Entrenar la intuición

Cómo tomar sabias decisiones aún bajo presión

Por Kenny Luck

En su libro Blink, el autor Malcolm Gladwell señala valientemente que las grandes decisiones suceden por una habilidad que tenemos para filtrar rápidamente los factores más significativos de los irrelevantes. Él lo llama “cognición rápida” y “rebanar fino”. Podríamos llamarle sentido de agallas o un instinto de guía. Y también confirma la forma masculina de tomar decisiones, mi estilo de tomar decisiones: ¡rápido!

Sin embargo, no se detiene allí. Continúa explicando cómo nuestras experiencias y nuestros ambientes informan esta habilidad para bien o para mal. Existe un vacío, por ejemplo, entre los impulsos ciegos y la intuición entrenada. Esto significa que podemos usar esta habilidad responsable o irresponsablemente. Un estilo obra contra nosotros y el otro nos rescata. Si usted enfrenta una situación compleja o tiene que tomar una decisión bajo presión, el mensaje es: no tiene que ver todas las variables para tomar una buena decisión espontánea, solo tiene que ver las más importantes. Con los filtros correctos, usted puede concentrarse en lo que realmente importa, desarrollar un sentido del olfato y moverse bajo instinto con claridad y confianza.

Lo que me fascinó fue que el estudio demostró que podemos entrenarnos para tener “instintos tipo agallas” para lograr metas específicas y más nobles.

“Nuestras primeras impresiones se generan por nuestras experiencias y nuestro ambiente, lo que significa que podemos modificarlas, podemos alterar la manera en que “rebanamos fino” al cambiar las experiencias que comprenden esas impresiones. Tomar en serio la cognición rápida, reconociendo el poder increíble, para bien o para mal, que las primeras impresiones tienen en nuestras vidas, requiere que demos pasos activos para tratar y controlar esas impresiones”.

Las experiencias y la exposición cambiadas llevan a impresiones cambiadas y a mejores reacciones bajo presión cuando se toman decisiones. La increíble habilidad del cerebro para analizar rápidamente y entregar el resultado necesario para tomar buenas decisiones asume que existen algunas disciplinas morales (o en nuestro caso, disciplinas espirituales) y acciones tomadas previamente que alimentan nuestra intuición en el momento. Estas “rebanadas finas” nos ayudan a encargarnos en los primeros dos segundos de cualquier situación dada. La gran pregunta para todo es: ¿cuál es la esencia de nuestras experiencias y ambientes que nos guía en estos momentos críticos? ¿Qué está filtrando nuestras acciones y respuestas? ¿Podemos confiar en que esto nos ayude como hombres de Dios?

Expuesto en el momento

Jesús fue un hombre que demostró que podía pensar sensatamente. Los evangelios revelan a un hombre que podía escudriñar una situación, una persona o una multitud, descartar todo lo que era irrelevante y concentrarse en el asunto central o en la acción necesaria. Sus respuestas a las cosas no eran exhaustivas, y sus métodos eran poco ortodoxos en ocasiones, pero siempre eran congruentes con sus metas y misiones como Hijo de Dios. Sobre todo, nunca entró en pánico de cara a la presión ni dudó en el momento. Él era gracia y verdad. Era seda, y cuando se necesitaba, acero. Maravíllese con las siguientes situaciones, declaraciones y acciones de Jesús. ¡Hablando de cognición rápida!

Jesucristo era dueño de los dos primeros segundos de cualquier situación, demostrando cómo el hombre de Dios puede discernir claramente sin pensar cuando lo presionan:

  • Con aquellos que buscaban atraparle: Uno de ellos, experto en la ley, le tendió una trampa con esta pregunta: ‘Maestro, ¿cuál es el mandamiento más importante de la ley?’ ‘Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón, con todo tu ser y con toda tu mente’, le respondió Jesús. ‘Éste es el primero y el más importante de los mandamientos. El segundo se parece a éste: Ama a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos dependen toda la ley y los profetas” (Mateo 22:35-40).
  • Con una multitud presentando a una mujer atrapada en el acto del adulterio: “Le dijeron a Jesús: ‘Maestro, a esta mujer se le ha sorprendido en el acto mismo de adulterio. En la ley Moisés nos ordenó apedrear a tales mujeres. ¿Tú qué dices?’ Con esta pregunta le estaban tendiendo una trampa, para tener de qué acusarlo. Pero Jesús se inclinó y con el dedo comenzó a escribir en el suelo. Y como ellos lo acosaban a preguntas, Jesús se incorporó y les dijo: ‘Aquel de ustedes que esté libre de pecado, que tire la primera piedra’” (Juan 8: 4-7).
  • En medio de un conflicto familiar: “Marta, por su parte, se sentía abrumada porque tenía mucho que hacer. Así que se acercó a él y le dijo: ‘Señor, ¿no te importa que mi hermana me haya dejado sirviendo sola? ¡Dile que me ayude! ‘Marta, Marta’, le contestó Jesús, ‘estás inquieta y preocupada por muchas cosas, pero sólo una es necesaria. María ha escogido la mejor, y nadie se la quitará’” (Lucas 10: 40-42).

Tanto la vida privada como pública de Jesús estuvieron cargadas con momentos que requerían intuición especial y reacciones eficientes que honraran a Dios. ¿Le suena familiar?Confrontaciones con la competencia, tentaciones cuando se es débil emocional y físicamente, interrupciones en su flujo de trabajo, comparaciones con otros, explosiones de familias disfuncionales, necesidad de hablar la verdad cuando va a emponzoñar a otra persona.

Lo que vemos es claramente un hombre cuyas experiencias, exposiciones y ambientes habían creado una intuición en la que podía confiar, y que ejecutaba. La relación con su Padre, el entendimiento de sus propósitos, sus encuentros con las necesidades reales de las personas, sus inversiones de tiempo y energía en los discípulos, su servicio a otros y su fuerte sentido de la identidad le hicieron libre y exitoso en situaciones espontáneas. Cuando se tenía que improvisar, Jesús prosperaba porque tenía una fuerte adherencia a un marco sencillo: amar a Dios y a la gente. Era libre bajo presión porque estaba comprometido a nunca negar la lealtad y el amor de su Padre y al servicio a la gente. “‘Mi alimento es hacer la voluntad del que me envió y terminar su obra’, les dijo Jesús” (Juan 4:34). “Porque ni aun el Hijo del hombre vino para que le sirvan, sino para servir y para dar su vida en rescate por muchos” (Marcos 10:45).

Son la clase de declaraciones que salían de la boca del hombre de Dios que reflejaban el carácter general de sus experiencias y el ambiente que daban forma a su intuición en cualquier momento dado.

Libre en la pelea

El General George Patton dijo una vez: “Me encanta el olor del campo de batalla”. La razón por la que podía decirlo era porque tenía la habilidad tanto de verlo como de darle sentido intuitivamente. Toda una vida dedicada al estudio de la guerra y las muchas experiencias en el campo de batalla le dieron este olfato. Más importante aún, fue guiado por un conjunto de principios cuando había guerra y en los que creía con cada átomo de su ser.

Las dos cosas que usted ve repetidamente expresada en su filosofía de guerra son el énfasis en la planificación y, a la hora de la batalla, “atacar rápido, despiadadamente, viciosamente, sin descanso, aunque usted pueda estar cansado y hambriento, el enemigo lo estará más. Siga golpeando”. Esta era la constitución sencilla y efectiva de Patton, con respecto a la guerra, el fundamento indestructible, su filtro para tomar decisiones.

Su certeza no era tanto ego como fortaleza de sus creencias en su filosofía de guerra. Él sabía que esa era la manera de pelear la batalla, y creyendo como lo hacía, eliminaba las distracciones, los detractores y la duda de su campo de visión. Él era libre en la pelea.

La mayoría de los hombres carecen de tal libertad en la pelea para luchar como hombres de Dios. Esto es así en gran parte porque no han entendido cómo crearlo. Esa es la razón por la que animo a los hombres a arriesgarse a convertirse en hombres guiados por el propósito de arreglar sus vidas alrededor de: conocer y amar a Dios, conectarse con otros hombres de Dios, llegar a ser como Cristo, tener un ministerio para los creyentes y alcanzar a aquellos sin Cristo.

Sea que usted sopese una decisión, una relación o una circunstancia particular, el hombre de Dios, dedicado totalmente a los propósitos divinos, no necesitará una larga lista de opciones. Al contrario, apuntará a lo que realmente importa, basado en su exposición y experiencias con los propósitos de Dios. Sus filtros han cambiado. Para el hombre de Dios esto significa decidir las cosas de manera diferente y siempre escoger: lealtad a Dios más que a los hombres, conexión en vez de aislamiento, carácter de Cristo más que comodidad, servir al Pueblo de Dios en vez de a sí mismo, hablar acerca de la influencia de Cristo en su vida, escoger los principios de La Palabra más que los del mundo y escuchar la voz del Espíritu en vez de los susurros de la carne.

El hombre que se comprometerse totalmente a estos propósitos, construye conscientemente su vida alrededor de ellos y se mantiene golpeando, no será enseñoreado por un momento terrenal. Puede quedar aturdido o derribado, pero saldrá golpeando y conectando algunos golpes. ¿Por qué? Porque ve las variables más importantes en una situación dada: lo que muestra amor por Dios y demuestra amor por la gente. La información extra es innecesaria porque los intentos santos están a cargo. En vez de hacer líos, disciernen sin pensar y mejoran las cosas alrededor de él.

Más intuición, menos impulso

Corazonadas santas. Sentir al Espíritu. Confiar en el entendimiento más que en la vista. Toda esta charla suena etérea y espeluznante para muchos hombres porque exige fe y riesgo. Si usted es un hombre de Dios, debería saber que el Espíritu no falla en su vida. De hecho, brinda dirección y comunicación constantemente. El problema no es con Él; es con nosotros. Dios habla a nuestras mentes y brinda oportunidades para la cognición espiritual rápida. La disparidad entre la intuición y el impulso radica en nuestra familiaridad con su voz. Si escuchamos su voz, no podemos rendirnos a nuestros impulsos. Él podría hablar en voz alta, pero con frecuencia presionamos el botón de “mudo” en el momento en que perdemos el hábito de servir a los impulsos más que la intuición espiritual. Él quiere que usted ejercite su intuición más que sus impulsos.

¿Cómo decirle sí al Espíritu Santo?

  1. Desear agradar a Dios: el trasfondo de todo progreso espiritual comienza aquí. Porque ustedes antes eran oscuridad, pero ahora son luz en el Señor. Vivan como hijos de luz (el fruto de la luz consiste en toda bondad, justicia y verdad) y comprueben lo que agrada al Señor” (Efesios 5: 8-10).
  2. Reconocer y entregarse a su papel de manera progresiva: “Si ustedes oyen hoy su voz, no endurezcan el corazón”, escribió el autor de Hebreos a los primeros cristianos que estaban a punto de cometer un gran error en su caminar con el Señor (3:7-8). No hay nada confuso aquí: ¡esa voz diciéndole que lo haga a la manera de Dios en vez de la de usted es el Espíritu Santo! ¿Tiene un pensamiento recurrente congruente con los propósitos de Dios, se siente guiado a hacer algo por fe o es impulsado por hombres santos en su vida a realizar cierta acción? ¡Hágalo! El asunto principal es el control, y necesitamos aprender cómo entregarnos temprano y con frecuencia a su control e influencia, y a no vivir el control de una vida guiada por el impulso.
  3. Vaya bajo su influencia.Orando es como el hombre de Dios inicia, activa y aplica las habilidades del Espíritu Santo en su vida.
  4. Reconozca que la incomodidad es el Espíritu Santo señalándole tomar una decisión. El papel del Espíritu Santo en la vida del hombre de Dios es inquietarle e incomodarle cuando haya una decisión en la mira del propio ser en contra de Dios. Cuando cualquier cosa puede echar en su foso su relación con Dios y con la gente, el Espíritu Santo automáticamente inundará su mente con advertencias, pasajes de La Escritura, personas o circunstancias diseñadas para darle una fiebre espiritual. Usted se sentirá incómodo al tomar una decisión. Él no necesita levantar su voz cuando decide comer un bocado o vestirse. Sin embargo, le urgirá, le convencerá y le recordará si usted contempla un sitio pornográfico o le falte tiempo con su Palabra. Si usted aprende a reconocer esta incomodidad espiritual, cooperará con el Espíritu Santo más y experimentará mayor libertad.
  5. Actúa correctamente a pesar de los sentimientos: La clave para ganarle al tiempo son los primeros dos segundos. La obediencia rápida (en vez de la que tarda) es crítica. Cuando obedecemos sin escuchar a los sentimientos conflictivos, estamos confiando en Dios. Cuando estoy con mis hijos en el parque y veo un momento peligroso, que ellos no ven, digo su nombre, los llamo y les explico después. Espero que escuchen mi voz en vez de sus sentimientos acerca de seguir por su cuenta. Porque existe una confianza, ellos ponen cara de interés cuando los llamo. Esa es la razón por la que La Biblia llama al hombre de Dios a prestar atención, a confiar y a mantener los canales de comunicación bien abiertos: “Si el Espíritu nos da vida, andemos guiados por el Espíritu” (Gálatas 5:25).

 

Por Kenny Luck
Tomado del libro: Riesgo
Creación

 

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