Cuatro errores fatales que arruinan ministerios

Qué cosas tenemos que evitar en nuestras congregaciones

Por J. Lee Grady

Invertí mucho tiempo el líderes jóvenes, y constantemente me sentía en la urgencia de enseñarles a partir de los errores que cometimos en previos movimientos de Dios. Aprecio las cosas positivas que el Espíritu Santo hizo durante el mover anterior, pero hemos causado muchos líos a causa de nuestra falta de integridad en el liderazgo.

El apóstol Pablo nos dio un curso rápido de liderazgo en su segunda carta a los corintios. Mientras estudiaba esa epístola recientemente, identifiqué cuatro de los más grandes errores que cometimos en el avivamiento anterior. Oro para que hayamos aprendido la lección, y que así podamos evadir estos errores en los futuros movimientos de Dios.

 

  1. Charlatanería. Nosotros hemos perdido la credibilidad durante los pasados treinta años debido ciertos predicadores codiciosos que manipulaba a sus congregaciones para así tener sus bolsillos llenos. Del mismo modo que un poco de levadura se desparrama por toda la masa, los charlatanes lo arruinaron todo para nosotros también.
    Pablo le dijo q los corintios: A diferencia de muchos, nosotros no somos de los que trafican con la palabra de Dios…” (2 Corintios 2:17). La palabra griega para “traficar”, kapeleuo, significa “hacer dinero a través de la venta; corromper, obtener ganancia enseñando la verdad divina”. ¿Cuántos conocidos predicadores comenzaron bien pero terminaron como lamentables traficantes, pidiendo dinero para pagar autos de alta gama o casas de lujo que necesitaron para probar que eran importantes?
  2. Ser engreído. Pablo continuamente le recordó a los corintios que él era un servidor: No nos predicamos a nosotros mismos sino a Jesucristo como Señor; nosotros no somos más que servidores de ustedes por causa de Jesús”(2 Corintios 4:5). El servicio es el requisito fundamental para cualquier líder. Sin embargo, en nuestro ministerio, celebramos la actitud opuesta permitiendo líderes con “egos sin control” que demandaban un tratamiento especial.
    Sé de un conferencista que rutinariamente enviaba listas de veintitrés páginas de requerimientos a la iglesias donde iba a predicar. En el pasado, algunos predicadores requerían dinero para poder hacer compras (sumado a sus honorarios) y hospedajes de lujo; otros, insistían que no podían viajar sin su “escudero”, básicamente un personaje que cargaba con el maletín del pastor, un pañuelo y una botella de agua para hacerlo sentir importante.
    ¡Noticia de último momento! Pablo no tenía un escudero de tales características, y él hubiese revocado a cualquier ministro que insista en comportarse con un gato gordo.
  3. Arrogancia. El apóstol pablo formó un equipo de trabajo. Cuando fue a Corinto, Tesalónica o Creta, no era “El show de Pablo”. Él viajó con Lucas, Silas, Timoteo y muchos otros. Le dijo a los corintios: En cuanto a Tito, es mi compañero y colaborador entre ustedes; y en cuanto a los otros hermanos, son enviados de las iglesias, son una honra para Cristo”(2 Corintios 8:23), y Pablo exhortó a la iglesia que vieran a Tito con el mismo respeto con que lo veían a él.
    En cuanto a nosotros, solemos poner a hombres en pedestales y bajo flashes. Creamos una cultura de veneración al predicador. Los líderes comenzaron a usar títulos. Después vinieron los automóviles de alta gama y las casas lujosas. Algunos se atrevieron a mostrarse con guardaespaldas. Y sé de un predicador que demandó que le trajeran una carne especial de otro país para su hotel, así podía cenar la carne que él requería. El orgullo torna monstruos a los hombres de Dios.
  4. Profesionalismo. Algunos años atrás, alguien tuvo la brillante idea de que las iglesias debían ser manejadas como empresas. Así, los pastores se volvieron gerentes, y el ministerio fue puesto como una línea de producción. Congregaciones se volvieron franquicias compitiendo entre sí y viendo quién ofrece la mejor música, los sermones más pegadizos y una cafetería moderna. Pero algo gracioso sucedió en el camino: perdimos el espíritu relacional.
    No estoy en contra de las grandes iglesias, la buena música y las cafeterías. Pero mi temor tiene que ver con que los líderes de hoy asuman que pueda comprarse el éxito copiando el estilo del predicador más llamativo del mes. No me importa si tienes iluminación de última tecnología, máquinas de humo, músicos perfectos y un sermón atractivo cada semana. Si la gente no ve un verdadero quebranto en el púlpito y no experimenten un real cuidado pastoral, nunca llegarán a ser discípulos. Líderes superficiales producen un cristianismo superficial.
    Los líderes deben ser reales. De nuestro ministerio debe fluir un amor apasionado por Dios y un amor real por la gente. Pablo nunca usó una careta. Él era cercano y afectivo. Nunca hizo algo por costumbre. Siempre tuvo un corazón quebrantado. Él sabía que no era nada separado de Jesús. Le dijo a los corintios: Por lo tanto, gustosamente haré más bien alarde de mis debilidades, para que permanezca sobre mí el poder de Cristo”(2 Corintios 12:9).
    Es mi deseo que hayamos sido cuidadosos en guardar aquello que Dios nos dio en otros avivamientos. Nuestros errores han afligido al Espíritu Santo. Intercambiemos la charlatanería por la integridad financiera; ser engreídos por el servicio; el síndrome del famoso por el trabajo en equipo, y el profesionalismo por una cercanía auténtica. Convirtámonos en líderes que actúan como Jesús.

Por J. Lee Grady Editor de la revista Charisma
Puesdes encontrarlo en su sitio web www.themordecaiproject.com

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