El deber de estar preparados

Estamos en medio de una batalla y por eso necesitamos estar listos para pelear

Por John e Iris Delgado

La Palabra de Dios dice claramente que no podemos permanecer ignorantes en cuanto a las artimañas de Satanás. Así ya no seremos niños, zarandeados por las olas y llevados de aquí para allá por todo viento de enseñanza y por la astucia y los artificios de quienes emplean artimañas engañosas. Más bien, al vivir la verdad con amor, creceremos hasta ser en todo como aquel que es la cabeza, es decir, Cristo”(Efesios 4: 14-15).Pero a pesar de eso, muchos desconocen esta realidady permiten continuamente que destruya sus hogares, los despoje de sus posesiones y arruine su salud, mientras ellos se preguntan impotentes cuál fue su error. Esto ocurre porque muchos cristianos no saben que han recibido autoridad sobre los poderes del mal para prevenir esos ataques. Otros, al enterarse de que poseen esta autoridad, fallan en ponerla en práctica.

Hemos de asumir el hecho de que tenemos que prepararnos y estar listos para enfrentar los muchos desafíos demoníacos que se nos presentan constantemente.

Debemos recordar algo: Satanás tiene más de seis mil años de experiencia persiguiendo y atormentando a los hijos de Dios. Si usted asume la tarea de resistirlo sin colocarse toda la armadura que Él nos ha dado, estará vencido desde antes de comenzar. Esto es lo que ha ocurrido con muchos cristianos que emprenden la batalla contra las fuerzas de las tinieblas sin la protección de su armadura espiritual. Este no es un llamado a la guerra, sino la declaración de una vida en victoria. Las instrucciones de Pablo para la iglesia de Éfeso y para nosotros en relación a la armadura, son claras y poderosas:“Por lo tanto, pónganse todas las piezas de la armadura de Dios para poder resistir al enemigo en el tiempo del mal. Así, después de la batalla, todavía seguirán de pie, firmes. Defiendan su posición, poniéndose el cinturón de la verdad y la coraza de la justicia de Dios. Pónganse como calzado la paz que proviene de la Buena Noticia a fin de estar completamente preparados. Además de todo eso, levanten el escudo de la fe para detener las flechas encendidas del diablo. Pónganse la salvación como casco y tomen la espada del Espíritu, la cual es la palabra de Dios. Oren en el Espíritu en todo momento y en toda ocasión. Manténganse alerta y sean persistentes en sus oraciones por todos los creyentes en todas partes” (Efesios 6:13–18).

El cinturón de la verdad

En los tiempos de Pablo, los soldados romanos llevaban puesta una faja de cuero alrededor de la cintura que les protegía el lomo y les permitía llevar armas. Los policías modernos también llevan pistolas o esposas en sus cinturones. El cinturón mantiene las armas en un lugar cercano al cuerpo. El cinturón puede ser asociado a la integridad, la honestidad y la verdad. Proclamar la verdad es proclamar La Palabra de Dios. Cuando usted la declara y confiesa, se coloca el cinturón de la verdad.

La coraza de justicia

Colocarnos la coraza de justicia es muy importante, ya que Satanás busca siempre atacar el corazón y la mente de los individuos. La justicia de Cristo en usted derrotará al enemigo vez tras vez. Este es uno de los atributos divinos que nos fue otorgado con la salvación. Su indignidad es cambiada por justicia. La coraza le da confianza y seguridad al proceso de santificación.

 

El calzado de la paz

La paz de Dios nos provee un piso sólido. Muchos cristianos carecen de paz, y piensan que eso forma parte de la cruz que deben cargar en la vida. Nadie es inmune a las pruebas y las tribulaciones. La oscuridad y el miedo nos atacan a todos por igual. Pero debemos ser cautelosos de no confesar o expresar todos nuestros miedos. El enemigo está pendiente de su confesión para poder tener así el derecho de atacarlo. Más bien, confiese La Palabra de Dios y no permita que la paz lo abandone. Tener paz mental en medio de los problemas es una de las mayores armas en la guerra espiritual. Es la actitud que usted debe tener. Dios ha prometido que jamás nos abandonará. Cristo nos ha dado su paz.

El escudo de la fe

Su fe es el escudo protector de los intensos dardos y asaltos del enemigo. El escudo es la omnipresencia soberana de Dios en su vida. Dios ha prometido: “Yo soy tu escudo, y tu galardón será sobremanera grande” (Génesis 15:1). Dios requiere que tengamos una comunión diaria con Él y con su Espíritu, y que dependamos de Él. Al igual que el alimento, Dios debe convertirse en su sustento diario y su misma vida. Levante el escudo de la fe cada día, confiese y declare su unión con Cristo. Él es su protección.

El casco de la salvación

El casco sirve para proteger la cabeza. En el versículo, el propósito del casco como parte de la armadura es proteger su mente de las mentiras del enemigo. Estamos en una guerra espiritual. Dios sabe que sin una protección constante de nuestros pensamientos podríamos terminar con lealtades divididas, y sabemos cuán aborrecible es eso para Él. La mente que está controlada por el Espíritu de Dios produce vida y paz: La mentalidad pecaminosa es muerte, mientras que la mentalidad que proviene del Espíritu es vida y paz. La mentalidad pecaminosa es enemiga de Dios, pues no se somete a la ley de Dios, ni es capaz de hacerlo” (Romanos 8:6–7). Mantenga lejos de su mente los pensamientos del diablo poniéndose en la mente de Cristo. Esto se logra mediante el estudio y meditación en su Palabra. Cristo es su salvación. ¡Este elemento de la armadura, el casco de la salvación, también es Cristo en usted!

 La espada del Espíritu

Tomar La Palabra de Dios es tomar el alimento espiritual. Sin ella estaríamos anémicos, débiles y sin fuerzas para levantar la espada del Espíritu y enfrentar al invasor. Sin espada no hay poder. Cuanto más reciba de La Palabra, más confianza y fuego tendrán sus huesos. La Palabra viva es un arma ofensiva. En el momento en que usted eleva la espada del Espíritu y pronuncia un texto de Las Escrituras ante una situación adversa, el enemigo tiene que sacar sus manos de donde las tiene metidas. Esta convicción requiere de valor y de práctica.

Háblele a su montaña. Declárele La Palabra a su enfermedad. Use cada día su espada, pero asegúrese de tener puestas todas las demás partes de la armadura. Su ser espiritual debe tener todo en orden y listo para la batalla. Es más fácil de lo que a usted le parece. Lo único necesario es la voluntad de entregarse completamente al Maestro. Vivir por fe y creer en Dios debe convertirse en su estilo de vida. Solo así usted disfrutará de paz y obtendrá la victoria en la vida. La Palabra de Dios sana y restaura a medida que va penetra y elimina todas las impurezas ocasionadas por las experiencias pasadas y las falsas doctrinas.

Es el Espíritu Santo el que hace uso de la espada. Sin Él, la espada no será efectiva. Debemos ser controlados por el Espíritu para ser efectivos en la batalla. Cuando usted usa correctamente la espada del Espíritu lo único que le queda a Satanás es retirarse.

Orar en el Espíritu

La oración es lo que mantiene a la armadura en su lugar. Si no oramos y nos comunicamos con el Padre terminaremos solitarios, separados de Él y de su amor. Mientras mantengamos una relación con Cristo, en conexión con el Espíritu Santo, vestidos con la armadura de Dios y comprometidos a llevar una vida de oración, seremos invencibles ante la vista del enemigo. Ninguna fuerza maligna podrá permanecer en nuestra misma atmósfera. La perseverancia en la oración lo ayudará a obtener la victoria sobre sus deseos carnales. Sin oraciones fervientes y constantes, usted no será capaz de ganar sus batallas. Las oraciones de una mujer o un hombre justo son poderosas y efectivas: “… oren unos por otros, para que sean sanados. La oración del justo es poderosa y eficaz”(Santiago 5:16). La oración poderosa hará que Dios cumpla su Palabra en su vida.

Dicho de una manera sencilla, la armadura descrita en Efesios 6 es Jesucristo en nosotros.

Por John e Iris Delgado
Tomado del libro: Destruya las obras del enemigo
Casa Creación

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