Sin asuntos familiares pendientes

Una familia saludablemente feliz

Por Claudia Pinzón

Es posible que al hablarte de familias fortalecidas y unidas sepas a qué me refiero. Tal vez hayas escuchado conferencias al respecto y sepas que es importante. A lo mejor sabes que es fundamental, pero no has dado el primer paso para poner en orden tu vida, tu hogar. Es fácil criticar la familia de otro y juzgarla. Entonces, ¿qué pasa cuando se meten con la tuya y se te enfrentan al decirte que tienes una familia destruida o te preguntan qué hiciste con ella?

Tengo una especial inquietud por la familia. En primer lugar, porque hace tiempo destrocé en dos oportunidades la mía. Es más, gracias a mis malas decisiones, a mi falta de madurez y a mi orgullo terminé en un caos emocional. Con esto no quiero decir que lo planifiqué, sino que fue por cada situación que vivía, llámense crisis emocionales, divorcios, colapso financiero, etc. Los afectados directos fueron mis princesas, mis hermanos y mis padres que sufrían por verme mal a mí.

Cuando uno es el protagonista del problema, está tan encerrado en lo que vive que no se tiene cabeza para pensar en los demás. Tampoco se piensa en si sufren o no. Es triste que después es que nos enteramos del enorme daño que ocasionamos… daños que a veces tienen solución, pero otros que los marcarán para siempre.

Le doy gracias a Dios por el día en que abrió mis ojos para que reconociera lo mal que estaba y pudiera tomar una decisión tan importante como querer cambiar, no volver atrás y empezar a recoger los pedazos de lo que quedaba de mi familia. Fue todo un proceso que se prolongó por un tiempo que culminó en la restauración.

Dios me mostró que aunque me habían herido y había sufrido, gran poarte de mi sanidad vendría cuando pidiera perdón y perdonara. Así que comencé con una lista en mano de personas aun fuera de mi familia para hablar con cada una de ellas. Reconozco que no fue fácil. Se trata de llegar a reconocer tus faltas con humildad, sin soberbia, ni orgullo. En verdad, esto no es lo más placentero. El enemigo nos habla y nos dice que vamos a quedar en ridículo y que vamos a ser menos, pero entendí que tenía que obedecer. La parte más difícil para mí fue pedirles perdón a mis princesas, pues en sus corazones había heridas muy profundas.

Sin embargo, como siempre que somos obedientes, Dios se glorifica, para mí fue de total liberación. Fue como quitarme una carga de ladrillos que llevaba sobre mis hombros, demostrar que esta vez sí cambiaría, recuperar credibilidad y confianza y esperar lo que la misma Palabra dice: “Por sus frutos los conocerán” (Mateo 7:14). Y entendí que era cuestión de tiempo, pues el tiempo sana todo. Dios, en su inmensa misericordia, nos da nuevas oportunidades, lo importante no es desaprovecharlas.

Entreguemos en oración todos nuestros asuntos a Dios y pidámosle que nos guíe a poner en orden nuestra casa. Si hay que pedir perdón, pidamos perdón… ¡y hagamos cambios radicales! Recordemos que la familia es una institución creada por Dios y está en nuestras manos administrarla y cuidarla. Si dejamos a Dios por fuera de nuestro círculo familiar, estaremos construyendo literalmente en arena movediza. Por eso mi invitación es a que luchemos y saquemos adelante lo que Dios nos encargó con tanto amor.

Por Claudia Pinzón
Tomado del libro: A solas con Dios
Unilit

A Solas con Dios

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