Cambie su mente a través de La Palabra

Expongamos nuestras mentes a la revelación que La Biblia nos da día a día

Por Ariel Kim

“Grábate en el corazón estas palabras que hoy te mando. Incúlcaselas continuamente a tus hijos. Háblales de ellas cuando estés en tu casa y cuando vayas por el camino, cuando te acuestes y cuando te levantes. Átalas a tus manos como un signo; llévalas en tu frente como una marca; escríbelas en los postes de tu casa y en los portones de tus ciudades” (Deuteronomio 6:6-9).

Básicamente, el pensamiento es el resultado del mecanismo del cerebro. La materia gris es una especie de base de datos que casi no tiene límites. El cerebro funciona en base a esos datos. El pensamiento cambia según la clase de información que almacenamos en nuestro cerebro.

Aquí la educación ocupa un lugar crucial. En relación a la educación de nuestros hijos, Dios nos manda “grabar” (“enseñar” en otras versiones) La Palabra. Es más, no solo debemos enseñar, sino que además debemos “repetir” La Palabra: “Y las repetirás a tus hijos, y hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte, y cuando te levantes” (RVR60).

La repetición tiene un efecto sorprendente. Fíjese en los niños. No saben ni leer ni escribir, pero memorizan la letra de una canción sin ningún tipo de dificultades, ¡y en otro idioma! Los pedagogos insisten en que repetir un juego varias veces ayuda a fortalecer la autoconfianza en los niños. La repetición tiene un poder sobrenatural. Es por eso que debemos desarrollar una educación centrada en Dios: “El temor del Señor es el principio del conocimiento; los necios desprecian la sabiduría y la disciplina” (Proverbios 1:7). “El comienzo de la sabiduría es el temor del Señor; conocer al Santo es tener discernimiento” (Proverbios 9:10). “El principio de la sabiduría es el temor del Señor; buen

juicio demuestran quienes cumplen sus preceptos. ¡Su alabanza permanece para siempre!” (Salmo 111:10).

Piense en Dios

Cada persona tiene un pensamiento diferente acerca de la persona de Dios. Pero lamentablemente, el dios en quien algunos depositan toda su confianza no siempre coincide con el Dios de La Biblia. En otras palabras, es una especie de ser superior creado a partir de la propia imaginación.

¿Cómo es Dios? En la época del cautiverio en tierras egipcias, Él llamó a Moisés con el propósito de libertar al pueblo de Israel: “Así que disponte a partir. Voy a enviarte al faraón para que saques de Egipto a los israelitas, que son mi pueblo” (Éxodo 3:10). Moisés no tardó en reaccionar y preguntó: “Supongamos que me presento ante los israelitas y les digo: ‘El Dios de sus antepasados me ha enviado a ustedes’. ¿Qué les respondo si me preguntan: “Y cómo se llama?”. (Éxodo 3:13).

Dios le dijo a Moisés: YO SOY EL QUE SOY. Dios es el Creador de los cielos y la Tierra. El gran Yo soy se reveló en toda su plenitud por medio de Jesucristo. Es a través de Jesús, el Hijo de Dios, que el Creador llegó a ser nuestro Padre. ¿El Señor que usted ha conocido en su vida es el Dios de La Biblia? ¿O es un dios producto de su propia imaginación? Son muchos los que limitan a Dios en sus propios pensamientos. Es decir, intentan encuadrarlo a partir del humanismo.

Un hombre pobre se encontraba mendigando en la calle. Era una mañana fría cuando de repente, del otro lado del vidrio, un señor adinerado le hizo señas para que entrara al restaurante. El caballero lo trató de manera cálida y le dijo con amabilidad que pidiera todo lo que quisiera comer, pues él pagaría la cuenta. Luego de pensar unos minutos, el mendigo dijo: “Quiero una hamburguesa con queso”. El hombre adinerado insistió y le explicó que podía pedir un plato más exquisito. Entonces, el mendigo se rascó la cabeza y respondió con cierta vergüenza: “Entonces… quiero cien hamburguesas”.

Lo cierto es que, al igual que este mendigo, con frecuencia, limitamos a Dios en nuestros pensamientos. No ore con palabras vanas, como los gentiles, sino como hijo o hija de Dios, porque eso es lo que usted es. “Señor, gracias porque soy tu hijo/a”; “Soy una persona bendecida por cuanto tú estás conmigo siempre”; “Ciertamente el bien y la misericordia me seguirán todos los días de mi vida”. “Lo que pidan en mi nombre, yo lo haré” (Juan 14:14). “Pues si ustedes, aun siendo malos, saben dar cosas buenas a sus hijos, ¡cuánto más su Padre que está en el cielo dará cosas buenas a los que le pidan!” (Mateo 7:11).

Dios da la idea, nosotros la llevamos a cabo

Una de las enseñanzas mas populares del Dr. Cho se resume en la siguiente frase: “Dios da la idea, nosotros la llevamos a cabo”. Cuando el pensamiento de un individuo se centra en Dios, Él nos da una idea creativa, la cual nos lleva a experimentar el milagro. Su Palabra es creativa y poderosa.

En un país tan extenso como Argentina, los micros de larga distancia cumplen una función muy importante. Existen buses de distintas categorías, entre las que se destacan los coches “cama suite” cuyos asientos se pueden reclinar hasta convertirse en una cama de 180 grados. Es decir, se hacen totalmente planos. Pero esta categoría de micros no apareció hasta la década del noventa. Dios, en su misericordia, le concedió una gran idea a un pastor: “Habías dicho que querías predicar el Evangelio de manera más efectiva, ¿verdad? Entonces, quiero que fundes una empresa de micros de larga distancia”. “Pero Señor, yo no tengo esa capacidad. Además, ¿qué dirán los hermanos de la iglesia cuando sepan que su pastor está involucrado en una empresa ‘secular’? Además, no conozco nada de micros”. “Tienes a tu padre que administraba una empresa de micros. Aprende de él”, le respondió el Señor.

A partir de la comunión de este hombre con Dios, en el año 1992 nació una empresa de micros llamada “Betel” que recorre el trayecto Buenos Aires – Córdoba (la segunda ciudad más importante del país del cono sur). La estrategia de marketing fue tan sobresaliente que, según dicen, ha sido la primera empresa argentina en incorporar micros de categoría “cama suite” en sus recorridos. Todos los micros que administra la empresa tienen escrita la frase que dice: “Jesucristo es el camino”. No solo el servicio es de primer nivel, sino que antes de emprender cada viaje se les lee a los pasajeros una porción de La Biblia y también se les reparte una tarjeta en donde pueden escribir sus peticiones de oración.

Con la humildad de un siervo de Dios, el pastor confiesa que ha alcanzado a más personas a través de la empresa que en su iglesia y, sobre todas las cosas, enfatiza: “Esta empresa no ha sido fundada para competir, sino para servir”.

La Palabra de Dios tiene poder. Nada de lo que sale de su boca carece de poder creativo. En el momento en el que usted lea su Biblia, Dios le dará una idea formidable. Aférrese a ella, pues un milagro extraordinario está por ocurrir.

Por Ariel Kim
Tomado del libro: La tercera ley
Peniel

La Tercera Ley 3

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