Andy Stanley: “Debemos asumir a la gente como analfabeta bíblicamente; no tonta”

Una entrevista imperdible a uno de los pastores más sobresalientes de los Estados Unidos

Por Kevin P. Emmert

Los numerosos libros y mensajes de Andy Stanley demuestran su pasión por alcanzar a la gente “no de iglesia”. El fundador y pastor principal de la Comunidad Cristiana North Point apunta no solo a comunicar el Evangelio efectiva y atractivamente a una audiencia de amplias creencias y diversos pasados (treinta y un mil personas asisten a las cinco reuniones cada domingo) sino también ayudar a otros pastores a que puedan hacer lo mismo. En esta entrevista, Stanley nos dice que las mejores maneras de predicar pueden comunicar el Evangelio a personas “no de iglesia” y bíblicamente analfabetas en las congregaciones.

P: ¿Es justo asumir que la gente “no de iglesia” es bíblicamente analfabeta?

R: Obviamente hay de todo, pero creo que es bueno asumirlo. Al mismo tiempo, sin embargo, los predicadores deben ser muy cuidadosos de no rebajar a la gente. Y hay una manera de hacerlo. La mayoría de los pastores que escucho comienzan su mensaje desde la mitad de la escalera y de allí suben. Pero hay un término medio donde asumimos una cierta sofisticación social y cultural, pero no bíblica.

Si los pastores asumen que la gente de su congregación sabe ciertas cosas, se pierden la oportunidad de enseñar. Si un pastor se pasa año tras año dando por sentado cosas, luego, toda una generación no habrá escuchado aquella verdad ni siquiera una vez. Si asumimos demasiado, comunicamos muy poco. Pero es muy importante comenzar desde los primeros escalones cada vez que abrimos La Palabra. Necesitamos reforzar cosas básicas que asumimos que la gente sabe. En mi experiencia personal, solo porque alguien oyó algo alguna vez no significa que lo haya entendido.

P: En tu libro Amplio y profundo, sugerís que los predicadores deben usar más citas concretas como “Jesús dijo” o “Pablo dijo” en lugar de “La Biblia dice”. ¿Qué está en juego cuando decimos “La Biblia dice”?

R: Creo que este es undebate importante, pero a veces se presta a la mala interpretación. Es fácil hacer de lo teológico y de lo metodológico una  conversación a la vez. Pero toda esta conversación, desde mi perspectiva, es un métodos. No tiene nada que ver con mi perspectiva de La Escritura, pero sí es un intento por mantener “enganchada” a la gente que es escéptica a la autoridad bíblica en cada sermón.

Lo que he aprendido, tras haberlo hecho durante muchos años, es que esta estrategia ha ayudado a los cristianos de nuestra congregación a tener una gran apreciación por la historicidad del Nuevo Testamento, esto es, que habla sobre gente común que dijo cosas que nos cuenta La Palabra.

Usando frases como “La Biblia dice”, asumimos que la persona es cristiana porque solo un cristiano toma al Antiguo y al Nuevo Testamento como autoridad. Así que si voy a predicar ante personas que no son cristianas, debo adoptar un nuevo punto de autoridad si es que espero que ellos me sigan en mi mensaje. Afortunadamente, la mayoría de las personas están interesadas en lo que dijo Jesús. Encontrarás muy pocos que digan: “No me importa lo que dijo Jesús, porque no me importa para nada Jesús”.

Para llegar al punto en el que una persona crea que la Biblia es una autoridad, primero deben creer que Jesús es el Hijo de Dios. La razón por la que los cristianos toman seriamente el Antiguo Testamente es porque Jesús lo hizo primero, ya que la mayoría de nosotros no se convirtió siendo judío primero y luego cristiano. Así que si algún gentil toma como verdad el Antiguo Testamento es porque Jesús también lo hizo.

En mi libro, explico que yo creo que Adán y Eva fueron personas reales, no porque La Biblia dice eso, sino porque Jesús creía que también lo fueron. Otra vez, este es mi enfoque para ayudar a las personas que realmente desean creer. Ellos tienen preguntas y obstáculos, y tratan arduamente de superarlos. Como pastor, procuro hacer todo del modo más sencillo posible.

Y cuando usamos frases como “La Biblia dice”, perdemos la oportunidad de enseñar. Por ejemplo, cada vez que enseño acerca de Pablo digo: “Si eres nuevo en la iglesia o en el cristianismo, vas a amar a este hombre, porque Pablo odiaba a los cristianos. Si eso mismo te sucede a ti, Pablo es tu personaje. Él los odiaba tanto que los quería presos. Apuesto a que conoces cristianos a los que quisieras arrestar”. Todos se ríen. “Ese es Pablo. Y luego él conoció a Jesús. ¿No es interesante? Veamos ahora qué tiene para decirnos”. Para mí, esa es una manera más atractiva en vez de decir: “La Biblia dice”.

 P: ¿Cómo se produce este acercamiento en tu predicación? ¿Has tenido a una persona no de iglesia (un miembro, un visitante o un amigo) que dijo: “¿Cuándo dices ‘La Biblia dice’, no me afecta?” ¿O acaso te das cuenta por vos mismo que frases como “Pablo dijo” es más efectivo?

R: Nadie nunca se quejó o armó lío.Es puramente yo que me pregunto: “¿Cómo puedo atraer a la gente no de iglesia hacia Las Escrituras, mantenerla expectantes cuanto sea posible y hacer que quiera volver la próxima semana?”.

En Hechos 15, Santiago dice: Yo considero que debemos dejar de ponerles trabas a los gentiles que se convierten a Dios”. Ese versículo cuelga de la pared de mi oficina, y lo miro todos los días. Así que cuando haces preguntas como: “¿Cómo puedo serle fiel ese texto? ¿Cómo puedo serle fiel a mi fe y aún así sacar cada obstáculo innecesario para los no creyentes?”, es cuando tomo por meta atraer a la gente a La Escritura. El objetivo es guiarlos al lugar donde puedan conocer a Jesús para que así alcancen quien deberían ser. No necesitan creer que Noé construyó un arca y puso animales en su interior. De hecho, la razón por la que creo la historia de Noé es porque Jesús la creyó. Así que una vez que alcance cierta claridad a su alrededor, alterará mi enfoque para hablar de Las Escrituras. Sin embargo, eso no alterará mi confianza o creencia en La Palabra.

P: En tu libro, dices que La Biblia no es un libro sino una colección de libros, escritos por más de cuarenta hombres en más de mil quinientos años. También dices que atestiguan una historia. ¿No puede eso darle a los predicadores una garantía al decir “La Escritura dice” o “La Biblia enseña”?

R: Sí, no es que yo pienso que está mal o es malo usar frases como esas. De hecho, lo he dicho antes. Mi punto es este: para hablarle a gente que no es de la iglesia, es innecesario y hasta puede ser un obstáculo.

Cuando digo “innecesario”, pienso que podemos enseñar cualquier versículo bíblico, podemos enseñar cualquier doctrina de La Biblia y cualquier narrativa sin decir “La Biblia dice”, porque todas esas narrativas y doctrinas se encuentran en libros específicos de La Biblia, y están escritos por personas específicas con un propósito específico. En ese sentido es innecesario.

Sin embargo, puede ser necesario usar esas frases cuando enseñamos en la autoridad del texto o porque creemos en la autoridad de La Escritura o porque creemos que ella no falla. Hay veces cuando debemos hacerlo. Pero cuando decimos “La Biblia dice”, debemos explicar por qué.

P: ¿Cómo ese enfoque desafía a la gente que no es de iglesia?

R: Quita del medio la excusa de no escuchar. Una mujer judía una vez me dijo que le gustaba oírme predicar porque yo no esperaba que ella creyera nada. Ella básicamente me dijo: “Si me dejas que acepte pedacitos a medida que avanzo, sin esperar que acepte toda la cuestión, entonces podré seguirte”.

Una vez enseñé junto a Bill Hybles en Sudáfrica. Cierto día, mientras él enseñaba, relató historias sobre dos individuos con los que participaba en conversaciones sobre la fe. Uno de ellos dijo: “Está bien, Bill, espera un segundo. Si tú esperas que crea que la Tierra fue creada seis días de veinticuatro horas, vamos a parar aquí”. Bill ni siquiera había hablado sobre eso. Él trataba de atraer a ese hombre hacia Jesús. La otra historia era sobre una mujer que se encontró con la historia de Noé. Bill me dijo: “Antes de que pudiera llevarlos a quién era Jesús, ellos me aplacaron porque dijeron: “Si al final de esta conversación tengo que creer en un barco con animales o en el mundo creado en seis días, olvídalo”. Y Bill, frente a su audiencia en Sudáfrica, dijo: “Lo que me encontré diciendo (diciéndole a estas dos personas) fue: ‘No se preocupen por esa parte. Vamos a enfocarnos en Jesús’”.

Así que mi punto es: por qué crear un obstáculo innecesario; es todo o nada; es La Biblia donde el tema central es Jesús.

Así que vuelvo una y otra vez a ese pensamiento. Pero la verdad es que nadie tenía copias del Nuevo Testamento hasta el surgimiento de la imprenta. Si realmente tú has visto alguna copia, eres un privilegiado. Nos olvidamos de que por mil quinientos años, la gente ha tenido pedacitos. Ellos solo tenían una copia o escucharon porciones leídas. Nadie, en los ciento cincuenta años después de Cristo, se puso de pie en la iglesia diciendo: “La Biblia dice”. Ellos se apoyaban en el Antiguo Testamento y luego hablaban de Jesús o leían una copia de lo que Pablo había dicho. Usar frases como “La Biblia dice” es un fenómeno moderno.

P: ¿Encuentras que el dejar afuera a los no creyentes diciendo “Ey, tú no eres cristiano; no creerás esto y no tienes que afirmar aquello”, hiere su interés más?

Sí. No solo eso, sino que enseña a los cristianos una apología: cómo hablar sobre su fe con no creyentes. Predicar de esa manera presenta el evangelismo personal. De hecho, este verano voy a predicar una serie de tres partes sobre el evangelismo personal, y la mayoría de los elementos son tomados de lo que traté de mostrar en mi enseñanza. Realmente creo que es predicación apologética, y que ayuda a los creyentes a saber cómo hablar quizá más persuasivamente sobre su fe.

P: Es común para los no creyentes focalizarse en aparentes discrepancias con La Biblia, concluyendo que en su totalidad no fue divinamente inspirada, y luego dicen que no podemos creer como verdad nada de ella. ¿Cómo te acercas a esta línea de pensamiento?

Esta metodología nos permite trabajar alrededor de todas esas objeciones porque tú no tienes que creer que La Biblia no tiene contradicciones con el fin de que se conviertan en cristianos. Fui al seminario de Dallas, donde pasamos gran parte de nuestro tiempo tratando ablandar toda aparente contradicción para que al fin podamos decir que no hay contradicciones. Y lo que encontré fue que una vez que alguien pone el foco en quién es Jesús, esas aparentes contradicciones no son gran cosa.

Por Kevin P. Emmert
Tomado de: ChristianityToday

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