El amor es el irresistible deseo de ser irresistiblemente deseado

Ese rey que vio en nosotros lo que nosotros jamás vimos

Por Ed Delph

Hace un tiempo escribí un artículo que se titulaba “Dios no está loco contigo; Dios está loco por ti”. Salió publicado en este periódico, ¿lo recuerdas? El artículo era sobre una historia real de Cantar de los Cantares. La historia tenía dos personajes. Uno era una mujer que había sido golpeada por el sol y que se encontraba en un extremo del espectro social. La vida la había sido muy dura con ella. Sus elecciones la habían golpeado. Y ella se había rendido frente a las peores cosas que le pudieron haber pasado.

El otro personaje era un rey llamado Salomón. Él estaba en la otra punta del espectro social. Gobernaba uno de los reinos más poderosos que el mundo tuvo alguna vez. Cuando esta mujer lo vio, ella fue impactada por su persona pero, en su mente, pensaba que el rey nunca podría ser impactado por ella.

Lo que pasó después fue grabado por la eternidad. Él la vio y fue absolutamente encantado por ella. Él vio en ella lo que nunca podría ver en él mismo. No fue una atracción sexual. Los años y su pasado le habían quitado muchas cosas a ella. Pero él reconoció su valor, su esencia, su lealtad aún cuando ella no fuera una reina. Él la amó… a pesar de todo. Esto es el amor.

La palabra original hebrea en esta historia de amor revela más que un tipo condicional de “amor”. Las palabras originales hablan de cosas como la pasión, el encantamiento, la efervescencia, el deseo, la intimidad, el anhelo, el esplendor, una santidad imprudente y un abandono total. La historia revela que llevó a otro que la amó incondicionalmente a despertarla a ella a su propio valor, potencial y futuro. La fe, esperanza y amor de él despertaron la fe, la esperanza y el amor de ella.

El amor del rey cambió su aspecto. Ella dijo: “Soy fea”. Él dijo: “Eres hermosa”. Ella dijo: “Tengo un pasado terrible”. Él dijo: “Tienes un gran futuro”. Ella dijo: “Soy pobre; no tengo dinero”. Él dijo: “Eres rica; te he dado adornos de oro”. Ella dijo: “Soy una mujer ordinaria”. Él dijo: “Eres una reina”. Ella dijo: “Estoy sucia por el pecado”. Él dijo: “Ahora estás blanca como la nieve”. Ella dijo: “Fui condenada por mi familia”. Él dijo: “No hay condenación en la familia”. Ella dijo: “No soy digna”. Él dijo: “Tú eres digna”. Ella dijo: “Mi hogar es un campo sucio”. Él dijo: “Tu hogar ahora son los aposentos del rey”. Ella dijo: “Soy mala”. Él dijo: “Tú eres buena”.

El rey descendió y la encontró adonde ella estaba. Luego la tomó y la elevó a donde él estaba.

Eso fue lo que Jesús hizo por nosotros. Jesús es el Rey. Nosotros somos la mujer.

¿Puedes ver lo que esta verdadera historia nos muestra? ¿Puedes ver que lo hace de un modo que casi todos podemos contarla también? La Biblia dice que nosotros podemos amar a Dios porque Él nos amó primero. Tal como esa mujer y el rey Salomón, la única manera en la que nosotros podemos ser despertados a nuestro valor real, nuestra identidad y nuestra riqueza es que el Señor nos despierte mostrándonos lo que nosotros significamos para Dios. No lo merecemos. No podemos ganarlo. Nosotros necesitamos creer en eso para recibirlo tal como lo hizo aquella mujer.

¿Por qué necesitamos saber que Dios nos ama? El pastor Mike Bickel lo explica perfectamente: “Nunca vamos a tener más amor o pasión por Dios de lo que entendemos que Él tiene por nosotros. No podremos estar más comprometidos con Dios de lo que entendemos que Él está con nosotros.” Lee el título otra vez. ¡Así es!

Por Ed Delph
Autor, escritor y columnista de varios diarios estadounidenses.
Presidente de NationStrategy, organización sin fines de lucro que trabaja en pos de la transformación de comunidades y su desarrollo.
www.nationstrategy.com

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