Alimenta tu corazón

Dedicar tiempo para nosotras es también importante

Por Elizabeth George

Imagina esta escena. El pueblo de Dios llega por fin a los límites de la Tierra Prometida. Están reunidos para prepararse y ser instruidos antes de cruzar el río Jordán y entrar en su nueva patria. Fue allí que su fiel líder Moisés les recordó y reiteró la ley de Dios.

En el corazón de Moisés había una preocupación por las generaciones siguientes que no presenciaron la entrega inicial de la ley de Dios a su pueblo. Moisés sabía que era definitivo que todos los presentes comunicaran a sus hijos el conocimiento de la ley de Dios y la historia de su trato con los israelitas. Escucha las palabras de Moisés, y la intención de su corazón, según Deuteronomio 6:4-12. Este pasaje contiene instrucciones de suma importancia para nosotros como madres hoy.

Escucha, Israel: El Señor nuestro Dios es el único Señor. Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma y con todas tus fuerzas. Grábate en el corazón estas palabras que hoy te mando. Incúlcaselas continuamente a tus hijos. Háblales de ellas cuando estés en tu casa y cuando vayas por el camino, cuando te acuestes y cuando te levantes. Átalas a tus manos como un signo; llévalas en tu frente como una marca; escríbelas en los postes de tu casa y en los portones de tus ciudades. El Señor tu Dios te hará entrar en la tierra que les juró a tus antepasados Abraham, Isaac y Jacob. Es una tierra con ciudades grandes y prósperas que tú no edificaste, con casas llenas de toda clase de bienes que tú no acumulaste, con cisternas que no cavaste, y con viñas y olivares que no plantaste. Cuando comas de ellas y te sacies, cuídate de no olvidarte del Señor, que te sacó de Egipto, la tierra donde viviste en esclavitud”.

¿Has notado cuántas veces usó aquí Dios las palabras “tu” y “tus” en su llamado a la consagración total a Él? Estos pronombres repetidos evidencian que el mensaje de Dios para tu corazón es que dediques tu vida entera a Él. En otras palabras, ser una mujer y una madre conforme al corazón de Dios es un asuntos personal, y un asunto del corazón.

Un vistazo a estos versículos revela lo que Dios tiene en mente para las madres que le aman.

 

Versículo 4. Estas palabras daban inicio al credo judío o su “confesión de fe” en un solo Dios verdadero. “Es el fundamento de todas las condiciones del pacto”. Hoy, al igual que entonces, hay quienes ponen su confianza en diferentes “dioses”. ¿Dónde está tu confianza? ¿En tu corazón?

Versículo 5. Aquí Dios te llama a amarlo con un corazón sin reservas, a un compromiso absoluto de amor que incluye todo de ti. Este amor debe ser un fuego sagrado y vehemente que impulsa tu vida entera a buscar a Dios.

Versículo 6. ¿Por qué es importante que “estas palabras” de la ley de Dios estén en el corazón de una madre? Porque Dios sabe que si su Palabra y enseñanzas moran en el corazón de una persona, entonces meditará en ellas, las entenderá y la obedecerá. Y ese es el objetivo de cada persona (y madre) conforme al corazón de Dios.

Versículo 7. Después de que La Palabra y sus mandatos están en tu corazón, las transmitirás “y las repetirás a tus hijos”. Puedes poner a Dios y su palabra en el centro de las conversaciones en tu hogar y a lo largo del día “hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte, y cuando te levantes”.

Versículo 8. La instrucción de este versículo es que resulta provechoso meditar en los mandamientos de Dios en todo tiempo. Es imposible olvidar o alejarte de algo que está tan cerca de ti como “una señal en tu mano” y “frontales entre tus ojos”.

Versículo 9. Debes hacer todo lo posible porque tú y tus hijos conozcan bien Las Escrituras, aun si esto significa que “las escribirás en los postes de tu casa, y en tus puertas”.

Versículo 12. ¿Por qué todo este interés en llenarte con las instrucciones de Dios y comunicarlas a tus hijos? Dios dijo a través de Moisés: “Cuídate de no olvidarte de Jehová”. ¡Dios se opone a que nosotros o nuestros hijos, que son nuestra herencia y “cosa de estima” nos olvidemos de Él! Su Palabra en tu corazón te guardará de olvidarte de Él, de olvidar tu dependencia de Él, de tu necesidad de Él y tus obligaciones para con Él y con tus hijos.

Primero tu parte

Amada madre, ¿oyes el mensaje de Dios? Antes de preocuparnos siquiera por la maternidad, la enseñanza y la instrucción de nuestros preciosos y amados hijos, debemos ocuparnos de nuestra relación con Dios. Debemos cuidar nuestro propio corazón. Debemos dedicar tiempo para alimentarnos. Como ves, estamos llamadas a amar al Señor. Y debemos amar y obedecer su Palabra. Ella debe morar en nuestro corazón. En realidad todo tiene que ver con nuestro corazón y nuestra responsabilidad como madres.

¿Qué pasará si nuestro corazón está consagrado al Señor? ¿Qué ocurriría si nuestro corazón está lleno de su instrucción y de amor por Él? Seremos madres piadosas. Y así, solo así, podremos enseñar con mayor eficacia La Palabra de Dios a nuestros hijos. La devoción absoluta al Señor debe estar primero en nuestro corazón de madre. Y luego vendrán la instrucción en rectitud de nuestros hijos y nuestra enseñanza diligente de La Palabra.

Me agrada la forma como un erudito resumió Deuteronomio 6:4-9: “Debemos amar a Dios, meditar sin cesar en sus mandamientos, enseñarlos a nuestros hijos y vivir cada día según los principios de su Palabra”.

¡Que comience la transformación!

Mis hijas se llevan apenas trece meses, y durante años me pareció que tenía gemelas. Por consiguiente, debía ser cuidadosa de no cometer tantos errores con mi hija mayor para evitar repetirlos con la menor. Lo que hacía o dejaba de hacer para amar y educar a mis hijas afectaba de manera simultánea a las dos.

Por tanto, muy pronto descubrí la importancia de llenar mi corazón de la poderosa Palabra de Dios cada día. Pude percatarme del efecto transformador que tenía sobre mi desempeño como madre en el ambiente de mi hogar. Lo mismo es cierto para ti. ¿Qué nos sucede a las madres cuando no dedicamos tiempo a nutrir nuestro corazón? Aquí está mi lista: “… me agoto. Cuando no hemos alimentado nuestro espíritu, nuestro corazón queda vacío e inestable. Sin alimento espiritual nuestra labor como madres es vana, y la evidencia de nuestra apatía comienza a notarse en nuestros hijos. Todo se vuelve monótono y carece de fuerza espiritual, propósitos, motivación, emoción y resultados tanto en padres como en hijos. Si hemos perdido la motivación nuestra maternidad se vuelve insulta y aburrida. Sin darnos cuenta funcionamos con el piloto automático. Terminamos cediendo en la lucha por seguir las normas divinas y una conducta recta. Empezamos a conformarnos con la situación tal como está. No nos esforzamos por velar en cumplir el llamado de Dios como madres. Fracasamos en el intento de encaminar siempre el corazón de nuestros hijos hacia lo celestial… y nos centramos en las cosas de este mundo. Si eso sucede y nos enamoramos de sus afanes y recompensas, nuestra maternidad será mundana. No seguiremos los principios y caminos de Dios. Caminaremos y educaremos a nuestros hijos según el modelo del mundo. Seremos laxos en las normas de conducta y en las pautas de disciplina. Las cosas de este mundo se abrirán paso en nuestro hogar y en el corazón de nuestros hijos. Soy carnal o poco espiritual. Si satisfacemos los deseos de la carne en vez de andar en el Espíritu (Gálatas 5:16), esto repercutirá en nuestra labor como madres. Como dijo Pablo: “manifiestas son las obras de la carne” (v. 19 RVR60). Entre los niños habrá gritos, contiendas, ofensas, menosprecio, incluso golpes, empujones y forcejeos”.

Todo esto es muy serio… y todo por no recibir a diario el alimento y la renovación espiritual de La Palabra de Dios que nos recuerda siempre los caminos más excelentes de Cristo. ¿Cuál es la solución divina para esto? Toma tu Biblia y léela. Cuando lo hacemos, Dios toca y transforma nuestro corazón en el de una madre conforme al suyo.

Fortaleza para cada día agitado

Hace poco, una de mis hijas tuvo su cuarto bebé. Mi esposo y yo estuvimos en su casa en la víspera de su nacimiento cuando mi hija y su marido salieron de noche hacia el hospital. Estuvimos allí casi diez días después para ayudar y facilitar el proceso de adaptación propio de una familia atareada por la llegada del nuevo bebé.

Guardo un recuerdo muy especial. Cada día en el desayuno mi hija se sentaba y atendía a sus niños de 5, 4 y 2 años, al igual que a mi esposo y a mí. (Como si no fuera suficiente seis personas para desayunar… ¡sin mencionar un bebé en una cuna!). Junto a ella, en la mesa, estaba su Biblia. Y después de lavar los platos, limpiar la cocina y las caras y manos de los niños y de haberles organizado alguna actividad, mi hija se sentaba de nuevo en la mesa y con un gran vaso de agua leía su Biblia.

Ahora te pregunto, ¿cómo logra una madre manejar un día agitado? ¿Cómo maneja, de modo agradable a Dios su matrimonio, su hogar, su primer bebé, el segundo, el tercero… que en un abrir y cerrar de ojos se convirtieron en niños inquietos? Respuesta: busca la fortaleza divina y la paz que brinda La Palabra de Dios. ¡Ese es el secreto!

No sé cómo otras madres logran organizar su tiempo de lectura bíblica, pero esa es la única manera de lograr todo lo que cada día exige. Es un hábito muy poderoso que toda madre puede establecer en su vida.

¿Cuánto tiempo requiere leer La Biblia? Entre diez y doce minutos al día. Es la mitad del tiempo que dura una conversación telefónica con tu hermana, tu madre o tu amiga. Es la tercera parte de un programa corto de televisión.

Sin embargo, con un corazón sediento y anhelante, puedes levantarte doce minutos antes y quedar llena de La Palabra. Quedas entusiasmada (de entheos, que significa inspirada en o por Dios), y no desanimada y apática. Dejas de lado la mundanalidad y a cambia centras tu mente y corazón en las cosas de arriba “donde está Cristo sentado a la derecha de Dios. Concentren su atención en las cosas de arriba, no en las de la tierra”(Colosenses 3:1-2). Y el “fruto del Espíritu de Dios”, su amor, gozo paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre y templanza se hace evidente (Gálatas 5:22-23).

Recuerda, La Palabra de Dios es la única que transforma tu corazón, tu día y tu maternidad. ¡Ese corto lapso de tiempo es una inversión mínima para algo que produce un resultado eterno y diario tan impresionante!

La madre piadosa y virtuosa de Proverbios 31:10-31 se levantaba cada día para atender a su familia (v. 15)… y su devoción a Dios (v. 30). ¿Harás tú lo mismo? Es una pequeña decisión que trae grandes bendiciones… en tu corazón y en el de tus hijos. Esto te conducirá a un ritmo asombroso por el camino que te lleva a ser una madre más dedicada conforma al corazón de Dios.

 

Por Elizabeth George
Tomado del libro: Una madre conforme al corazón de Dios
Portavoz

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