Adore, Dios proveerá

Deje de preocuparse por aquellas cosas que no puede controlar

Por Joyce Meyer

¿Acaso está usted preocupado por la provisión en esta etapa de su vida? ¿Necesita algún tipo de provisión, e ignora de dónde va a venir? Encuestas que he realizado en las conferencias, demuestran que al menos un 50 % de la gente tiene temor por no saber de dónde vendrá su provisión.

En el Salmo 111, el salmista alaba y adora a Dios por sus grandes obras a favor de su pueblo: “Ha dado alimento a los que le temen; para siempre se acordará de su pacto” (v. 5). Esto nos dice que siempre que adoremos a Dios, vamos a tener su provisión. Vemos continuamente el mismo tema en La Palabra de Dios: la adoración gana la batalla. Marque ese versículo en su Biblia; medite en él, trate incluso de memorizarlo porque contiene la clave para satisfacer todas sus necesidades. De esa forma, cuando la necesidad venga a su vida, tendrá atesorada en su corazón La Palabra de Dios, y ella le fortalecerá y ayudará a permanecer confiado, en vez de atemorizarse.

Quizás le dijeron que perderá su empleo o su casa. Quizás usted es una persona de edad madura que recibe su jubilación, y se pregunta qué le deparará el futuro. O ve los precios que suben todo el tiempo, y el diablo le susurra al oído: “No vas a tener lo suficiente para vivir”. Tal vez los números simplemente no le cierran; sus ingresos sencillamente no alcanzan para mantenerlo, aunque esté haciendo todo lo que está a su alcance.

Cualquiera sea el motivo que lo preocupe acerca de su provisión, tome este versículo y digiéralo. Jeremías dijo: “Fueron halladas tus palabras, y yo las comí, y tu palabra me fue por gozo y por alegría de mi corazón”. Debemos, por decirlo así, “masticar” La Palabra de Dios. En sus escritos, el salmista usa el vocabloSelah, que significa “haga una pausa, y piense en eso con calma”, para animar al lector a digerir lentamente lo dicho. A menudo leemos por cantidad, cuando deberíamos hacerlo por calidad. Lea de modo que permita que La Palabra vaya hasta lo más íntimo de su ser y lo alimente.

Ese versículo dice que Dios da alimento y provisión, y satisface a los que le temen reverentemente y lo adoran. Eso significa que, cualquiera sea su situación, Dios le proveerá siempre que usted lo adore y lo exalte. La adoración es realmente divertida y vigorizante; la preocupación carga nuestros corazones y nos hace perder el gozo. ¡Adore y no se preocupe!¡La batalla le pertenece al Señor!

Si usted leyera el libro de Proverbios y viera todas las promesas fundamentales hechas para la persona que camina sabiamente, se daría cuenta de que la reverencia y la adoración son el principio de la sabiduría. Rápidamente, vería por qué la reverencia y la adoración son tan importantes. La Biblia dice que quienes caminan en sabiduría serán ricos. Vivirán una larga vida y serán extremadamente felices. Serán bendecidos, tan bendecidos que los envidiarán.

Pero no existe sabiduría sin adoración. Actualmente, muchas personas buscan conocimiento, y el conocimiento es bueno, pero la sabiduría es mejor. La sabiduría es el uso correcto del conocimiento. El conocimiento sin sabiduría puede hacer que la persona se infle, se llene de orgullo, lo que finalmente arruinará su vida. Una persona sabia siempre será conocedora, pero no todas las personas conocedoras son sabias.

Estimo que en nuestra sociedad actual, exaltamos el conocimiento más de lo que debemos. La educación parece ser el principal objetivo de la mayoría de la gente, y sin embargo, nuestro mundo decae moralmente en forma vertiginosa. La educación es buena, pero no es mejor que la sabiduría. La Palabra de Dios nos dice que clamemos por sabiduría; que la busquemos como la plata y el oro; que la hagamos una necesidad vital de la vida. No hay nada más importante que la sabiduría, y el principio de ella es la reverencia y la adoración. Al adorador le será enseñada sabiduría de Dios.

“El ángel de Jehová acampa alrededor de los que le temen. Gustad, y ved que es bueno Jehová; dichoso el hombre que confía en él. Temed a Jehová, vosotros sus santos, pues nada falta a los que le temen” (Salmo 34:7). ¿Desea usted que los ángeles trabajen a su favor? Entonces comience a adorar a Dios, porque La Biblia dice que su ángel acampa alrededor de los que le temen y adoran, para guardarlos y defenderlos. Es realmente asombroso cuántas promesas están destinadas a los que adoran.

¿Quiere estar seguro de que todas sus necesidades serán satisfechas? Entonces comience a adorar a Dios, porque La Biblia dice que nada faltará, ni tendrán necesidad alguna, aquellos que verdaderamente temen y adoran al Señor con reverencia. “Bueno, si es así, ¿por qué Dios no se mueve en mi vida?”, puede preguntarse. Creo que Dios sí lo está haciendo. Creo que está haciendo cosas grandes en su vida. Él realiza cosas grandes en todas las áreas de nuestra vida, aunque no podamos verlas.

Generalmente, pasamos más tiempo contando lo que nos falta que lo que tenemos. Pensamos más en lo que perdimos que en lo que dejamos, y eso nos impide ver cuán bendecidos somos realmente. Tener un corazón agradecido es parte de la adoración y, ciertamente, esa es la actitud de un adorador. Dios, de lo poco hace mucho, y de la nada, lo mejor. Creó el mundo que vemos de lo que no existía. Él usa lo que no es y lo que no sirve para realizar su obra. Así que, si no tenemos nada, podemos dárselo a Dios, y Él puede hacer algo con eso. Dios proveerá lo necesario para nuestra vida, sin problemas.

Si solo le adoráramos, si le dejáramos nuestra carga y obedeciéramos las instrucciones que nos ha dado, nuestras necesidades estarían cubiertas siempre y abundantemente.

Yo he perdido mucho en mi vida. Fui abusada en mi niñez, con lo que perdí la oportunidad de ser realmente una niña. Por mucho tiempo resentí verdaderamente lo que había perdido. Al fin, vi que no podía hacer nada acerca de lo que había perdido, y comencé a mirar lo que había dejado. Una cosa sí puedo decir: tengo el resto mi vida, y usted también. Aún si los años que ha vivido no han sido placenteros, todavía le queda su futuro.

Comencé a adorar a Dios en el momento preciso de mi vida, y confié en que Él sería fiel a su Palabra. Le entregué lo que me había quedado, diciéndole: “Señor, aquí estoy. No soy gran cosa, pero tú sí puedes usarme, soy tuya”. Lo animo a que comience a adorar a Dios ahí donde usted se encuentra; adórelo a Él por lo que tiene y olvídese de lo que no tiene. Pues nada falta cuando adoramos. Mientras adoramos a Dios, Él llena todas nuestras necesidades.

Por Joyce Meyer
Tomado del libro: La batalla es del Señor
Casa Creación

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