “Ya van a madurar”, “Ya van a comprender”.

El tiempo pasó y los muchachos dejaron de ser “pequeños diablillos para transformarse en grandes demonios”. Fue condescendiente con la inmoralidad de ellos. Tenía la autoridad para intervenir y no lo hizo. Dios se enojó por esa actitud y le dijo: “¿Por qué honras a tus hijos más que a mí…?”(1 Samuel 2:29). Dios había prometido que su familia ejercería el sacerdocio para siempre; sin embargo, anuló la promesa a causa de la indocilidad de los hijos y la indolencia de su padre tal como lo relata 2 Samuel 2:30-36.

 La desobediencia reemplaza bendición por maldición

El anhelo de Dios es que vivamos una vida llena de significado, pero nuestra desobediencia podría cancelar sus mejores planes.

Según la ley de Moisés, los padres tenían la misión de enseñar a sus hijos La Palabra de Dios, ayudarlos en la comprensión y entrenarlos en cómo aplicarla a cada vivencia personal. Hoy día, se espera que la Iglesia y la escuela hagan lo que los padres deberían hacer.

La historia del sacerdote Elí y sus hijos malvados constituye una verdadera advertencia para aquellos que piensan que la iglesia lo hará todo por ellos.

Desgraciadamente, el ejemplo que vio Samuel mientras vivía con el viejo sacerdote Elí lo guió para mal. El profeta más grande que tuvo Israel cometió los mismísimos errores que Elí: “Cuando Samuel entró en años, puso a sus hijos como gobernadores de Israel… El hijo mayor se llamaba Joel, y el segundo Abías. Pero ninguno de los dos siguió el ejemplo de su padre, sino que ambos se dejaron guiar por la avaricia, aceptando sobornos y pervirtiendo la justicia” (1 Samuel 8:1-3). Samuel había sido mal equipado para criar a sus hijos a la manera de Dios. La enseñanza es clara: ser una persona compasiva y temerosa de Dios no lo transformó en un buen padre.

Rick Osborne dice: “Aunque la iglesia ha redoblado los esfuerzos para ampliar sus programas para los niños y trabaja hasta la extenuación para entrenarlos espiritualmente, el plan no funciona porque no es la manera en que Dios nos dijo que lo hiciéramos. El plan de Dios para enseñar a nuestros hijos no ha cambiado desde que Él lo estableció con Abraham y se lo enseñó a los israelitas por medio de Moisés. Efesios 6:4 dice: ‘Y ustedes, padres, no hagan enojar a sus hijos, sino críenlos según la disciplina e instrucción del Señor’.¿Has notado que ni Moisés ni Pablo mencionaron el tabernáculo o el sacerdote o la iglesia o el director del ministerio infantil como los agentes para la educación de nuestros hijos? ¿Por qué? Porque es el trabajo de los padres”.

El trabajo eclesiástico y escolar constituye un complemento en la crianza de nuestros hijos, pero de ninguna manera sustituye nuestra responsabilidad. En otras palabras, los programas de la iglesia son muy buenos y nos ayudan en nuestra tarea, pero la misión de educarlos y entrenarlos para la vida, ha sido y seguirá siendo tarea indelegable de los padres.

Así, queremos plantearte un desafío para que apliques en los próximos días:

Sé un modelo para tu familia. “Ser un esposo o padre ‘modelo’ puede acarrear una gran cantidad de presión, si intentas hacerlo solo. Falla solo, ¡o ten éxito con Dios!”, aconsejan Glenn Egli y Jennifer Carrell.

Defiende tu carácter más que tu propiedad.¿Necesitas ajustar áreas de tu vida? ¿Controlar tu ira? ¿Concluir algún proyecto abandonado? ¿Cuidar tu aspecto físico? ¿Estar de mejor humor?

Comparte tu propia espiritualidad. Una de las mejores maneras de compartir la espiritualidad en nuestra familia ha sido a través del relato de historias.Cada noche, durante la infancia de nuestro hijo David, le relatábamos alguna ilustración con una enseñanza final. Algunas eran narraciones bíblicas; otras, simplemente, historias a las que agregábamos algún texto de Las Sagradas Escrituras. Era tal el entusiasmo de David, que se negaba a dormir si no escuchaba una nueva. Las recordaba con lujo de detalles y no permitía que le contáramos la misma historia más de una vez. Por ese motivo, nos vimos obligados a recopilar materiales, pero fue un esfuerzo que produjo enormes bendiciones. Vimos que el tiempo compartido cada noche fue edificando su vida y moldeando su carácter, al aplicar las enseñanzas aprendidas a la vida cotidiana.

Muchas de esas historias están contenidas en el libro Familias con Futuro, el que podría representar una herramienta sencilla y práctica en la educación de tus hijos. Esperamos que sea para tu familia de tanta bendición como lo ha sido para la nuestra.

Por José Luis y Silvia Cinalli

 

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