Ponle más agua a tu regadera

No importa a qué conclusión te llevó tu balance

Por Evangelina Daldi

Cada vez que diciembre comienza, los temas se vuelven repetitivos. Incluso hay actividades que hacemos quizá solo en diciembre. Muchas personas suelen tomarse unos minutos (algunos un poco más) para hacer un balance de cómo fue el año.

Las veces que leímos o escuchamos que muchos nos animan a que hagamos estas cosas (al igual que las metas a principio de año), parece ser que se da en un marco de alegría, de ánimo, como si fuese una actividad muy positiva. ¿Pero siempre pasa eso? No. Creo que no. Y digo esto porque quizá cuando hacemos un repaso por lo que fue este 2014, quizá muchos de nosotros encuentren que el año no resultó como se esperó al principio. Porque tal vez sucedieron cosas imborrablemente amargas. Porque puede que muchos no hayan alcanzado las metas. Porque quizá muchos ven la realidad, no solo como individuos o argentinos sino como sociedad mundial, y el panorama es bastante desalentador. Porque otros sienten que no avanzaron nada. Y frente a estas cosas, quizá los balances no nos dejen en una posición cómoda.

Y frente a esta reflexión personal, hay dos cosas para hacer.

Cierta vez, una persona se sentía muy desanimada. Se veía siempre igual. Con los mismos problemas y los mismos defectos. A pesar de varios intentos en muchos aspectos de su vida, nada había cambiado. Con mucho pesar fue a ver a un hombre muy sabio. Al expresar cómo se sentía el sabio habló: “¿Sabes cuánto tiempo tarda en crecer el gigantesco bambú chino y llegar a ser tan alto como un edificio?”. Y continuó: “Durante el primer año, la semilla es regada y hasta fertilizada… y nada ocurre. Es regada y hasta fertilizada por otro año entero… y otro… y otro, y aún así nada ocurre. Luego, en el quinto año, ¡se dispara hasta el cielo! En seis semanas el bambú chino crece cerca de treinta metros. Entonces, ¿cuánto tiempo tarda en crecer tan alto?”, finalizó el sabio preguntando. El hombre respondió: “Seis semanas”. Pero el sabio dijo: “Ese es tu error. Se demora cinco años. Si se hubiera dejado de regar esa semilla en esos cinco años, se hubiese muerto. ¿Qué ocurría durante esos cinco años? Bajo el suelo, se estaba desarrollando una enorme red de raíces para sostener el repentino crecimiento del bambú. Es necesario paciencia y perseverancia. Cada gota de agua hace la diferencia. Cada paso que das produce un impacto. Puede que no veas resultados de inmediato, pero los cambios están ocurriendo. Comprometido, con esfuerzo y con la ayuda de Dios te abrirás camino y alcanzarás grandes alturas”.

Entonces, decía, podemos hacer dos cosas.

Podemos desanimarnos y lamentarnos por aquellas cosas que “no se lograron”, que “no se alcanzaron”. Podemos llorar por esos cambios que “no resultaron”. Podemos dejar de regar la semilla porque ya pasó mucho tiempo y nada ocurrió. Podemos dejar de orar por nuestros sueños porque ya hasta tienen polvo. Podemos dejar de clamar por una Argentina mejor ya que parece que cuanto más oramos, peor están las cosas. Podemos abandonar la lucha por nuestros seres queridos que aún no conocen al Señor ya que la realidad es que cada vez tienen el corazón más duro. Y así podríamos seguir.

O podemos cargar la regadera de agua y continuar. Continuar orando por nuestros anhelos y deseos. Podemos seguir clamando con fe por nuestro amado país. Podemos arrodillarnos y seguir pidiendo salvación para nuestra casa. Podemos esforzarnos cada vez más en nuestro trabajo. Podemos seguir ayudando a los que tienen necesidades. Podemos mantener la sonrisa en el rostro, aunque no haya motivos aparentes. Y así también podríamos seguir.

El Señor vio e intervino infinidades de veces en la historia de su pueblo según nos cuentan Las Escrituras. Él vio cómo ellos pactaron, se alejaron, pecaron, regresaron, se arrepintieron, se volvieron a ir, y así sucesivamente. Una rueda. Y fueron más de cinco años. Mucho más. Y quizá muchos de nosotros todavía actuamos un poco así.

Pero al ver todo eso, y al saber lo que iba a suceder, el Señor decidió dejar su gloria y majestad y venir a este mundo igual. No se dio por vencido nunca. Y nunca lo hará.Creo que mucho menos nosotros.

No te detengas. Sigue. Avanza. Clama. Riega. Y espera. Porque el milagro sucederá.

¡Feliz Navidad!

Muchas bendiciones.

Por Evangelina Daldi

Redacció[email protected]

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